
Escribo de tarde en tarde, más que nada para no perder el hilo. Desde ayer llueve sin parar. Y un viento inclemente arranca las hermosas hojas que habían pintado el jardín con los tres colores otoñales. Se me cansan los ojos en el móvil, también en la tablet. Por eso he tenido que subir a la buhardilla, para redactar estas líneas en el ordenador. Y me pregunto si esto puede solucionarse con gafas o es que estoy empeorando con rapidez. Tengo consulta médica la próxima semana. Ya contaré.
Avanzo en mis tres cursos, con altibajos en todos. Ciertamente activan puntos distintos de mi corteza cerebral y además me divierto, así que objetivo conseguido. En algunos casos también me ayudan a re-establecer relaciones personales, asunto no baladí despues de tantos meses de aislamiento pandémico.
Lueve, llueve, llueve. Oigo las gotas golpear en el tejado, mientras también suenan las teclas de mi PC. Es agradable. No lo es tanto la bajada de temperaturas. Me abrigo con una sudadera. La verdad es que teníamos demasiado buen tiempo, pero ya llega el frío, como debe ser a finales de octubre.
Me siento dichosa y bendecida por disponer de tiempo, lucidez y enregía para actividades que durante mi vida laboral no pude permitirme. Me decía que las estaba postponiendo para más adelante, una arriesgada apuesta vital que, afortunadamente, incluso a pesar de mis dolencias visuales, ha resultado bien.
Por eso apunto este regalo de la vida con agradecimiento. Y sigo glosándola en estas entradas de blog.