
Es duro asumir que ni siquiera en estos pagos, perdidos en los valles más al oeste de Asturias, nos podemos sustraer a las olas de calor.
Aunque vinimos aquí con esas pretensiones, me temo que no hay ya refugio climático posible en nuestro país. Los días han sido más tórridos de lo que creíamos. Y menos mal que por las noches refrescó lo suficiente como para poder dormir serenamente.
Mañana regresamos a casa, si los múltiples incendios no lo impiden. De momento, parece que nuestro camino de vuelta está libre.