

Tuvimos fiestas navideñas menos solitarias de lo esperado, fue una alegría contar con JM y R el 24 y con N y D en Navidad.
Cerramos el año finalmente con todo ok y salimos cuatro días a Pisa, donde comimos muy bien y pasamos como buenamente pudimos una ola polar inesperada. Sin nieve, solo una mañana de llovizna y algo de sol, pero mucho frío. Contar con G para esos viajes relámpago de invierno es un regalo que agradecemos en el alma.
Lo que no sabíamos era que el frío intenso también había invadido nuestra ciudad, así que nos sorprendió comprobarlo in situ. No solo porque el taxista que nos trajo de vuelta llevaba un gorro de lana e iba quejándose del bajón de temperaturas, es que, ya en casa, los termómetros interiores mostraban menos de 15ºC, alguno incluso 11,5ºC. Eran las ocho de la noche. Ahí comprendimos que la ola de frío no había impactado solo en Italia. Menos mal que la calefacción templó rápido la casa, al menos lo suficiente para sobrevivir la noche.
Y aquí estamos de nuevo, reorganizando el regreso a la tarea.