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Calor y hastío

Como todos los veranos, cada vez más insufribles, nos hemos recluido en casa, sorteando el bochorno épico a base de aire acondicionado y evitación de horas punta. Las obligaciones nuevas añaden más carga emocional, por eso, aunque vayamos a salir de vez en cuando, la cotidianidad todavía se siente incómoda.

Escribo poco. Pierdo fuelle por la complicación continuada de la búsqueda de editoriales. Somos demasiados los que escribimos. No hay lectores para tanta novedad, ni entre los grandes, y yo solo soy un pececillo de edad provecta. Sigo esperando respuesta de algún editor medianamente serio. Mientras tanto, mi quinto proyecto avanza despacito.

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Por fin la transición a canas

Me costó dejar el rojo, me encantaba, pero era una esclavitud teñir cada dos semanas. Y ya tenía demasiado resentido el cuero cabelludo.

En enero, nada más volver de Roma, cambié el rojo brillante por uno más parecido a mi color natural.

Luego, abandoné el tinte y dejé crecer las canas.

Las he estado disimulando con una esponja y polvitos oscuros que las tapan pero se van con un lavado. Fue largo, de febrero a junio. Y era un tostón hacerlo cada vez que tenía un asunto importante.

Pero finalmente, he hecho la transición. Esa soy yo ahora. Libre de ataduras. Feliz.

Gracias @laurafarinacentroavanzado por su excelente trabajo

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Junio ya

Poco que contar aquí porque la vida nos sigue arrastrando y no me alcanza el tiempo, no porque haya poca cosa que narrar.

No he perdido la esperanza de publicar, la editorial está sobrepasada de manuscritos, como yo imaginaba. Me va bien así, hasta que consigamos centrarnos mejor cómo van saliendo las cosas. Eso sí, se echan en falta las ferias de libros. De momento, no puedo con más.

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Penoso deber o incomodidad emocional

Ayer tuvimos que acudir al Departamento de Atención a las Víctimas de Terrorismo de esta Comunidad de Madrid. Solo un día antes nos habían citado a JC y a mí para que recogiésemos la Gran Cruz concedida a nuestro Rodrigo. Otra más a título póstumo.

Durante estos diecinueve años no se les había ocurrido, pero justo ahora, en tiempo electoral resulta que sí, aunque solo casualmente, claro.

Ni JC ni yo quisimos acudir al acto institucional, a mayor gloria de los políticos, que tuvo lugar hace unas semanas, huimos siempre de la utilización partidista. Pero no queríamos renunciar a lo simbólico de la distinción, así que nos acercamos para recogerla.

La Comisionada en persona nos la entregó, procurando ser empática y respetuosa, tras hablar un poco con nosotros en su despacho, discretamente. La conocí el verano pasado, en un acto de Memoria donde participé con mi testimonio. Pero aun así la cosa no fluyó lo suficiente.

Para nosotros estas cosas siempre son un mal trago, que soportamos porque es para y por la memoria de nuestro hijo. Y lo cierto es que ella intentó manejar el asunto lo mejor que pudo. Pero nosotros estuvimos tensos, deseosos de marchar cuanto antes. Y se notaba. Intentamos explicarle que nos incomodaba muchísimo la situación, pero no fuimos capaces de definirla.

Ahora sí, y le da título al post: era un penoso deber, una obligación moral rodeada de circunstancias que nos alteraban emocionalmente.

De hecho tuve un ataque de ansiedad poco después.

Pero, en fin, el trámite ya está resuelto.

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Normalidad relativa

La rodilla derecha de G va muy bien, se nota que ese menisco estaba menos dañado que el de la izquierda. Me han dado plaza en el curso de narrativa de la FCPJHierro, pero no ha salido el de italiano de la UC3M, tengo una presentación el próximo día 8 y más tarde, cuando G ya no nos necesite, saldremos unos días de escapada.

Eso es todo, de momento. Intento volver a empezar con ánimo, aunque en cuanto a mi B81 sigo bastante estancada. He decidido, no obstante, no agobiarme más. La publicación de B74 va, pero para más largo de lo que pensaba, así que no tengo prisa. Serenidad.

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18 veces 11-M en Atocha

Aunque sea el 18º aniversario no es fácil. Y menos este viernes lluviosísimo de viento frío. He estado incómoda en Atocha este año, con mucha gente alrededor a sus cosas, de charleta, que casi ni oíamos a los participantes, y un aire gélido que no nos daba tregua.

Fue más hermoso compartir luego comida con G y B, recordar anécdotas de Rodrigo y pensar en él.

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Nuevo reporte

Escribo de tarde en tarde, más que nada para no perder el hilo. Desde ayer llueve sin parar. Y un viento inclemente arranca las hermosas hojas que habían pintado el jardín con los tres colores otoñales. Se me cansan los ojos en el móvil, también en la tablet. Por eso he tenido que subir a la buhardilla, para redactar estas líneas en el ordenador. Y me pregunto si esto puede solucionarse con gafas o es que estoy empeorando con rapidez. Tengo consulta médica la próxima semana. Ya contaré.

Avanzo en mis tres cursos, con altibajos en todos. Ciertamente activan puntos distintos de mi corteza cerebral y además me divierto, así que objetivo conseguido. En algunos casos también me ayudan a re-establecer relaciones personales, asunto no baladí despues de tantos meses de aislamiento pandémico.

Lueve, llueve, llueve. Oigo las gotas golpear en el tejado, mientras también suenan las teclas de mi PC. Es agradable. No lo es tanto la bajada de temperaturas. Me abrigo con una sudadera. La verdad es que teníamos demasiado buen tiempo, pero ya llega el frío, como debe ser a finales de octubre.

Me siento dichosa y bendecida por disponer de tiempo, lucidez y enregía para actividades que durante mi vida laboral no pude permitirme. Me decía que las estaba postponiendo para más adelante, una arriesgada apuesta vital que, afortunadamente, incluso a pesar de mis dolencias visuales, ha resultado bien.

Por eso apunto este regalo de la vida con agradecimiento. Y sigo glosándola en estas entradas de blog.

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Alicante

Unos pocos días fuera sirven para desconectar. Muchísimo. Solo han sido cuatro, pero hemos vuelto a casa como si hubiéramos estado ausentes una quincena. Renovados. Así de subjetivo es a veces el sentido del tiempo.

Me gustó pasear las calles, el faro, los comercios, las playas y el puerto. Algo menos la panzada a limpiar que me di sin ton ni son. Después de muchos meses sin ir no me quedaba más remedio. Aunque, bien está. Hecho.

De nuevo en casa intento recuperar los proyectos creativos que dejé a medio gas. Mañana ya estaré al día. Un poco de presión entre ayer y hoy, pero ha merecido la pena.

JC ha vuelto al trabajo presencial. Le echo en falta, pero no me quejo. Los meses que pudimos compartir fueron estupendos. Que nos quiten lo bailao. Y nunca mejor dicho, porque en el confinamiento aprendimos un poco. Los pasos más sencillos del bolero.Y menudas risas mientras practicábamos. Eso se queda ya para nuestro haber personal.

Me voy a cocinar, que JC llega ya pronto y tengo clase en la FCPJH dentro de un rato. Hasta luego.

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Por qué ando un poco desaparecida

Después de un verano de ver mal de cerca y algo raro de lejos, por fin he conseguido ir al oftalmólogo y resulta que tengo cataratas. Como antes las tuvieron mi abuelo y mi madre. Qué horror de ruelta genética. Un asco.

La única solución es operar. Que sea antes o después depende de cómo evolucione. Pero el cansancio visual que me provoca es la causa de que no escriba por aquí, ni por otros medios, tanto como antes. Y desde luego, ya nunca desde el móvil o la tablet.

Me dicen que es un procedimiento habitual, ambulatorio, rápido y efectivo. Habrá que pasar por ello, qué remedio.

En cuanto a mis aficiones y el comienzo de curso, señalo que fui a la primera sesión del Taller de Poesía. Un presencial en la FCPJH muy bluf que espero, deseo muchísimo, que mejore. Ya veremos.

También hago constar que a finales de septiembre empecé el de teatro. Con la muerte de la tía Pepita no tuve ánimo para reseñarlo. Es en línea, con participantes silenciosos, profe novata y ejercicios muy poco prácticos. Intentaré aguantar hasta el final, aunque me temo que sabiendo que nunca será gran cosa, y que lo hago porque no hay mucho más donde elegir. Ojalá me equivoque.

El martes 5 voy a la biblioteca JLBorges a conocer en persona a todos los que apenas entreví por Zoom el curso pasado. Y a comenzar con ellos el Club de Lectura de este año. Contaré. Tampoco me hago grandes ilusiones.

Esa misma tarde, los de teatro tendremos videoconferencia para ponernos cara unos a otros. Andan emocionados, dicen, por la posibilidad. Es para lo único que participan. Yo, no tanto. Me fío más bien poquito de que la cosa vaya a mejor.

El miércoles coincidiré de nuevo con A en Proyectos Narrativos y mi B81. La novela alzanza las 40.000 palabras, y me vendrían bien compañeros de fatigas. Quiénes compartan ese breve espacio es una lotería. Siento que tengo que apostar por que vaya bien, como en los otros, pero solo puedo cruzar los dedos y esperar que la diosa Fortuna reparta la suerte necesaria.

Finalmente, apunto también una decisión que muchos podrían tachar de locura: dije que no a una editorial nueva que me proponía sacar B72 para esta campaña navideña. Me pareció precipitado. Eso, además, de que eran tan nuevos y se les notaba tan insistentes que quizás fuese coedición medio encubierta.

El caso es que todavía creo que puedo seguir promocionando NINA. Incluso el libro de Rodrigo. Además de que no me parece sensato abusar de nuevo de mis conocidos para que compren un nuevo título con tan pocos meses de diferencia.

Bien, esto es todo. Ya está el resumen de los últimos días terminado. Hasta la próxima 😉

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Días de extraña calificación

Me siento culpable de no aprovechar las horas, de no saber muy bien cómo se me escapa el tiempo, de no disfrutarlo. Es que no me cunde nada. Pero cuando me paro revisar el asunto con calma, debo admitir que están pasando muchas cosas que me sacan de la rutina. Y que mi productividad surge siempre de un trabajo metódico y un ambiente sereno que últimamente no consigo. Es necesario que reflexione sobre lo que está sucediendo a mi alrededor para ponerme en situación:

A ver. Lo primero reseñable y estresante fue el contrato con Valhalla. Le estuve dando vueltas unos cuantos días. Ya está resuelto, pero ha sido este mismo lunes. Y no cabe duda de que me ha sacado de mi ritmo habitual. Además, me ha dejado una semilla de desasosiego para más adelante. «Yo creo que para diciembre os podemos anunciar ya, antes de que comiencen las fiestas navideñas. Y en enero ya nos ponemos con los diseños de portadas, etc…» me escribió el editor. A ver cómo va. Siento emoción y ganas de que llegue este nuevo regalo de la vida. Pero a la vez un cierto respeto, una nueva responsabilidad sobre los hombros. Voy a hacer todo lo posible para promocionar la novela, pero estos tiempos no son muy propicios, ¿qué tal saldrán las cosas?

Señalo también, segundo apunte, el resfriado raruno. Ya no me da la lata, menos mal, pero tanto cansancio combinado con estrés, (una extraña y agotadora mixtura de la que espero salir ya pronto), me tienen exhausta. No es la mejor condición física para esta suma de circunstancias.

El tercer puesto, por orden cronológico, pero no de menos relieve, fue la emisión de Radio Gaga sobre el 11M. Tuvo lugar el jueves 26 a las 22:00, aunque acabamos de saber que se repitió anoche otra vez. JC y yo no hemos visto el programa y aún así los comentarios a nuestro alrededor, también emocionantes, han aumentado nuestra ansiedad y nuestro desconcierto. Esta, como la de Belfast, o las entrevistas por el libro, son experiencias a las que me someto por la memoria de Rodrigo, que me incomodan siempre, que soporto porque condidero necesarias. En el proceso siempre me afectan emocionalmente y cuando estoy en plena situación me arrepiento mucho de meterme en esos charcos. Luego, pasado el agobio, comprendo que son buenas decisiones, que sirven para ese propósito de recuerdo y reivindicación. Pero suponen un fuerte desgaste.

El cuarto lugar es para la jornada de arreglos domésticos que sufrimos durante todo el viernes. De 8:00 a 17:00 fuimos nuevamente invadidos por tres operarios que revisaban y terminaban los retoques últimos de la obra del tejado que nos hicieron en julio. Tenían prisas por irse de vacaciones de verano en aquella ocasión y dejaron para el otoño, (septiembre supuestamente), estos flecos. Hubo que proteger suelos y muebles previamente. (JC hizo un trabajo metódico que le agradezco muchísimo). Y hubo que retirarlos luego y limpiar todo de nuevo, después. (Aquí colaboramos JC y yo, aunque él se encarga siempre de lo más duro, es un encanto). Lo bueno fue que terminaron en el día, (en principio nos anunciaron que necesitaban dos) y pudimos irnos a dormir con la casa ya en condiciones aceptables.

Por si fuera poco, quinto estresor, los vecinos del 7 emprendieron una obra ayer sábado, el día siguiente. Sin que pudiéramos terminar nuestras limpiezas exteriores, se pusieron a cortar con radiales y a picar con martillo neumático en su patio, (justo una medianera de nuestro jardín). Excepto retirar los posibles restos de cemento del techo acristalado del porche, (que JC hizo ya casi de noche, cuando no incomodaba a nadie), todas las demás operaciones limpiadoras de la susodicha zona quedan suspendidas hasta que la obra termine.

Esa es otra que, finalmente acaba medio bien, pero muestra dos formas totalmente distintas de afrontar los escasos cien metros cuadrados de terreno vallado de los que dispone cada casa en esta urbanización. Nosotros tenemos césped, árboles y yedra en las vallas, nos encanta la vegetación y las sensaciones de pequeño jardín, de pedacito de naturaleza. Ellos pusieron losa en dos tercios y dejaron el resto para unas plantas que no pudieron, quisieron o supieron cuidar y que ahora retiran. Tienen una fobia rara a «los bichos», lo que quiera que sea que ellos consideran tales. Por eso, su obra nueva es rehacer como solado toda la superficie y cambiar el vallado de malla metálica por paredes de prefabricados de hormigón y chapa galvanizada. Nos propusieron eliminar la malla y la yedra, pero no nos gustaba nada la propuesta. Eso dejaría nuestro jardín hecho un horror. Así que, final y amablemente, han decidido levantar la valla de prefabricados por su lado, respetar lo que hay al fondo y compartir valla de prefabricados con A y C, los vecinos del 9, que sí han retirado el mallazo al efecto.

Supongo que de estas aventuras vecinales seguirá habiendo más entregas. No he escrito ni una línea desde el miércoles, pero hoy me he explayado a gusto, por todos los días que no lo hice, jopletas, qué barbaridad. Y aún me faltan algunas reflexiones sobre cotidianidades como lecturas, cursos y paseos, que tengo que dejar, obviamente, para otras entradas. Hasta entonces.

Publicado en 11-M, conspiranoia, defendiendo lo público, desfachatez, personal

Monotonía y enfado vitales

Seguimos confinados perimetralmente, cosa que viene a decir que no podemos salir por ocio de nuestra ciudad. En ese sentido y por nuestra parte no hay problema. La presidenta de nuestra comunidad de Madrid tensó el enfrentamiento con el Gobierno hasta el límite, así que ahora tenemos un estado de alarma impuesto por el ejecutivo, solo para mantener las mismas restricciones de antes, pero con seguridad jurídica. Esa impresentable sigue usándonos a los madrileños como rehenes para sus jueguecitos de propaganda goebbeliana. Aquí no hay medidas suficientes de rastreo, ni mejora de la sanidad pública, que se quiere dejar morir. La gente se hace seguros médicos privados, los que pueden, por el procedimiento de urgencia absoluta. Esta pandemia está ayudando a todo trapo en su empeño privatizador. No quiero pensar cuántos muertos habría si el virus fuera más letal. Realmente lo único que les importa es el poder.

El poder que tiene lo usan para exigir el que han perdido, no para servir al ciudadano. Sin tapujos muestran su inhumanidad y la utilización torticera de todo, víctimas incluidas. O posibles víctimas. Lo mismo que nos hicieron a los que el 11 de marzo nos rompió la vida. No hace falta buscar más pruebas, las muestran ellos. Continuamente. Sin pudor. Sin vergüenza. Coreados por fanáticos que les aplauden todas sus fechorías. MALDITOS SEAN.