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Noviembre, por fin

Lo más agobiante ya pasó. Quedan los últimos flecos de este cuatrimestre hípercargado. Esperamos que el año próximo todo sea más cómodo, porque  la  ansiedad se ha adueñado de mí y he tenido que volver al médico.

Ojalá.

Yo no pedí esto. Es un marrón que algunos hacen por ego. No es mi caso. Lo he asumido por militancia,  pero ya que me tocan las responsabilidades, quiero marcar yo los ritmos.

Y en eso estamos.

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Exceso de trabajo

Tengo varios asuntos en marcha, el estrés de coordinarlos y el enfado por los obstáculos que provocan los estúpidos.

Ya lo dice el refrán: De los tontos líbreme Dios, que de los listos me libro yo.

En fin, es triste, pero intentar explicarles el porqué de las cosas es como darles margaritas a los cerdos. Los bobos no entienden razonamientos, de ninguna índole, solo les suenan a disculpas.

Conclusión: no hay que gastar saliva en ellos. Órdenes simples para sus mentes simples. Y punto.

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Cinco semanas

Dentista, implante y tratamiento posterior han sumado agotamiento al cansancio. Desde agosto, no hemos parado. Este finde, menos mal, sí.

Nada del otro mundo: simplemente descansar. Aunque me agobio pensando todo lo que tenemos que hacer aún. Y no hay tanta desconexión como me gustaría.

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Vorágine

Así me veo últimamente, haciendo equilibrios y con el tiempo medido. Menos mal que voy cerrando pendientes. Ya tengo casi todo organizado: bitácoras y sus PHP, actualizaciones, viajes, salidas, quedadas, comidas, exposiciones y jornadas… uff. Pero ¡¡qué estrés!!

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Septiembre

Primera semana de locura, organizando todo el cuatrimestre. A ver si pillamos ritmo y no es tan trabajoso de aquí en adelante.

Y, encima mis bitácoras están tontas y no consigo solucionar el cambio de PHPs. De resultas, estoy cansada, estresada y un poco harta.

Pero seguiré insistiendo.

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23 de agosto de 2025

Volvimos a casa en plena ola de calor, con 42°C en la calle y 31 en nuestro dormitorio. Sólo pudimos soportarla escondidos dentro y con el a/a.

Sigo trabajando la exposición de la Aso. Me está llevando muchas horas, aunque finalmente creo haber dado con el formato necesario y por fin veo luz al final del túnel.

Hoy es el cumpleaños de G y comeremos juntos. El pobre ha estado pachucho, con un resfriado veraniego desagradable y áspero. Ojalá hoy esté medianamente recuperado.

Han bajado la temperaturas, por fin, y puedo reorganizar las múltiples tareas pospuestas. A ver si dura la tregua lo suficiente.

Y a ver si en septiembre me llaman de alguna editorial. Cruzo los dedos.

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Desde el occidente astur

Es duro asumir que ni siquiera en estos pagos, perdidos en los valles más al oeste de Asturias, nos podemos sustraer a las olas de calor.

Aunque vinimos aquí con esas pretensiones, me temo que no hay ya refugio climático posible en nuestro país. Los días han sido más tórridos de lo que creíamos. Y menos mal que por las noches refrescó lo suficiente como para poder dormir serenamente.

Mañana regresamos a casa, si los múltiples incendios no lo impiden. De momento, parece que nuestro camino de vuelta está libre.

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Verano en casa

Es nuestra costumbre evitar las multitudes del verano y viajar en las otras estaciones. Con la Aso, al menos hasta que nos organicemos bien, los viajes se han reducido al mínimo. Cachislamar.

Ahora mismo, resistimos gracias al a/a. Volveremos a salir brevemente, aprovechando el cierre total. Pero nos cuesta no poder disponer de los días, como antes. Y mucho más si hay gilesdeloscandiles protestando de todo. Mis maldiciones.

Seguimos por responsabilidad. Si alguien no lo entiende, es su problema. Si cree que nos mueve afán de poder o de gloria, porque no entiende la filantropía, solo retrata su mezquindad y su pobreza de espíritu.

Hace calor, elaboro un trabajo denso. Mientras me alcance la fuerza.

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Cortas vacaciones

Ya estamos en casa, y hoy, qué suerte, puedo teclear en mi PC de la buhardilla, aprovechando los últimos minutos de fresco. Este finde descansaremos, pero luego, todavía, quedan varias jornadas de trabajos variopintos. Hasta que llegue la desconexión absoluta, que nos vendrá estupendamente, de una quincena de agosto.

Hace un calor denso, que ralentiza mis neuronas y me pone la cabeza como un bombo. Ahora mismo me rondan ya los malestares de falta de concentración, espesor mental y pocas ganas de moverme. Así que me voy.

Cerraré las persianas y me refugiaré en el salón, donde, espero, todavía podré disfrutar del airecillo agradable que se ha levantado hoy.

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Gijón y Oviedo

De nuevo volvemos a Asturias, aunque un poco menos animosos.

El finde, con Gonzalo. Luego unos pocos días de desconexión.

Temperatura deliciosa, eso sí.

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Calor y hastío

Como todos los veranos, cada vez más insufribles, nos hemos recluido en casa, sorteando el bochorno épico a base de aire acondicionado y evitación de horas punta. Las obligaciones nuevas añaden más carga emocional, por eso, aunque vayamos a salir de vez en cuando, la cotidianidad todavía se siente incómoda.

Escribo poco. Pierdo fuelle por la complicación continuada de la búsqueda de editoriales. Somos demasiados los que escribimos. No hay lectores para tanta novedad, ni entre los grandes, y yo solo soy un pececillo de edad provecta. Sigo esperando respuesta de algún editor medianamente serio. Mientras tanto, mi quinto proyecto avanza despacito.