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Preventa acabada

Con otros libros de la editorial

El martes tuve mi presentación online y se acabó la preventa. El mismo martes acabé las dedicatorias y el jueves se llevaron los libros los de Correos Express. En teoría debieran haberlo hecho el miércoles, pero no acudieron. Esta oficina va sobrepasada. Los pobres tienen poquito personal.

Supongo que llegaría el viernes a la editorial, aunque vaya ud a saber. Puede que no sea hasta hoy. O el lunes, si no hacen reparto los sábados. Lo de Express es una intención más que una realidad. Pero, en todo caso, la próxima semana mis amigos y lectores la tendrán ya en sus manos.

Amigos, más bien.

Revisadas las listas de compradores, todos son gente cercana. Menos otra autora de la editorial, sé quiénes son todos y cada uno. Excepto una C de última hora, que quizás sea la mujer de M, de Asturias. Los demás son mi círculo.

Espero colocar alguno más entre mis compañeros. Mañana, en la asamblea, no creo que gran cosa, excepto darle la reservada a A en mano. Pero en la jubilación del día 22 ya tengo cinco comprometidos.

Ahora lo que me agobia es que no les guste. Desilusionarlos.

Y escribo. He vuelto a sentir el empuje, después de un tiempo encallada. Y de haberle dado un par de vueltas al punto de vista y al narrador. Con 19.000 palabras, empiezo el segundo día de tempo interno. Contenta porque no se me diluye el tono social, expectante por ver cómo encajará lo más detectivesco.

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Con los libros en casa

Llegaron las novelas en cuatro cajas. Voy redactando dedicatorias, quedo con unos y otros para entregar el libro en mano a los que así lo eligieron. Así llevo desde el cumpleaños de Rodrigo, que me hizo ese regalo al estilo hobbit. Y no me quejo. Es una experiencia curiosa. Por supuesto, también interesante.

Mando por WhatsApp un último llamado a la compra de Nina, porque solo quedan cinco días de preventa. La editorial me envía la lista de los compradores. Y me sorprende leer nombres de antiguos compañeros. Y también la ausencia de algunos que creí que participarían pero no están. Y que me duele que falten.

Varios han respondido que se habían despistado y que agradecen el recordatorio. Otros me desean suerte como fórmula de negativa cortés. Y yo no quiero spamearles más. Cinco amables mujeres del grupo de escritura de la FCPJH, a las que conozco de pocos meses, se sumaron a la causa. Uno del Taller de Personajes. Nadie del de lectura de la Biblioteca. Al final responden aquellos con los que se tiene el contacto más cercano, qué curioso.

Veo pocos amigos de Asturias y solo uno del instituto, aunque habían mostrado interés previo. Supongo, quiero suponer, que esperan a que se los lleve en persona, que prefieren la librería de la esquina, que hacen pereza… La vida del escritor es así. Y yo ni siquiera llego a ser escritora del todo. Me siento como una vendedora de crecepelos, o de fasciculos. Ardua tarea. Y de pronto sé que cada título será más difícil de vender que el anterior. Si es que consigo publicarlos, que esa es otra. Menos mal que no he de vivir de ello.

En medio, todavía, de restricciones de aforo, tengo una humilde presentación on-line. Será a través de Instagram, ni siquiera un Zoom. El próximo martes, justo el último día de preventa. En las que he estado nunca ha habido demasiada gente. No creo que haya tampoco en la mía. La capacidad de publicidad y de distribución de la editorial es muy pequeña. Como imaginaba, se nutre de los amigos, conocidos y familiares que cada autor puede movilizar. Un par de instagramers y dos bloggeras no son tampoco grandes altavoces de los títulos.

A ver si la siguiente autora es algo mejor, porque lo visto hasta el momento me hace sentir fuera de lugar. Qué pinto yo aquí, con mis años y mi técnica. En las dos últimas pasé vergüenza ajena, y comprendí que yo no encajaba, que estoy a años luz de los dos caballeros escritores con los que comparto esta segunda tanda de títulos. En demasiadas cosas.

Y cuento, también, que me quedé perpleja cuando el editor, en confianza y en privado, me agradeció el trato cortés y la profesionalidad. Pero, entonces, ¿cómo se habían comportado los otros? ¿Quizá me equivoqué al firmar con esta editorial incipiente?

En fin, me digo. Es pequeña, sencilla, poca cosa, vale. Pero es lo que pude encontrar. Tampoco yo soy la nueva Isabel Allende. Otros se conformarían aun con menos. Cualquiera de los amigos y compañeros escritores que he ido haciendo en los últimos años. Y, desde luego, ni se me sube el pavo, ni me creo superior, ni menos aún se me ocurre que pueda yo convertirme en una bestseller. A mi edad. En mis circunstancias…

Hago estos pinitos y punto.

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En impresión

Cerré la semana con la noticia de que la novela estaba ya produciéndose. En breve la tendré entre las manos. Me muevo entre la alegría, el estupor y la responsabilidad.

Anoche me comunique con C, alumna excelente, en segundo de Medicina, que la ha comprado. De mi última promoción. También sé de otros amigos que no han podido, por múltiples razones. Por ejemplo, mis queridos amigos Escribidores que viven fuera de España.

Espero que el otoño permita regresar a las presentaciones. Para este título y para el libro de Rodrigo. Ay, ojalá.

Mientras tanto, el canal alcanza los 319 suscriptores y he remozado B72 y lo envié a un concurso. El Taller de Personajes me está resultando muy entretenido. No solo me anima, también me empuja con B81. Y me ha dado la clave de los últimos matices técnicos respecto al punto de vista de ambos. Arriesgado, pero interesante si se consigue hacer bien, creo que más que la equisciencia, me viene bien una tercera persona omnisciente que se tiñe con estilos indirectos libres. Ahí está mi estilo. Por él apuesto. A ver si funciona.

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Leyendo títulos de la editorial

Estar entre los primeros manuscritos de una editorial que empieza supone varios riesgos.

El primero es no saber las calidades físicas de los libros (papel, portada, cubiertas, edición del texto). El segundo, desconocer la valía literaria de las historias que publica (tema, estructura, corrección ortotipográfica, interés, estilo…). El tercero tiene que ver con la mejor o peor distribución. El cuarto, por último, referente al vil metal, consiste en no poder hacerse una idea de los precios de venta al público .

Pedí los cinco primeros títulos para evaluar esos asuntos. Ya he leído dos. JC está leyendo otro. Terminaré por hacerlo con todos. Y he sacado mis propias conclusiones. Vamos allá.

En cuanto a la calidad física no me puedo quejar. El gramaje del papel, las portadas y las cubiertas son muy buenas. Profesionales. He visto solo una errata, la maquetación está no solo muy cuidada (también es profesional), sino que busca elementos especiales que la hacen hermosa. A cambio, sí he hallado errores de estilo, circunscritos a los conocimientos de cada autor, porque la empresa no hace corrección ortotipográfica. Uno de los que ya he leído no sabe poner tildes en las interrogativas indirectas, por ejemplo. Menos mal que se lo he pillado en unas pocas ocasiones. Y, en general, lo de las cacofónicas rimas internas se les escapa a todos 🙁 También se nota cierta bisoñez vital, lógico, dadas las edades de los autores (las de mis hijos y aún más jóvenes).

Como es lógico, cada autor tiene su sello. Uno es muy locuaz y le sobra un largo porcentaje de parrafadas, otro es algo simplista, pero en conjunto cada manuscrito tiene algún valor que a la editorial le ha parecido suficiente para lanzarse. No sé si irá volviéndose más selectiva a medida que tenga más textos y de mayor calidad para elegir. No me extrañaría, aumenta el número de seguidores y está cerrando contratos para 2022. En la primera tanda parece haberse decidido por temáticas muy distintas, por eso de abrir el espectro. Tengo que seguir con los otros libros para alcanzar una perspectiva más completa. También, incluso, con los de mi segunda tanda.

Todo lo que leí u ojeé por encima utiliza una tercera persona omnisciente y narra de forma lineal. Creo que uno de ellos prefirió la primera persona, aunque cambia el foco y lo hace desde las cuatro perspectivas de cuatro protagonistas diferentes. Y lo veo vendiéndolo como gran logro técnico. Qué ternurita. Seguiré contando cuando sepa algo más.

La distribución brilla por su ausencia, al menos de momento no los veo en Amazon, ni el LCdL, la FNAC, o el Corte Inglés… Solo en dos o tres librerías. Me temo que aunque sea profesional (Azeta), va bajo demanda. Los precios, a cambio, son competitivos y acertados.

Entiendo que con la preventa pretenden invertir con cierta seguridad, y con la distribución no tener ninguna sangría. Sigo creyendo, entonces, que es editorial tradicional porque corre con todos los gastos, pero que los tiene tan medidos que en publicidad y distribución se asemeja a las de co- y auto- edición.

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Mi novela NINA en preventa

Ya estamos en ello, en esa preventa con que la editorial se cubre las espaldas y, a la vez, explora las posibilidades de cada manuscrito editado. Espero no ir mal. Los amigos y la familia se portan, qué majos. Ya veremos cuánto da de sí este sistema. Tampoco es que me vayan a poner en la cúspide de nada, pobres de nosotros. Eso solo pueden hacerlo las muy grandes editoras. Yo me conformo con haber pasado el filtro de dos y con seguir escribiendo.

He enviado B72 a un concurso. Sigo trabajando B81. Mi canal de Sintaxis ronda los 300 suscriptores. No me puedo quejar. Y hoy, por fin, han citado a JC para la vacuna, en el Wanda 🙂

Seguimos. La derechona mentirosa y corrupta ha ganado las elecciones que convocó a su conveniencia. Más leña al fuego. Son los dos años que ya tenían, pero ahora con más facilidades de movimiento para seguir desmantelando lo público con su trumpismo vergonzante. Seguimos, sí. Como podemos.

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Más galeradas y más correcciones

Esta vez he imprimido la maqueta del manuscrito. No solo es que se ve precioso y me ilusiona, es que en papel se lee mejor. Ha sido buena idea.

Lo sorprendente es que hace dos meses lo creía limpio y correcto, pero no. He vuelto a encontrar repeticiones y cacofonías. Incluso he dejado otras por imposibles. Me siento frustrada, inmersa en una tarea irrealizable.

En febrero llegué a sentir impotencia y que no era capaz de darle otra vuelta al manuscrito. Creo que porque en pantalla resulta más agobiante. Ahora mismo sí veo posible hacerle nuevas rondas. Me abruma menos. Me parece más manejable en su conjunto. Habrá que darle tiempo, sin embargo, para que no me sature. Según me dijo el editor, tengo todo abril. Debo ir con prudencia, porque esta es ya la definitiva.

Luego me asalta la duda de hasta dónde llegaré con esta editorial, que hace preventas como primera medida empresarial. No se me escapa que es una forma de arriesgar poco en los títulos. Apenas los anticipos a la imprenta, porque enseguida les llegarán los ingresos de los compradores para pagar el gasto restante.

Solo están un pasito más allá de la coedición: no piden dinero a los autores, pero se lo sacan a los amigos y familiares. Andan muy cerca de los que hacen un crowfunding. Estos solo llegan a imprimir si se alcanza una cantidad mínima. En teoría, porque pueden tardar meses, que es lo que sucede con el libro de PM. Si es que finalmente lo imprimen y no dan la campanada y se piran sin haberlo sacado. Pero esa es otra historia.

Mi editorial tiene gente ya con experiencia. Y supone que venderá su primera y brevísima edición entre los contactos de cada autor. Solo ahí arriesga un pelín, podrían no vender todas las tiradas. Y por eso necesita muchos títulos. Porque, con el mismo esfuerzo económico, hay más posibilidades de que unos sujeten a otros. Porque es menos riesgo varios poquitos, que grandes tiradas de pocos títulos.

Una de las novelas se ha agotado en preventa. Señal de que no han encargado muchas. Ahí está la prueba.

No me quejo, solamente reflexiono. Las cubiertas y la edición parecen majas. Aunque el pobre F se lo tiene que currar él solito: portadas, maquetación de texto y correcciones (únicamente las que le indicamos los autores, no tienen ese servicio, y tampoco él es un experto en esa materia). También lleva las presentaciones on-line y no sé si las preventas.

¿Es el único empleado? Dice que están pendientes de ampliar y que será el coordinador cuando lo hagan, pero, ¿cuándo? Quizá esperan a los primeros beneficios. Por lo que cuenta, me parece que va a gestionar, también, las firmas y los envíos, porque la segunda tanda, que pensé que sería ya, de inmediato, me comentó ayer que la calcula para primeros de mayo. Vamos, que necesita ese tiempo intermedio para sacarlo todo adelante. Y a la vez, va organizando y presentando una tercera tanda, que, a este ritmo, será la del otoño, entiendo.

No da margen para otra cosa. Ediciones cortas, no creo que de más de 75 o 100 ejemplares, para la preventa. Y, luego, a demanda, seguramente. Por lo que distribución, poca, poquísima. No muy allá, me temo. Eso es caro.

La primera tanda está a punto de terminar esas preventas, estaré pendiente de ello, a ver qué tal se ven los autores y sus títulos. Ahora mismo, en las redes, nada. La proyección que hayan conseguido por su cuenta. Pero eso no es verdadera distribución, como la que yo he experimentado con el libro de Rodrigo, viendo el título en miles de librerías y distribuidoras.

En fin. Es lo que hay. Mi compañero G también saca libro, sesudo y de investigación, y solo lo distribuyen dos librerías, una en Salamanca y otra en Valladolid. Estamos en las mismas. No están los hornos editoriales para bollos muy exóticos. Por lo que parece.

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Finalista en concurso

Bueno, ahí está la prueba visual. Mi primera novela, finalista en un concurso.

Poco más que esto puedo contar. Ni se me sube el pavo, ni me creo nada del otro mundo. Un poco de trabajo y otro tanto de suerte.

Nunca sabré si habría ganado. No creo. Estoy contenta con la oportunidad que me da otra editorial, sin concurso, que directamente me publica: Valhalla. Dos sellos ya, si cuento también Urano, con reminiscencias al universo. Como si Rodrigo me sonriese entre las nubes.

Sé que mi libro será modesto; pero, también, que se va a hacer con dedicación plena. Con editores jóvenes y animosos. Con cariño. Con ganas.

Pacece un sueño: mi querida Nina, un personaje que salió de mi imaginación, al alcance de todos.

La tareas de maquetado empezarán en enero. Mientras llegan, sigo escribiendo. Y haciendo vídeos. Y leyendo. Y con mis dos talleres.

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Alea jacta est

Me decidí por fin, firmé el contrato y lo envié. Enseguida me contestó mi editor, dándome la bienvenida. Anunciarán mi novela en diciembre, empezaremos a trabajar portada y maquetación en enero y después, saldrá. Así de sencillo parece.

Escribieron, también, los de Radio Gaga. El programa que grabamos en junio saldrá este jueves 29. No tenemos contratada la televisión por cable, no sé cómo haremos. Además me da mucho pudor verme en pantalla, así que no sé cómo me las voy a apañar. Iré contando.

Tuve anoche mi primera clase presencial en la FCPJH. Me pareció poco participativa, pero interesante. Habrá que darle tiempo al tiempo, pero ya tengo claro que no va a acompañar mis tareas escribidoras demasiado de cerca. Sin embargo, lo que ayer hablamos fue útil. Algo desordenado, me temo. Y la próxima sesión, por Zoom, de meros oyentes, volverá a ser un poco frustrante. Los del grupo A, que la experimentaron por primera vez, también se mostraban incómodos por el audio. Otra cosa que debo seguir comprobando para tener una opinión completa.

Leo Matar un ruiseñor, para el Club de Lectura. También me toca la Crónica de una muerte anunciada para el Taller. Bien. Me gusta cómo empiezan el trimestre y las actividades elegidas.

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Pensando

Llueve. He vuelto a dormir poco. Tengo una mañana ocupada con peluquería, compra y una visita al instituto para colaborar en la jubilación de Manuela. Pero, sobre todo, ando meditabunda desde que hablé con el editor y me envió el contrato.

En vez de ir dando saltos de alegría, estoy tentándome la ropa.

La conversación ( y la foto del whatsapp) me mostraron a un editor joven, que decía tener experiencia, y que andaba sobrecargado de trabajo siguiendo a distancia (él en Benicásim, ella en Torrelavega) las indicaciones de la editora jefa, la que contrata y firma. Muy charlatán, algo nervioso, me explicó las fases del proceso que seguirá la edición del libro como se hace con novatos, aunque yo no lo sea. Se dice mi editor, pero no ha leído todavía mi texto, porque no se encarga de la selección. Asegura, eso sí, claro, que lo hará más adelante. Y que anda un poco sobrepasado porque ha asumido el trabajo de otra compañera (creativa, portadista) que ha dejado el proyecto. (Al parecer porque le gusta más lo artístico y menos la edición. ¿O será que huye por otras razones?). Deduzco por sus palabras que la editorial, entonces, está remodelándose según necesita, que esos cambios le sorprenden y que, claramente, no participa en esa toma de decisiones. O sea, que es un empleado, o un freelance que cobra por trabajo hecho, ¿también un comercial? no sé. Y, en su simplismo, me comentó los cambios a mí. Que lo hiciera con tanta franqueza ¿se produjo porque no tenía aviesas intenciones que ocultar, o es un defecto producido por su habla nerviosa?

Comprendo bien que firmar ese contrato es una apuesta, un salto en el vacío creyendo en la solvencia y honestidad de esa ¿empresa?, más bien de esos editores. O editora, porque el contrato es con ella. Y como empieza de cero, no puedo comprobar calidades y precios de sus libros. Tampoco puedo saber, en estos estados tan iniciales, si es un proyecto por el que van a pelear (y podría, entonces, ser parte de algo bonito y con futuro), o un intento chapucilla de hacer un dinero y luego salir corriendo dejando pufos e impagados.

Consultaré el contrato con expertos por si ven más que yo. Desde luego no parece de coedición, pero puede que simplemente hagan edición a demanda. Vamos, que apenas impriman los ejemplares que se les pida para cada presentación, arriesgando así lo mínimo. Su capacidad de comercialización y distribución no la conozco. Me temo que no será gran cosa, pero se atreven a editar cinco a la vez ahora, este trimestre, y otros cuantos más en 2021. ¿No se necesita una inversión inicial grande para tantos títulos? ¿Hacen tantos libros juntos otras editoriales independientes?

Por otra parte, reflexiono, apostar por varios libros en lugar de uno, cuidando al máximo la cantidad impresa, parece comprensible en una editorial que está empezando y no quiere pillarse los dedos. Supongo que es mejor tener varias opciones, pero para poder permitírselo necesitan tener muy controlado el número de copias.

Sabiendo cómo son los contratos de coedición, compruebo que este no cita nunca ejemplares que yo deba adquirir. Pero hay una cláusula sobre los que dejan en depósito al autor, que debe devolver o pagar al completo, y que se le parece un poco. Me doy cuenta de que también podría ser una salvaguarda legal. Así que solo me queda comprobar cómo se devuelven. O si, simplemente, se puede no pedir libros en depósito.

Me mosquea también la cláusula de las regalías. Dice que serán anuales (esto es lo corriente) pero que el autor debe solicitarlas, ( y esto es lo extraño). Se trata de un redactado raruno, que me recuerda excesivamente los de coedición que he llegado a leer. ¿Es lo normal o tiene trampa? Necesito que alguien con experiencia me diga si es un contrato estándar o una chufa en esos dos puntos fundamentales.

Concluyo mis meditaciones: si no hay pufo legal, si son serios, pequeños pero honrados, no me importa su humilde capacidad de divulgación. No busco dinero. Por supuesto que para hacer yo casi todo el trabajo de presentaciones la autopublicación da más pasta, pero solo pretendo que haya un sello de auténtica editorial detrás. El quid de la cuestión es ¿hasta qué punto se trata de una «editorial tradicional» ?

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El asunto literario sigue su curso

El martes 6 recibí un email en el que un editor decía estar «interesado en mi novela» y me rogaba que rellenase un cuestionario. El jueves 15 me ha vuelto a escribir para concertar una cita telefónica, porque «han considerado mi texto publicable y hay muchas papeletas de que finalmente lo sea.» Hemos quedado para el lunes 19.

Parece que la cosa va. Aunque todavía puede quedar en nada, me emociona mucho saber que lo que escribo llega a interesarle a alguien. Lo suficiente, además, como para publicarlo. Si finalmente no saliera, al menos me quedo con ese espaldarazo emocional, que me ayuda no solo a seguir escribiendo, sino a enviar mis textos como propuestas editoriales. Porque dejarlos pudrirse de aburrimiento en un archivo del PC no puede ser ya nunca más una opción. Si no sale con esta editorial, hay otras. Si no es en 2020 será en 2021. Hay que intentarlo.

Hago constar, además, que no solo voy a luchar por Nina, mi primera novela. Es que sigo cuidando del libro de Rodrigo y que tengo una segunda novela terminada que defender.

Ese segundo texto fue el que acabé en junio y de momento, se halla en hibernación, pues lo envié a un concurso de los que exigen total exclusividad. Yo me temo mucho que es de los amañados, pero me hacía ilusión participar. Y ya que la pandemia les obligaba a recibir los manuscritos on-line, fui yo y me di el lujo. En otras circunstancias el gasto en copias y en correo para que ni se lo mirasen, no me lo habría planteado. De esa manera, podré presumir ante mis nietos (si es que alguna vez los tengo) de mi participación. Una experiencia intensa en medio de esta adocenante crisis de contactos sociales no viene mal, ¿verdad?