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14 de abril de 2021

90 años. Pobre II República, denostada y hundida. Y así sigue nueve décadas después.

Poco tengo que contar. Todo sigue muy parecido. Entregué las segundas correcciones. Estoy a la espera de la maqueta 03. Tanto ando viviendo lo de siempre, que me ronda una melancolía tristona, pandémica, de aislamiento y soledad. Espero que el curso de este viernes me dé un empujón que ayude a mejorar este ánimo caedizo.

Porque no es por falta de esfuerzo. Acabo de darle una vuelta completa a mi segunda novela, que espero enviar a un concurso, y tengo el siguiente vídeo a medias. La tercera está aparentemente pospuesta, pero no, ya que las siguientes escenas andan bullendo en mi mente y volveré enseguida a trabajarla.

Mientras tanto, quiero anotar un par de cosas sobre el curso de creación de personajes.

La primera es que no creo necesitarlo técnicamente, que me he enrolado porque mis experiencias previas fueron muy buenas y quería repetir. En fin, que espero que sea muy agradable en lo emocional. Y que me viene muy bien ese contacto con otros escribidores, los siempre buenos materiales que caracterizan a EdE y volver a coincidir con un profe que ya sé de antemano que es estupendo.

La segunda, que me da penita que solo sean seis semanas. Sé que será un poco breve, pero tampoco había mucho para elegir en estas fechas y menos aún por vídeo conferencia. Menos mal que son tres horas cada sesión.

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Más galeradas y más correcciones

Esta vez he imprimido la maqueta del manuscrito. No solo es que se ve precioso y me ilusiona, es que en papel se lee mejor. Ha sido buena idea.

Lo sorprendente es que hace dos meses lo creía limpio y correcto, pero no. He vuelto a encontrar repeticiones y cacofonías. Incluso he dejado otras por imposibles. Me siento frustrada, inmersa en una tarea irrealizable.

En febrero llegué a sentir impotencia y que no era capaz de darle otra vuelta al manuscrito. Creo que porque en pantalla resulta más agobiante. Ahora mismo sí veo posible hacerle nuevas rondas. Me abruma menos. Me parece más manejable en su conjunto. Habrá que darle tiempo, sin embargo, para que no me sature. Según me dijo el editor, tengo todo abril. Debo ir con prudencia, porque esta es ya la definitiva.

Luego me asalta la duda de hasta dónde llegaré con esta editorial, que hace preventas como primera medida empresarial. No se me escapa que es una forma de arriesgar poco en los títulos. Apenas los anticipos a la imprenta, porque enseguida les llegarán los ingresos de los compradores para pagar el gasto restante.

Solo están un pasito más allá de la coedición: no piden dinero a los autores, pero se lo sacan a los amigos y familiares. Andan muy cerca de los que hacen un crowfunding. Estos solo llegan a imprimir si se alcanza una cantidad mínima. En teoría, porque pueden tardar meses, que es lo que sucede con el libro de PM. Si es que finalmente lo imprimen y no dan la campanada y se piran sin haberlo sacado. Pero esa es otra historia.

Mi editorial tiene gente ya con experiencia. Y supone que venderá su primera y brevísima edición entre los contactos de cada autor. Solo ahí arriesga un pelín, podrían no vender todas las tiradas. Y por eso necesita muchos títulos. Porque, con el mismo esfuerzo económico, hay más posibilidades de que unos sujeten a otros. Porque es menos riesgo varios poquitos, que grandes tiradas de pocos títulos.

Una de las novelas se ha agotado en preventa. Señal de que no han encargado muchas. Ahí está la prueba.

No me quejo, solamente reflexiono. Las cubiertas y la edición parecen majas. Aunque el pobre F se lo tiene que currar él solito: portadas, maquetación de texto y correcciones (únicamente las que le indicamos los autores, no tienen ese servicio, y tampoco él es un experto en esa materia). También lleva las presentaciones on-line y no sé si las preventas.

¿Es el único empleado? Dice que están pendientes de ampliar y que será el coordinador cuando lo hagan, pero, ¿cuándo? Quizá esperan a los primeros beneficios. Por lo que cuenta, me parece que va a gestionar, también, las firmas y los envíos, porque la segunda tanda, que pensé que sería ya, de inmediato, me comentó ayer que la calcula para primeros de mayo. Vamos, que necesita ese tiempo intermedio para sacarlo todo adelante. Y a la vez, va organizando y presentando una tercera tanda, que, a este ritmo, será la del otoño, entiendo.

No da margen para otra cosa. Ediciones cortas, no creo que de más de 75 o 100 ejemplares, para la preventa. Y, luego, a demanda, seguramente. Por lo que distribución, poca, poquísima. No muy allá, me temo. Eso es caro.

La primera tanda está a punto de terminar esas preventas, estaré pendiente de ello, a ver qué tal se ven los autores y sus títulos. Ahora mismo, en las redes, nada. La proyección que hayan conseguido por su cuenta. Pero eso no es verdadera distribución, como la que yo he experimentado con el libro de Rodrigo, viendo el título en miles de librerías y distribuidoras.

En fin. Es lo que hay. Mi compañero G también saca libro, sesudo y de investigación, y solo lo distribuyen dos librerías, una en Salamanca y otra en Valladolid. Estamos en las mismas. No están los hornos editoriales para bollos muy exóticos. Por lo que parece.

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Sin sentido del tiempo

El sábado previo a este de hoy fue el cambio al horario de verano. Justo entonces la pila de mi reloj dejó de funcionar y mi percepción temporal se enmarañó. Llevo hecha un lío desde entonces. Siete días intentando recobrar el equilibrio, sin escribir aquí, medio atolondrada.

Estamos en unos días festivos que no diferencio de otros laborables porque no tengo nada que hacer. No obstante, los próximos días volverán las obligaciones. El martes será mi reunión del Club de Lectura. Y el viernes la primera sesión del cursito breve de la EdE que me he agenciado para no echar tanto de menos al de la FCPJH.

Me dio pena dejarlo, sobre todo porque hay gente maja, algunos del barrio, a los que me daba pena perder la pista. Menos mal que hemos hecho un grupo de WhatsApp. En eso estoy contenta. También abrí un blog para compartir textos con ellos. Ahí no entraron todos, al menos de momento, aunque habrá que darles un margen. A ver si alguno más quiere, sabe y puede.

La próxima semana, volveré a los vídeos. Tengo pocos suscriptores, 248, en un aumento insignificante para lo que puede ser un canal, pero que se mantiene continuo. Y eso es todo. No sé cuándo tendré alguna cosa nueva que escribir. Iré decidiendo sobre la marcha.

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Miércoles, monotonía y cuarta ola

De nuevo florecieron las camelias, avanza esta nueva primavera de confinamiento.

Dejé el curso de la Fundación, pero, menos mal, justo en el último instante creamos un grupo de compañeros, que espero pueda servir para hacer piña escribidora. Al menos no perderles el contacto. Ya contaré.

En lo que se refiere a la pandemia, sigo autoconfinada, y JC conmigo, casi siempre. Excepto uno o dos días por semana, que se acerca al lugar físico, teletrabaja todo el tiempo. Vivimos aislados del mundo. A veces es embrutecedor.

Ni escribo, ni juego, ni hago nada con la energía de antes. Incluso le he perdido el ritmo a leer. Sin embargo, me he impuesto una lectura especial. Se trata de la novela de un antiguo alumno. Es una trama policíaca tópica, autoeditada, con los errores esperables en construcción y estilo. Pero, también, un logro para G, que es muy joven y seguro que continuará avanzando por ese camino.

Apunto aquí, como se ve, un listado de decisiones vitales anodinas mientras repuntan los casos del maldito bicho, el hastío de la gente, y el crecimiento absurdo de la derechona que fulmina el estado del bienestar en esta comunidad autónoma de idiotas. En el sentido más, tristemente, griego de la palabra.

Son las 7:47. Empieza un nuevo día. Intentaré aprovecharlo al máximo.

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De nuevo rutina y confinamiento voluntario

Poco tengo que contar. Continúo con los vídeos de lengua. Ya he terminado mi plan de trabajo y tengo toda la Sintaxis subida. 50 vídeos, que no es poco. Ahora me dedico a elaborar unos cuantos de prácticas, y de resúmenes esquemáticos. En pocas semanas hará un año de mis primeros intentos. Tengo que mirar la fecha concreta, no recuerdo si fue en abril, en mayo o en junio. Tengo 227 suscriptores y mas de 30.000 visualizaciones. No es que mi canal sea un éxito clamoroso, pero tampoco se ha quedado en nada, como me temía en el principio. Así que, sigo con mi plan docente a distancia.

En cuanto a la faceta escritora, dejo la FCPJHierro. No solo porque me ha surgido otra actividad durante abril y mayo y en junio ya, cuando acabe, no creo que merezca la pena volver. La verdad es que pensaba que el curso de la Fundación me ayudaría a escribir mi tercer proyecto, pero ha sido demasiado teórico y he avanzado poquísimo.

Debo confesar que estoy, también, poco motivada, teniendo aún el segundo manuscrito en barbecho, y el primero a medio cocer. Para Barrio 1972 todavía hay un mes de espera. Quizá podría presentarlo a algún premio. No sé. Lo iré valorando sobre la marcha.

En cuanto a Nina, todavía espero por la nueva tanda de revisiones. Ayer me comentó el editor que la retomará el próximo lunes. Pocos días y esfuerzo podrán ser, no obstante, porque la siguiente es la Semana Santa y cerrarán. Pero hay que darle tiempo al tiempo. Espero salir antes del verano, lo demás tampoco me agobia, verdaderamente.

Los cinco primeros libros ya están disponibles en preventa. Yo misma los he encargado como lote, a ver qué tal, en plan coleccionista. No deja de ser el comienzo de una editorial que empieza, y que ojalá le vaya bien y cuente conmigo para más cosas. De momento, así veo dónde me he metido y cómo son mis compañeros. Las primeras cinco novelas estarán disponibles y en preventa durante treinta días. Supongo que luego, no sé con qué tiempo de impás, iremos los siguientes.

Mi Nina y yo saldremos en esa segunda tanda. Aunque solo seremos cuatro, pues uno de los autores se ha echado atrás. Parece ser que no le gustaba el trato dispensado por el editor. Me sorprende, porque es muy amable. En fin, tampoco conozco al colega crítico y rescisioniata de contratos. Ni sé si tiene mucha o poca experiencia editorial previa. Creo que no. Le supongo autopublicaciones, como casi todos. Investigaré.

Me hace reflexionar. Una editorial nueva es una apuesta, nadie sabe hasta qué punto arriesgada. Pero al menos es algo. Me lancé con pocas esperanzas de éxito y, finalmente, no me ha ido tan mal. Me da ánimos saber que dos editoriales pequeñas se han interesado por el manuscrito. Ya que las grandes ni nos ven a los escritores noveles, al menos tengo ese consuelo.

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El día después

Da igual que hayan pasado diecisiete años, las fechas son difíciles, qué maldito filo tienen los aniversarios.

Como estaba previsto, G, JC y yo estuvimos juntos todo el día 11. Desde temprano, en los actos de la estación de Atocha. Luego, durante una visita rápida para poner flores en su tumba. Finalmente, para la comida y la sobremesa, nos quedamos en casa. En estas circunstancias de COVID-19 no nos parecía conveniente salir a comer fuera.

Y así estuvimos, con las precauciones de esta maldita pandemia (distancia, ventanas abiertas, mascarillas…). Pasamos el resto del día juntos los tres, ahogando el agobio con charlas insustanciales, sintiendo qué pocos somos desde que Rodrigo no está. Pero todo era ajeno, raro. Nuestras ansias de normalidad no resultaban, aunque estaba clarísimo que no era por falta de esfuerzo.

Menos mal que contamos siempre con la cercanía de los amigos, que en las redes sociales, durante toda la jornada, son un bálsamo curativo. Diecisiete años son una enormidad, son mucho tiempo, pero ellos siguen ahí, acompañándonos. Incluso aunque para muchos ese cómputo sea la mitad de su vida. Procuro agradecérselo siempre, a todos, uno a uno. Ojalá fuera capaz de transmitirles lo que significa para nosotros su compañía y su recuerdo.

He dormido poco. Amanezco cansada este viernes 12, con recuerdos traumáticos que regresan insistentes, aunque los procure evitar. Revivo, sin poder remediarlo, los momentos en que corroboramos que Rodrigo era una víctima. Y fuimos a buscarle a la morgue improvisada en el IFEMA. Una mañana como hoy. A estas horas, diecisiete años atrás. Las fechas coinciden. Hace todo este largo tiempo de ausencia también era viernes, 12, como hoy. Me cuesta un gigantesco esfuerzo emocional alejarme de tan horribles sensaciones.

Por eso me refugio en la lectura. Otras veces (muchas, en diecisiete años) me ha servido para evadirme; pero esta vez no, en esta ocasión no funciona. No hay trama novelesca que me atrape, los periódicos me alteran aún más. Luego me digo a mí misma, como entonces, que poco a poco, que solo respiraciones lentas, unos pasos cortos, sin agobiarme por lo que pueda suceder mañana. Como entonces. Como las primeras horas, los primeros días, meses, años…

Son las siete. Ya he leído las noticias, enloquecedoras en lo político, con elecciones por sorpresa, en esta crisis sanitaria. Lo esperable del fascismo oportunista, que quiere intentar un nuevo asalto en la comunidad de Madrid y no le importa el reguero de daños colaterales que pueda provocar. ¿Le ha importado alguna vez? ¿Acaso no es una actitud continuamente repetida?

Ya toca reemprender lo cotidiano. A ver si me sale medianamente. Buenos días.

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Lunes 8 de marzo de 2021

Empieza la semana terrible, con las mismas fechas, la que parecía igual que otras, pero iba a ser la última de Rodrigo y de toda nuestra familia.

Hasta ayer mismo creía que el efecto aniversario no me afectaba, por fin, después de diecisiete años. Por la tarde comprobé que la ansiedad me cercaba por momentos. Y tuve que recurrir a la química para conciliar el sueño, porque ya no era suficiente con valeriana o amapola de California. La angustia está aquí, conmigo, como otras veces.

Hoy, además, es el día de la mujer, que celebraré en casa, con camiseta reivindicativa morada durante la clase de la FCPJHierro. Lo de poner algo malva en el balcón aún lo estoy pensando.

Escribo poco, estoy desorientada. Aunque creo haber hallado la solución de nuevo. Como no me sentía demasiado convencida con los primeros capítulos de Un buen plan, les he dado la vuelta. Los he rehecho, desde el principio, de forma que fluyan cronológicamente, sin más saltos en el tiempo que la anticipación inicial, mi cocodrilo. Espero que funcione. Y en esa tarea y en los vídeos de Sintaxis, ahora de práctica, voy a intentar centrarme estos días fatídicos.

Procuraré pasarlos con la mayor serenidad posible.

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Marzo otra vez

Un año de pandemia ha distorsionado mi sentido del tiempo, de tal forma que por primera vez en diecisiete años no me siento afectada por la llegada del mes de marzo.

Los horribles, malditos, agobiantes marzos.

Puede que solo sea un espejismo y el efecto aniversario me asalte por sorpresa, no me fío.

Pero mientras tanto, sigo adelante. Concentrada en lo que me mantiene lúcida. Escribo, juego, veo series, hago vídeos… Me cuesta más trabajo leer en esta nueva fase, con lo que yo era a ese respecto, quién me ha visto y quién me ve… Pero no me fustigo. Llegarán otros momentos. Y otras circunstancias.

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De nuevo en la brecha

Enviadas las correcciones, he vuelto a mi texto interrumpido. Nuevas ideas rondan mi mente y me llenan de ilusiones y ganas de seguir escribiendo. Mientras sigue la edición de Nina, mientras Barrio 1972 debe mantenerse en espera, avanzaré con Un buen plan.

Este año tengo que dedicárselo a Nina y su promoción. Y ojalá la vida pueda regresar a una normalidad suficiente como para hacer presentaciones. Confío, entonces, en volver también a hacerlas con el libro de Rodrigo. Tengo la sensación de que es el más atemporal y me seguirán saliendo lugares donde contar lo que pasó.

Lucharé en cuanto pueda por mi segundo título. Se me van ocurriendo cosillas interesantes para darle un repasito. Quizás, incluso, se lo mande a B como lector cero, a ver qué le parecen mis narradores equiscientes. Pero mientras tanto, iré avanzando con el tercer proyecto. Con renovadas energías.

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Fin de semana

Dried flowers and book on wooden background

Voy mejor. Parece que recupero la energía y consigo volver a las actividades cotidianas con fluidez. Poco nuevo puedo añadir, pero no me quejo de la rutina. Por favor, ya tenemos experiencias impactantes de sobra. No necesitamos nada más en lo que nos queda de vida.

Aunque estemos en febrero, la primavera empieza a asomar. No solo por las buenas temperaturas, los pájaros y los rebrotes de la camelia chica. Los almendros de la senda están ya bellamente florecidos y los prunos anuncian también sus flores.

Por eso me da lástima el pruno del jardín interior. Este año, el pobre, no va a lucirlas: el lunes lo podan. Demasiado tarde, ojalá hubiera sido en diciembre, pero es lo más pronto que hemos conseguido que vengan después de la gran nevada. Además, también han cuidado la pradera, con un escarificado y una buena siega, da gusto verlo todo tan aseadito.

JC había recortado previamente las yedras, para que fuese más fácil el trabajo. Y aunque las de la derecha están raídas por las malas artes de los vecinos, suponemos que ya podrán crecer tranquilas.

Es curioso que esos vecinos, con una fobia a los bichos de manual, se viniesen a vivir a una casa como esta. Treinta años hace que estamos todos aquí, y ahora se les ha ocurrido convertir su jardín en una pura terraza, suponemos que para hacerla más aséptica. Todo solado, sin árboles o plantas, con muros de ladrillo gris de ese prefabricado, como de tendedero de cocina.

En fin, si a ellos les gusta, a nosotros nos viene bien. Así ya no podrán cortar las ramas de la maltratada yedra, ni arrancarlas, como solían. Les han hecho una última escabechina, pero ya no las alcanzarán nunca más. Raro será que no se recuperen. Y, en último caso, con poner nuevos plantones, sería más que suficiente.

Respecto a la revisión de las galeradas, creo que voy bien. Las entregaré el lunes, porque ya estoy súper saturada del texto. Lo he limpiado cuanto que he podido. Alguna rima cacofónica queda, es imposible eliminarlas todas, pero no creo que quede ninguna de las absolutamente impresentables. O eso espero.

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Miércoles 17 de febrero de 2021

Sigo adelante a trompicones, no me encuentro bien anímicamente. Es la pena por JCC y por el dolor que siente G, que se ha quedado muy solo, otra vez. Es el cansancio pandémico. Es el aislamiento que sufrimos todos. Es que no le vemos desde hace diez días. Todo junto, me temo.

La editorial hizo públicas portada y contraportada, justo coincidiendo con otra visita mía al dentista. Como cuando me anunciaron que les interesaba el manuscrito. Qué curioso. Y qué incómodo.

La verdad es que quedaron estupendísimas, brillando en todas las redes sociales. Pero yo apenas conseguí resolver lo que me pedía el editor. Tuve que hacer unos cambios de último minuto, deprisa y corriendo, y estaba demasiado alterada. Tanto que me bloqueé. Algo que no me había pasado jamás.

A ver si mañana consigo centrarme. De momento subí el vídeo de YouTube con dos días de retraso. Y no he vuelto a revisar la maqueta.

Son las 2:28 y no consigo dormir. Releo lo escrito y me parece deslavazado. Mejor dejamos las reflexiones para un momento más lúcido. Buenas noches.