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Sensaciones de incomodidad

De pronto se me acabaron los cursos de narrativa, la preventa y la presión de la novela. JC y yo no tenemos viajes previstos, ni vacaciones. Quizá alguna salida esporádica. Vivimos en una rutina de aislamiento. Y me asalta un desánimo raro.

Avanzo poco en la escritura. Apenas llevo 22.000 palabras y me queda bastante por hacer. He parado de subir vídeos de Sintaxis y también se han congelado las suscripciones en 338. Tengo en lontananza apenas una actividad social, que es la jubilación de unas compañeras. ¿Y luego? Me da un poco de miedito lo que queda por delante.

Así que me planteo planificar de nuevo el tiempo, incorporando ejercicios físicos y de meditación. Para mejora de cuerpo y del espíritu. La dieta me deja alicaída, de esta forma pretendo ponerle remedio. Simple y, espero, también eficaz.

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Preventa acabada

Con otros libros de la editorial

El martes tuve mi presentación online y se acabó la preventa. El mismo martes acabé las dedicatorias y el jueves se llevaron los libros los de Correos Express. En teoría debieran haberlo hecho el miércoles, pero no acudieron. Esta oficina va sobrepasada. Los pobres tienen poquito personal.

Supongo que llegaría el viernes a la editorial, aunque vaya ud a saber. Puede que no sea hasta hoy. O el lunes, si no hacen reparto los sábados. Lo de Express es una intención más que una realidad. Pero, en todo caso, la próxima semana mis amigos y lectores la tendrán ya en sus manos.

Amigos, más bien.

Revisadas las listas de compradores, todos son gente cercana. Menos otra autora de la editorial, sé quiénes son todos y cada uno. Excepto una C de última hora, que quizás sea la mujer de M, de Asturias. Los demás son mi círculo.

Espero colocar alguno más entre mis compañeros. Mañana, en la asamblea, no creo que gran cosa, excepto darle la reservada a A en mano. Pero en la jubilación del día 22 ya tengo cinco comprometidos.

Ahora lo que me agobia es que no les guste. Desilusionarlos.

Y escribo. He vuelto a sentir el empuje, después de un tiempo encallada. Y de haberle dado un par de vueltas al punto de vista y al narrador. Con 19.000 palabras, empiezo el segundo día de tempo interno. Contenta porque no se me diluye el tono social, expectante por ver cómo encajará lo más detectivesco.

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Con los libros en casa

Llegaron las novelas en cuatro cajas. Voy redactando dedicatorias, quedo con unos y otros para entregar el libro en mano a los que así lo eligieron. Así llevo desde el cumpleaños de Rodrigo, que me hizo ese regalo al estilo hobbit. Y no me quejo. Es una experiencia curiosa. Por supuesto, también interesante.

Mando por WhatsApp un último llamado a la compra de Nina, porque solo quedan cinco días de preventa. La editorial me envía la lista de los compradores. Y me sorprende leer nombres de antiguos compañeros. Y también la ausencia de algunos que creí que participarían pero no están. Y que me duele que falten.

Varios han respondido que se habían despistado y que agradecen el recordatorio. Otros me desean suerte como fórmula de negativa cortés. Y yo no quiero spamearles más. Cinco amables mujeres del grupo de escritura de la FCPJH, a las que conozco de pocos meses, se sumaron a la causa. Uno del Taller de Personajes. Nadie del de lectura de la Biblioteca. Al final responden aquellos con los que se tiene el contacto más cercano, qué curioso.

Veo pocos amigos de Asturias y solo uno del instituto, aunque habían mostrado interés previo. Supongo, quiero suponer, que esperan a que se los lleve en persona, que prefieren la librería de la esquina, que hacen pereza… La vida del escritor es así. Y yo ni siquiera llego a ser escritora del todo. Me siento como una vendedora de crecepelos, o de fasciculos. Ardua tarea. Y de pronto sé que cada título será más difícil de vender que el anterior. Si es que consigo publicarlos, que esa es otra. Menos mal que no he de vivir de ello.

En medio, todavía, de restricciones de aforo, tengo una humilde presentación on-line. Será a través de Instagram, ni siquiera un Zoom. El próximo martes, justo el último día de preventa. En las que he estado nunca ha habido demasiada gente. No creo que haya tampoco en la mía. La capacidad de publicidad y de distribución de la editorial es muy pequeña. Como imaginaba, se nutre de los amigos, conocidos y familiares que cada autor puede movilizar. Un par de instagramers y dos bloggeras no son tampoco grandes altavoces de los títulos.

A ver si la siguiente autora es algo mejor, porque lo visto hasta el momento me hace sentir fuera de lugar. Qué pinto yo aquí, con mis años y mi técnica. En las dos últimas pasé vergüenza ajena, y comprendí que yo no encajaba, que estoy a años luz de los dos caballeros escritores con los que comparto esta segunda tanda de títulos. En demasiadas cosas.

Y cuento, también, que me quedé perpleja cuando el editor, en confianza y en privado, me agradeció el trato cortés y la profesionalidad. Pero, entonces, ¿cómo se habían comportado los otros? ¿Quizá me equivoqué al firmar con esta editorial incipiente?

En fin, me digo. Es pequeña, sencilla, poca cosa, vale. Pero es lo que pude encontrar. Tampoco yo soy la nueva Isabel Allende. Otros se conformarían aun con menos. Cualquiera de los amigos y compañeros escritores que he ido haciendo en los últimos años. Y, desde luego, ni se me sube el pavo, ni me creo superior, ni menos aún se me ocurre que pueda yo convertirme en una bestseller. A mi edad. En mis circunstancias…

Hago estos pinitos y punto.

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En impresión

Cerré la semana con la noticia de que la novela estaba ya produciéndose. En breve la tendré entre las manos. Me muevo entre la alegría, el estupor y la responsabilidad.

Anoche me comunique con C, alumna excelente, en segundo de Medicina, que la ha comprado. De mi última promoción. También sé de otros amigos que no han podido, por múltiples razones. Por ejemplo, mis queridos amigos Escribidores que viven fuera de España.

Espero que el otoño permita regresar a las presentaciones. Para este título y para el libro de Rodrigo. Ay, ojalá.

Mientras tanto, el canal alcanza los 319 suscriptores y he remozado B72 y lo envié a un concurso. El Taller de Personajes me está resultando muy entretenido. No solo me anima, también me empuja con B81. Y me ha dado la clave de los últimos matices técnicos respecto al punto de vista de ambos. Arriesgado, pero interesante si se consigue hacer bien, creo que más que la equisciencia, me viene bien una tercera persona omnisciente que se tiñe con estilos indirectos libres. Ahí está mi estilo. Por él apuesto. A ver si funciona.

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Leyendo títulos de la editorial

Estar entre los primeros manuscritos de una editorial que empieza supone varios riesgos.

El primero es no saber las calidades físicas de los libros (papel, portada, cubiertas, edición del texto). El segundo, desconocer la valía literaria de las historias que publica (tema, estructura, corrección ortotipográfica, interés, estilo…). El tercero tiene que ver con la mejor o peor distribución. El cuarto, por último, referente al vil metal, consiste en no poder hacerse una idea de los precios de venta al público .

Pedí los cinco primeros títulos para evaluar esos asuntos. Ya he leído dos. JC está leyendo otro. Terminaré por hacerlo con todos. Y he sacado mis propias conclusiones. Vamos allá.

En cuanto a la calidad física no me puedo quejar. El gramaje del papel, las portadas y las cubiertas son muy buenas. Profesionales. He visto solo una errata, la maquetación está no solo muy cuidada (también es profesional), sino que busca elementos especiales que la hacen hermosa. A cambio, sí he hallado errores de estilo, circunscritos a los conocimientos de cada autor, porque la empresa no hace corrección ortotipográfica. Uno de los que ya he leído no sabe poner tildes en las interrogativas indirectas, por ejemplo. Menos mal que se lo he pillado en unas pocas ocasiones. Y, en general, lo de las cacofónicas rimas internas se les escapa a todos 🙁 También se nota cierta bisoñez vital, lógico, dadas las edades de los autores (las de mis hijos y aún más jóvenes).

Como es lógico, cada autor tiene su sello. Uno es muy locuaz y le sobra un largo porcentaje de parrafadas, otro es algo simplista, pero en conjunto cada manuscrito tiene algún valor que a la editorial le ha parecido suficiente para lanzarse. No sé si irá volviéndose más selectiva a medida que tenga más textos y de mayor calidad para elegir. No me extrañaría, aumenta el número de seguidores y está cerrando contratos para 2022. En la primera tanda parece haberse decidido por temáticas muy distintas, por eso de abrir el espectro. Tengo que seguir con los otros libros para alcanzar una perspectiva más completa. También, incluso, con los de mi segunda tanda.

Todo lo que leí u ojeé por encima utiliza una tercera persona omnisciente y narra de forma lineal. Creo que uno de ellos prefirió la primera persona, aunque cambia el foco y lo hace desde las cuatro perspectivas de cuatro protagonistas diferentes. Y lo veo vendiéndolo como gran logro técnico. Qué ternurita. Seguiré contando cuando sepa algo más.

La distribución brilla por su ausencia, al menos de momento no los veo en Amazon, ni el LCdL, la FNAC, o el Corte Inglés… Solo en dos o tres librerías. Me temo que aunque sea profesional (Azeta), va bajo demanda. Los precios, a cambio, son competitivos y acertados.

Entiendo que con la preventa pretenden invertir con cierta seguridad, y con la distribución no tener ninguna sangría. Sigo creyendo, entonces, que es editorial tradicional porque corre con todos los gastos, pero que los tiene tan medidos que en publicidad y distribución se asemeja a las de co- y auto- edición.

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Mi novela NINA en preventa

Ya estamos en ello, en esa preventa con que la editorial se cubre las espaldas y, a la vez, explora las posibilidades de cada manuscrito editado. Espero no ir mal. Los amigos y la familia se portan, qué majos. Ya veremos cuánto da de sí este sistema. Tampoco es que me vayan a poner en la cúspide de nada, pobres de nosotros. Eso solo pueden hacerlo las muy grandes editoras. Yo me conformo con haber pasado el filtro de dos y con seguir escribiendo.

He enviado B72 a un concurso. Sigo trabajando B81. Mi canal de Sintaxis ronda los 300 suscriptores. No me puedo quejar. Y hoy, por fin, han citado a JC para la vacuna, en el Wanda 🙂

Seguimos. La derechona mentirosa y corrupta ha ganado las elecciones que convocó a su conveniencia. Más leña al fuego. Son los dos años que ya tenían, pero ahora con más facilidades de movimiento para seguir desmantelando lo público con su trumpismo vergonzante. Seguimos, sí. Como podemos.

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Hoy es mi cumpleaños

Hago 62, ya una cifra contundente. Y veinte meses de jubilauta, cómo se pasa el tiempo, qué barbaridad. En fechas como la de hoy me acuerdo de la frase de la bisabuela Estefanía sobre hacerse mayor: «Ay, cariño, hasta aquí llegarás, o la vida te ha de costar».

A la bisa no llegué a conocerla, la anécdota es solo de oídas, pero ha formado parte de mi experiencia vital desde siempre. Es curiosa esa capacidad de transcender más allá de los coetáneos. Y muy breve, supongo.

En los días de cumpleaños, los señaladitos, es cuando más se notan las ausencias. G y B pasarán la tarde con nosotros, en el jardín, al aire libre, por este cumple. Y disfrutaremos de su compañía. Pero siempre nos va a faltar Rodrigo.

Menos mal que él también me hace regalos desde su dimensión. A ver si no es coincidencia curiosa que mi novela salga en preventa justo mañana.

Y con esa lucecita de esperanza continúo el camino. A por otro año y otro libro. Con todas las ganas.

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Cotidianidades

Mañana, tercera sesión del curso y nada que ver con el de la FCPJH. No he llegado a la mitad y ya me da penita que se acabe, que sea tan corto. Porque me gusta y anima mucho. Pero, me digo, no debo hacer esas cuentas atrás. Todavía quedan cuatro sesiones. Solo tengo que dejarme llevar y disfrutarlas.

Como también debo aprovechar el presente. Carpe diem. El domingo será mi cumpleaños, y tengo la suerte de que el lunes, menudo regalazo, empezará la preventa de NINA.

Todo es tan bonito que me asusta. Es como que estoy temiendo que pase algo malo, eso que siempre termina por suceder. Es mi ansiedad postraumática, que se activa con nuevos miedos. ¿Y si nadie quiere mi novela? ¿Y si no se vende? ¿Y si soy una carga pesada para la familia y los amigos, los pobres?

Me impongo no dejarme llevar por ese mal rollo. Uff. A ver si lo consigo.

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Lunes 26 de abril de 2021

Ya tengo puesta la primera dosis de la vacuna AstraZeneca. El sábado, como indicaba el SMS recibido, me fui al Estadio Wanda Metropolitano. Día 24, puerta 24. A treinta y dos kilómetros de mi casa.

Identificada con el código QR enviado en dicho mensaje de móvil, pasé un primer control, caminé rodeando el estadio por sus pasillos internos e hice cola con otras decenas de ciudadanos frente a la gran sala vacunódromo.

No hubo que esperar mucho. Nos ubicaron rápidamente. Me tocó en el puesto 11, al final del todo. Así que recorrí aquel largo espacio con el recuerdo de las vacunaciones franquistas de mi infancia. Sentí la misma soledad, rodeada de pacientes desconocidos como yo y de organizadores del tráfico humano que nos movían en masa como entonces. Y un parecido desconcierto. Porque las vacunas son indispensables para acabar con la pandemia, pero ¿no se podían poner en los centros de salud, como las de la gripe, en espacios menos grandilocuentes y más humanos?

Tras nueva identificación QR, esta vez para poder emitir el certificado de vacunación por impresora, me senté en la silla que me indicaron, algo confusa. Porque una sanitaria me pedía el móvil, mientras otra sugería que me descubriera el brazo izquierdo. Y yo no era capaz de hacer ambas cosas a la vez. Además, quería proteger ese hombro y destapar el derecho, a cambio. Pero no me atreví ni a proponerlo entre tantas prisas. Total, para qué. Ya me las apañaría. Y volvieron a inundarme sensaciones parecidas, de cierta indefensión injusta sufrida en la niñez y que todavía escuece al recordarla.

Apenas noté un pinchazo levísimo, me dieron el certificado y me dirigieron a la zona de reposo: unas sillas de sala de espera desperdigadas, llenas de muchos como yo. Éramos los de 60-65, supongo. Aunque algunos me parecieron bastante mayores. No sé. A saber qué pinta tengo yo y cómo me ven los que me rodean.

La última vacuna de la gripe me pareció más dolorosa. Desde luego, la dosis inyectada debía de ser de mayor volumen, porque recuerdo un pinchazo largo y que el último empujón dolía. La AstraZeneca fue un suspiro tan breve y delicado, que llegué a dudar de que realmente me hubieran puesto la cantidad necesaria. Sentada frente a los ventanales y los paneles informativos, mi duda dejó paso, en seguida, a un escozor en la zona que diluyó tan estúpidos recelos. Menos mal, me dije.

Entonces una enfermera nos dio una charla sobre síntomas esperables, medicación apta y no apta y recomendaciones variopintas que me trasladó sin pretenderlo a los años ochenta. Recordé los consejos en grupo de las matronas del hospital, también masificado, donde nacieron mis hijos. Fue igual ayer que hace treinta y muchos años: me transmitieron lo indispensable. Pero esas charlas, repetidas cada pocos minutos en ambos casos, me parecieron igualmente improvisadas y simplonas, con un regusto paternalista incómodo. Y que serían más certeras y adecuadas si nos las hiciesen los médicos y enfermeras que nos conocen y no necesitan decirnos generalidades.

Pero, ¿para qué dotar a la atención primaria de más sanitarios y medios? El neoliberalismo salvaje que nos gobierna en Madrid prefiere vacunarnos a todos en estadios o almacenes. Darles ese dinero a los amigos, crea obligaciones clientelares. Y puertas giratorias estupendas para cuando toque el relevo o vengan mal dadas. Lo que no me explico es que el ganado, perdón, la gente, que como yo somos vacunados así, en masa, crea que esto es buena gestión.

Dijeron que en diez o doce semanas volverían a citarnos. O no. Porque todo cambiaba cada día. Que estuviéramos atentos. ¿A qué?, pensé yo ¿a un nuevo SMS o a charlas como esa? Pero terminaba la segunda ronda informativa (apenas parecida a la primera, qué curioso, aunque no puedo asegurar que fuese la misma persona quien la dio) y me tocaba irme del recinto. Me vine a casa. A treinta y dos kilómetros. El brazo duele, pero, por ahora, no hay ningún síntoma maligno de esos que nos avisaron.

Que todo siga así y contaré la próxima.

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Vacunas

Me han citado para este sábado, a 31km de mi casa, en el Wanda. Un estadio de fútbol al que se deriva dinero público para hacer clientelismo de amiguetes. Nada de invertirlo en personal y dar las citas en el ambulatorio del barrio, o el gran hospital público de Getafe. Así se hacen las cosas en esta comunidad autónoma de morondanga.

Día 24, puerta 24. Guiños rodrigosos. Ya solo espero que llamen pronto a JC, por favor.