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Tía Pepita

Se nos fue en un suspiro. El miércoles 22, a un paso del 25, que es el aniversario de mi padre y su hermano.

No la veíamos mucho, pero desconcierta saber que ya no está ahí, en la sierra, cuidando de sus compañeras, paseando los caminos de Santa Mónica.

Que volvamos a encontrarnos.

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15 de septiembre

Hoy empiezo el curso de escritura teatral que no salió en el verano. Parece que por fin sumamos alumnos suficientes. Es en línea y a distancia, algo frío, después haber probado las videoconferencias. Pero es.

Siguen adecuadamente la reforma y la convivencia renovada con G. Da pena ver la casa tan sucia y desmontada, pero así son las obras. Y no queda otra que hacerlas.

Escribo. Salgo poco. En breve procuraré relanzar la novela. A ver si salen cositas.

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Septiembre 2021

Llevamos tres días de obra y seis de septiembre con G haciéndonos compañía. Acabo de inscribirme en un curso de poesía y un club de lectura. Y como tengo otra reserva hecha desde junio para narrativa, me esperan actividades más que suficientes.

Las clases no empiezan hasta octubre, así que este mes solo me dedico a escribir mi tercera novela. La pobre va despacio, pero de forma constante.

Eso es todo de momento. Seguiré informando.

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Lunes, nueva semana

Después de meses de aislamiento social, ayer se vino G a vivir aquí, con nosotros. Va a ser un mes, esperemos que no más, y mientras se reforma su casa.

B prefirió irse con su madre, aunque sabe que aquí tiene sitio siempre que quiera. En todo caso, para no estar mucho tiempo separados, piensan compartir los fines de semana. Harán salidas juntos, incluso viajes breves por los alrededores.

Es tempranísimo. Tengo el ritmo de sueño adelantado, como de monje. De forma que me duermo sobre las diez y me despierto entre las cuatro y las cinco. Como para rezar maitines, vamos 🙂 Ya que no consigo retomar el sueño, hago del defecto virtud y disfruto de la agradable temperatura que hay a estas horas. Es ya una rutina mía recorrer cada estancia abriendo ventanas. Y un placer comprobar cómo se refresca toda la casa

Hoy me muevo, procurando hacer menos ruido que nunca, porque G se ha instalado en el sótano, regresa hoy al curro y es de los que se desvelan fácilmente. Espero que esté cómodo. A los tres nos ilusionan estos días compartidos, pero ojalá la alegría inicial no se deteriore con las mil pequeñeces de la larga convivencia que nos espera.

Hago constar que somos prudentes y guardamos las debidas precauciones de mascarilla, porque G va y viene y se relaciona con varios grupos. Eso es lo único incómodo. A cambio, desde que llegó siento que trae con él energía nueva, que me anima. Anoche incluso me emocioné oyendo cómo charlaba con su padre. Ya andaba yo a punto de acostarme, en mi habitación, pero tenía la puerta abierta. Y escuchar sus dos voces, lejanas, abajo, en la cocina, me llevó un instante a los tiempos felices de antaño. Cuando Rodrigo aún estaba por aquí.

Son las seis. Ya leí el periódico. Y me bullen mil ideas para continuar con B81. Definitivamente, esta visita de G me ha animado mucho.

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22 de agosto de 2021

En otros tiempos, cuando ejercía mi oficio, estas fechas de finales de agosto eran de cuenta atrás para volver al trabajo. Me dolía que se acabasen las vacaciones, así que intentaba condurarlas degustando cada segundo. Hoy me da la risa recordarme tan agobiosa, pero confieso que algunas veces incluso me estresaba pensando que no las exprimía lo suficiente.

Tampoco me quiero poner dramática. Lo normal fue siempre un regreso animoso a las clases, con afán de superación y novedades didácticas para conseguirlo. Pero también es cierto que los últimos cursos, de recortes extremos y de edad provecta, me sentía bastante cansada física y emocionalmente.

Ahora mismo, la primera diferencia vital que noto es que estoy muy recuperada en esos dos ámbitos. Y por ello, voy a iniciar mi tercer curso de profe jubilada contentísima y con planes interesantes. Claro que son menos osados de lo que haría si no siguiéramos en esta pandemia tan larga, pero son.

La segunda diferencia tiene que ver con los viajes y el desplazamiento de las fechas vacacionales. En 2019 salimos en septiembre por primera vez en nuestras vidas. Y disfrutamos quince días estupendísimos en Portugal. En 2020, mucho más prudentes por la COVID-19, nos atrevimos con una semana en Cáceres, también en ese mes. Este 2021, ya lo he comentado en algún otro post, no tenemos planes. Improvisaremos. Ya se verá cuándo, dónde y cómo.

Y en fin, ya que escribo de semana en semana, hago también los apuntes climáticos y de escritora en estos párrafos últimos. Respecto a las temperaturas, agradezco que haga menos calor. No estamos exentos de sufrir otra ola extrema, seguimos en pleno verano. Pero ya se nota la proximidad del otoño, porque las noches son más largas y el ángulo solar menos amplio.

En lo que a mis afanes escribidores se refiere, solo hago constar que sigo. Tuve algunos días de descanso, que me vinieron estupendamente, pero he vuelto a la tarea con renovado vigor. Despacito, eso sí. No merece la pena estresarse. No hay prisa.

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Mediados de agosto, calor extremo

Son las siete de la mañana y ya hay 27ºC. Dicen la previsiones que hoy será el día más caluroso de la ola que nos viene afectando desde el jueves. La noche ha sido tropical. Resistimos gracias al aire acondicionado. Y a que la casa tiene buenísimos aislamientos.

Escribo poco, me siento espesa con esta calorina. Pero lo hago. Para no perder comba, ritmo, costumbre.

Soñé que bebíamos sidra en Asturias, rodeados de amigos. El subconsciente me da lo que no tengo. Seguimos aislados, solos, casi recluidos. El bochorno no invita a salir.

En diez días G cumple treinta y siete. Y hace treinta que vinimos a vivir a esta casa y a este barrio. tengo sesenta y dos, me digo a menudo, para no olvidar quién soy y que ya enfilo la última fase vital.

He abierto todas la ventanas de la casa y no circula ni un poquito de aire. Al menos que ventile, me digo. Las cerraré enseguida.

Así es el verano. No me quejo. Estamos bien, que es lo importante.

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Agosto 2021

En cierto modo, esto podría aparecer en mis dos novelas B72 y B81

Todavía me resulta rara nuestra nueva costumbre de no salir de vacaciones en verano. Solo la hemos vivido estos dos últimos años. El caso es que la ciudad, el barrio, la calle se vuelven extraña y agradablemente silenciosos. Para nosotros, que huimos de las multitudes, es estupendo. La verdad es que no echamos en falta las playas, por escasa o nula costumbre de baños y esas cosas veraniegas. Por no hacerlo, ni pisamos la piscina comunitaria, que está en la calle de al lado. Se nos olvida. A veces me digo que debería hacer el esfuerzo. Luego me contesto a mí misma que para qué.

Ahora, además, playas y piscinas están bastante abarrotadas. Y más aún con las restricciones de la pandemia. Bueno, el caso es que JC trabaja (teletrabaja varios días por semana), y que en septiembre tenemos cosas que hacer aquí, así que no vemos posibilidades de salir un poco hasta octubre o noviembre. Me pregunto qué pasará entonces con la COVID-19 y cómo estarán las regulaciones. Tiempo al tiempo.

He mandado mi manuscrito de B72 a varias editoriales. De una ya me han contestado que no es lo que buscaban. No tengo prisa. Voy escribiendo B81 y además tengo en mente una breve guía didáctica de lectura para Nina, aunque apenas la he empezado.

Poco más puedo contar. Voy aprendiendo que vivir es esa serie de sucesos sencillos e intranscendentes (por favor, no necesitamos de los impactantes), esta serie de pequeñas alegrías y pequeñas decepciones. Sin más. Y las asumo y disfruto todo lo que puedo.

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Poco nuevo que contar

Las cosas siguen adelante sin estridencias. Y nosotros continuamos con ellas, en casa, huyendo del calor y de las multitudes.

Dieta cuidada, algún paseo, y todo el tiempo dedicado a conseguir desconexión emocional y física.

Confieso que escribo poco y que leo apenas más que los periódicos. Solo busco relax mirando el jardín. Y compartir con JC comidas sencillas, pelis y series.

Vivimos inmersos en un suave y cómodo estoicismo vital.

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Demasiado tiempo sin apuntar nada aquí

Últimamente escribo cada diez días. Qué barbaridad, es que se me pasan las horas sin sentir, solo descansando. Pero no ha sido mala práctica. Ahora ya me siento mucho más animosa y dispuesta, después de unas semanas de agotamiento total.

Sigo con mi dieta. Bajo de volumen despacio, y muy poco de peso, pero no me agobio. Por mi cuenta, con tranquilidad, me va mejor. Los complementos que me habían recomendado me sentaban horriblemente, pero ahora, a mi aire, estoy encantada. Duermo bien y me levanto plena de energía. Es cierto que no hago demasiada actividad física, solo caminar. Pero también que ha sido un acierto dejar los ejercicios recomendados, que me provocaron dolores y vértigos. Me temo que los médicos mandan las mismas actividades a todos los pacientes siguiendo su protocolo y sanseacabó. Y yo ya no tengo edad para exageraciones. Ha quedado clarísimo.

Compruebo, también, con alegre estupor que estoy tranquila, que por primera vez en años no me resiento de mi estrés. Hasta el punto de que puedo tomar té de desayuno sin que me altere la teína. Me pregunto si podría ser un efecto de esta dieta. Si algo de lo que no como ahora hubiera dejado de afectarme, sería muy fuerte. Tengo que seguir reflexionando sobre esto, no es baladí.

En otro orden de cosas, quiero reseñar que he leído una novela estupenda, Tea rooms. En muy pocos días. Con fruición, como hacía antes. Echaba de menos el gustazo de devorar una historia. Todo el tiempo que había pasado sin hallar una que mereciese la pena. Y como no es la primera vez que me pasa, empiezo a pensar que el asunto no depende de una supuesta incapacidad mía. Que mi aparente y preocupante desgana se debe a que los textos no me enganchan. No es desidia. Simplemente es que no quiero perder el tiempo con memeces. Porque no me sobra vida para tirarla en libros malos. Porque mis filtros internos se han vuelto más selectivos y exigentes.

Y en cuanto a la escritura, qué lástima, no hubo alumnos suficientes para el curso de teatro que me tanto me apetececía. Mecachis. Pero volvió a salir el de Proyectos Narrativos y ya me enrolé, aunque no empiece hasta octubre. Ahora, en verano, continuaré redactando B81. Y me tocará buscarle editorial a B72. Con paciencia. Como vengo haciendo los últimos años.

Jolines. Esto es lo que pasa por tardar tanto en escribir, que se me amontonan las cosas. Pero hasta aquí he llegado hoy. Pongo el punto final.

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He medio perdido el sentido del tiempo

Una de las últimas fotos en mi aula

Hoy se acaba el curso. Es el segundo que ya no ejerzo. Me sigue resultando raro.

Sé, porque les he visto ayer mismo, que mis compañeros tienen el claustro final. Bueno, los compañeros que van quedando, pues cinco ya no empezarán el 2021-22, por jubilación o por traslado.

Y reflexiono. Dentro de poco ya no conoceré a nadie del centro. Incluso el personal no docente tiene una edad y se irán en breves años.

Y si pienso en mis últimos alumnos, constato que les quedan también poquitos cursos. El próximo harán 4° de ESO y 2° de Bachillerato. Salvo algún repetidor, escaso margen habrá ya de chicos que me pudieran conocer 🙂

Pero no me quiero dejar llevar por la melancolía. Esta nueva etapa vital la estoy viviendo con la máxima consciencia. Y la estoy disfrutando, a pesar de la COVID-19 y los confinamientos. Es verdad que sigo tendiendo al estrés, lo sé, y a exigirme en demasía. No me resulta fácil ser más autoindulgente. Pero lo intento. Y a veces, incluso, lo consigo.

En todo caso, me encuentro mucho menos cansada que en mi anterior apunte. Me he enrolado en un par de actividades veraniegas y estoy animosa y feliz.

En cuanto a NINA se sigue vendiendo bastante bien, la editorial está contenta. El verano será un parón, pero para el otoño intentaré presentarla en sociedad. Ojalá todo vaya bien 😉

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Una crítica a NINA que me llega al corazón

Añado aquí la PRIMERA CRÍTICA de mi humilde novela, que me llega en Instagram. Mil gracias a Victoria, una amable lectora desconocida, joven, acostumbrada a tochos mucho más largos (por lo que dice y por las fotos de sus otras publicaciones).

🖼️ Nina es uno de los libros que más he disfrutado leyendo este año. Terminé la novela esta madrugada y aún sigo pensando en ella.La historia de Nina y Sofía (y Alma) te atrapa desde la primera escena. La prosa de Marisol es tan bonita que es una maravilla leer cada página. La vida de Nina es muy dura, transcurre durante la Transición. Sus diarios te transportan hasta aquellos años y a través de las palabras de Nina es como si estuvieras allí con ella. Porque Nina te atrapa y no te suelta, es uno de esos personajes en los que sigues pensando después de haber cerrado el libro. La forma en la que Sofía, la melliza de Nina, va descubriendo la verdad sobre su hermana (y su familia) es desgarradora. Me ha gustado mucho cómo se han ido intercalando las historias de las dos hermanas en diferentes épocas. La novela también nos recuerda la importancia de la memoria histórica. En definitiva Nina es una novela que merece muchísimo la pena, que te atrapa y no te suelta. Es cortita, se lee en un suspiro y te acaba dejando con ganas de leer todo lo que escriba la autora.

Lo que cuenta tranquiliza un poco mi agobio, pero no se va tan fácilmente el síndrome del impostor. Además, se añade a cierta sensación de vacío existencial, supongo que también típico de los escritores. Tantas horas dedicadas a escribir un texto de (50.000 palabras, que tampoco es que sea novela corta), y ya, se ha publicado. Punto.

No sé si es un éxito o es un plof. Además, que ahora todos me esten diciendo que se lo leyeron muy deprisa me desconcierta. Espero que sea más porque resulta ameno que por ser demasiado breve.

En fin, que aquí sigo, a dieta, descolocada, un poco triste… Menos mal que hoy se pasa mi hermanita a buscar sus libros y eso me alegra el día.