





Me costó dejar el rojo, me encantaba, pero era una esclavitud teñir cada dos semanas. Y ya tenía demasiado resentido el cuero cabelludo.
En enero, nada más volver de Roma, cambié el rojo brillante por uno más parecido a mi color natural.
Luego, abandoné el tinte y dejé crecer las canas.
Las he estado disimulando con una esponja y polvitos oscuros que las tapan pero se van con un lavado. Fue largo, de febrero a junio. Y era un tostón hacerlo cada vez que tenía un asunto importante.
Pero finalmente, he hecho la transición. Esa soy yo ahora. Libre de ataduras. Feliz.
Gracias @laurafarinacentroavanzado por su excelente trabajo