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Alicante

Unos pocos días fuera sirven para desconectar. Muchísimo. Solo han sido cuatro, pero hemos vuelto a casa como si hubiéramos estado ausentes una quincena. Renovados. Así de subjetivo es a veces el sentido del tiempo.

Me gustó pasear las calles, el faro, los comercios, las playas y el puerto. Algo menos la panzada a limpiar que me di sin ton ni son. Después de muchos meses sin ir no me quedaba más remedio. Aunque, bien está. Hecho.

De nuevo en casa intento recuperar los proyectos creativos que dejé a medio gas. Mañana ya estaré al día. Un poco de presión entre ayer y hoy, pero ha merecido la pena.

JC ha vuelto al trabajo presencial. Le echo en falta, pero no me quejo. Los meses que pudimos compartir fueron estupendos. Que nos quiten lo bailao. Y nunca mejor dicho, porque en el confinamiento aprendimos un poco. Los pasos más sencillos del bolero.Y menudas risas mientras practicábamos. Eso se queda ya para nuestro haber personal.

Me voy a cocinar, que JC llega ya pronto y tengo clase en la FCPJH dentro de un rato. Hasta luego.

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Ojos

La segunda opinión de un segundo médico me ha dejado desconcertada.

El primero, muy joven, con menos experiencia clínica y más de publicaciones, me recomienda operar.

La segunda, bregada en sanidad pública además de privada, de cuarenta y tantos, me recomienda esperar.
Dice que soy muy joven, que no tengo demasiada afectación y que mejor comprobar si el mal crece deprisa o despacio.
Me fío más de la segunda, que me recomendó mi médico de familia. El de siempre, al que conocemos desde hace 30 años. A él le operó y todo fue muy bien.

Pensé que me ofrecería lo mismo, pero no. La doctora opina que yo soy mucho más joven, que mi proceso es lento, y que no voy a necesitar operación en años.

A no ser, me explicó, que lo que quiera es operarme para no tener que usar gafas.
Y no es mi caso.

Me voy a dar un margen, con nuevas graduaciones . Curiosamente ha bajado la miopía.
Y en unos meses compruebo la evolución y decido.

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Vida

La reforma de G ha terminado. Ahora les toca ir rematando detalles, limpieza, esas minucias incómodas. Pero ha quedado bien, que es lo importante.

El teatro y la poesía siguen reguleras. El Taller de Proyectos pinta fenomenal. Hoy veo a otra oftalmóloga, por tener una segunda opinión, y poco más puedo ir contando. Que escribir tres géneros me descolocaría un poco ya lo imaginaba. Voy a seguir cuanto pueda. Creo que me esponja al ánimo y la creatividad. En lo que al Club de Lectura se refiere, corroboro que el que lo lleva es de una desfachatez homérica. Impone que compremos su segunda novela (tampoco es que sea un autor despampanante). Conmigo va de cráneo. Menudo jeta.

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Por qué ando un poco desaparecida

Después de un verano de ver mal de cerca y algo raro de lejos, por fin he conseguido ir al oftalmólogo y resulta que tengo cataratas. Como antes las tuvieron mi abuelo y mi madre. Qué horror de ruelta genética. Un asco.

La única solución es operar. Que sea antes o después depende de cómo evolucione. Pero el cansancio visual que me provoca es la causa de que no escriba por aquí, ni por otros medios, tanto como antes. Y desde luego, ya nunca desde el móvil o la tablet.

Me dicen que es un procedimiento habitual, ambulatorio, rápido y efectivo. Habrá que pasar por ello, qué remedio.

En cuanto a mis aficiones y el comienzo de curso, señalo que fui a la primera sesión del Taller de Poesía. Un presencial en la FCPJH muy bluf que espero, deseo muchísimo, que mejore. Ya veremos.

También hago constar que a finales de septiembre empecé el de teatro. Con la muerte de la tía Pepita no tuve ánimo para reseñarlo. Es en línea, con participantes silenciosos, profe novata y ejercicios muy poco prácticos. Intentaré aguantar hasta el final, aunque me temo que sabiendo que nunca será gran cosa, y que lo hago porque no hay mucho más donde elegir. Ojalá me equivoque.

El martes 5 voy a la biblioteca JLBorges a conocer en persona a todos los que apenas entreví por Zoom el curso pasado. Y a comenzar con ellos el Club de Lectura de este año. Contaré. Tampoco me hago grandes ilusiones.

Esa misma tarde, los de teatro tendremos videoconferencia para ponernos cara unos a otros. Andan emocionados, dicen, por la posibilidad. Es para lo único que participan. Yo, no tanto. Me fío más bien poquito de que la cosa vaya a mejor.

El miércoles coincidiré de nuevo con A en Proyectos Narrativos y mi B81. La novela alzanza las 40.000 palabras, y me vendrían bien compañeros de fatigas. Quiénes compartan ese breve espacio es una lotería. Siento que tengo que apostar por que vaya bien, como en los otros, pero solo puedo cruzar los dedos y esperar que la diosa Fortuna reparta la suerte necesaria.

Finalmente, apunto también una decisión que muchos podrían tachar de locura: dije que no a una editorial nueva que me proponía sacar B72 para esta campaña navideña. Me pareció precipitado. Eso, además, de que eran tan nuevos y se les notaba tan insistentes que quizás fuese coedición medio encubierta.

El caso es que todavía creo que puedo seguir promocionando NINA. Incluso el libro de Rodrigo. Además de que no me parece sensato abusar de nuevo de mis conocidos para que compren un nuevo título con tan pocos meses de diferencia.

Bien, esto es todo. Ya está el resumen de los últimos días terminado. Hasta la próxima 😉

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Tía Pepita

Se nos fue en un suspiro. El miércoles 22, a un paso del 25, que es el aniversario de mi padre y su hermano.

No la veíamos mucho, pero desconcierta saber que ya no está ahí, en la sierra, cuidando de sus compañeras, paseando los caminos de Santa Mónica.

Que volvamos a encontrarnos.

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15 de septiembre

Hoy empiezo el curso de escritura teatral que no salió en el verano. Parece que por fin sumamos alumnos suficientes. Es en línea y a distancia, algo frío, después haber probado las videoconferencias. Pero es.

Siguen adecuadamente la reforma y la convivencia renovada con G. Da pena ver la casa tan sucia y desmontada, pero así son las obras. Y no queda otra que hacerlas.

Escribo. Salgo poco. En breve procuraré relanzar la novela. A ver si salen cositas.

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Septiembre 2021

Llevamos tres días de obra y seis de septiembre con G haciéndonos compañía. Acabo de inscribirme en un curso de poesía y un club de lectura. Y como tengo otra reserva hecha desde junio para narrativa, me esperan actividades más que suficientes.

Las clases no empiezan hasta octubre, así que este mes solo me dedico a escribir mi tercera novela. La pobre va despacio, pero de forma constante.

Eso es todo de momento. Seguiré informando.

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Lunes, nueva semana

Después de meses de aislamiento social, ayer se vino G a vivir aquí, con nosotros. Va a ser un mes, esperemos que no más, y mientras se reforma su casa.

B prefirió irse con su madre, aunque sabe que aquí tiene sitio siempre que quiera. En todo caso, para no estar mucho tiempo separados, piensan compartir los fines de semana. Harán salidas juntos, incluso viajes breves por los alrededores.

Es tempranísimo. Tengo el ritmo de sueño adelantado, como de monje. De forma que me duermo sobre las diez y me despierto entre las cuatro y las cinco. Como para rezar maitines, vamos 🙂 Ya que no consigo retomar el sueño, hago del defecto virtud y disfruto de la agradable temperatura que hay a estas horas. Es ya una rutina mía recorrer cada estancia abriendo ventanas. Y un placer comprobar cómo se refresca toda la casa

Hoy me muevo, procurando hacer menos ruido que nunca, porque G se ha instalado en el sótano, regresa hoy al curro y es de los que se desvelan fácilmente. Espero que esté cómodo. A los tres nos ilusionan estos días compartidos, pero ojalá la alegría inicial no se deteriore con las mil pequeñeces de la larga convivencia que nos espera.

Hago constar que somos prudentes y guardamos las debidas precauciones de mascarilla, porque G va y viene y se relaciona con varios grupos. Eso es lo único incómodo. A cambio, desde que llegó siento que trae con él energía nueva, que me anima. Anoche incluso me emocioné oyendo cómo charlaba con su padre. Ya andaba yo a punto de acostarme, en mi habitación, pero tenía la puerta abierta. Y escuchar sus dos voces, lejanas, abajo, en la cocina, me llevó un instante a los tiempos felices de antaño. Cuando Rodrigo aún estaba por aquí.

Son las seis. Ya leí el periódico. Y me bullen mil ideas para continuar con B81. Definitivamente, esta visita de G me ha animado mucho.

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22 de agosto de 2021

En otros tiempos, cuando ejercía mi oficio, estas fechas de finales de agosto eran de cuenta atrás para volver al trabajo. Me dolía que se acabasen las vacaciones, así que intentaba condurarlas degustando cada segundo. Hoy me da la risa recordarme tan agobiosa, pero confieso que algunas veces incluso me estresaba pensando que no las exprimía lo suficiente.

Tampoco me quiero poner dramática. Lo normal fue siempre un regreso animoso a las clases, con afán de superación y novedades didácticas para conseguirlo. Pero también es cierto que los últimos cursos, de recortes extremos y de edad provecta, me sentía bastante cansada física y emocionalmente.

Ahora mismo, la primera diferencia vital que noto es que estoy muy recuperada en esos dos ámbitos. Y por ello, voy a iniciar mi tercer curso de profe jubilada contentísima y con planes interesantes. Claro que son menos osados de lo que haría si no siguiéramos en esta pandemia tan larga, pero son.

La segunda diferencia tiene que ver con los viajes y el desplazamiento de las fechas vacacionales. En 2019 salimos en septiembre por primera vez en nuestras vidas. Y disfrutamos quince días estupendísimos en Portugal. En 2020, mucho más prudentes por la COVID-19, nos atrevimos con una semana en Cáceres, también en ese mes. Este 2021, ya lo he comentado en algún otro post, no tenemos planes. Improvisaremos. Ya se verá cuándo, dónde y cómo.

Y en fin, ya que escribo de semana en semana, hago también los apuntes climáticos y de escritora en estos párrafos últimos. Respecto a las temperaturas, agradezco que haga menos calor. No estamos exentos de sufrir otra ola extrema, seguimos en pleno verano. Pero ya se nota la proximidad del otoño, porque las noches son más largas y el ángulo solar menos amplio.

En lo que a mis afanes escribidores se refiere, solo hago constar que sigo. Tuve algunos días de descanso, que me vinieron estupendamente, pero he vuelto a la tarea con renovado vigor. Despacito, eso sí. No merece la pena estresarse. No hay prisa.

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Mediados de agosto, calor extremo

Son las siete de la mañana y ya hay 27ºC. Dicen la previsiones que hoy será el día más caluroso de la ola que nos viene afectando desde el jueves. La noche ha sido tropical. Resistimos gracias al aire acondicionado. Y a que la casa tiene buenísimos aislamientos.

Escribo poco, me siento espesa con esta calorina. Pero lo hago. Para no perder comba, ritmo, costumbre.

Soñé que bebíamos sidra en Asturias, rodeados de amigos. El subconsciente me da lo que no tengo. Seguimos aislados, solos, casi recluidos. El bochorno no invita a salir.

En diez días G cumple treinta y siete. Y hace treinta que vinimos a vivir a esta casa y a este barrio. tengo sesenta y dos, me digo a menudo, para no olvidar quién soy y que ya enfilo la última fase vital.

He abierto todas la ventanas de la casa y no circula ni un poquito de aire. Al menos que ventile, me digo. Las cerraré enseguida.

Así es el verano. No me quejo. Estamos bien, que es lo importante.

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Agosto 2021

En cierto modo, esto podría aparecer en mis dos novelas B72 y B81

Todavía me resulta rara nuestra nueva costumbre de no salir de vacaciones en verano. Solo la hemos vivido estos dos últimos años. El caso es que la ciudad, el barrio, la calle se vuelven extraña y agradablemente silenciosos. Para nosotros, que huimos de las multitudes, es estupendo. La verdad es que no echamos en falta las playas, por escasa o nula costumbre de baños y esas cosas veraniegas. Por no hacerlo, ni pisamos la piscina comunitaria, que está en la calle de al lado. Se nos olvida. A veces me digo que debería hacer el esfuerzo. Luego me contesto a mí misma que para qué.

Ahora, además, playas y piscinas están bastante abarrotadas. Y más aún con las restricciones de la pandemia. Bueno, el caso es que JC trabaja (teletrabaja varios días por semana), y que en septiembre tenemos cosas que hacer aquí, así que no vemos posibilidades de salir un poco hasta octubre o noviembre. Me pregunto qué pasará entonces con la COVID-19 y cómo estarán las regulaciones. Tiempo al tiempo.

He mandado mi manuscrito de B72 a varias editoriales. De una ya me han contestado que no es lo que buscaban. No tengo prisa. Voy escribiendo B81 y además tengo en mente una breve guía didáctica de lectura para Nina, aunque apenas la he empezado.

Poco más puedo contar. Voy aprendiendo que vivir es esa serie de sucesos sencillos e intranscendentes (por favor, no necesitamos de los impactantes), esta serie de pequeñas alegrías y pequeñas decepciones. Sin más. Y las asumo y disfruto todo lo que puedo.