Se acaba el mes. Llevamos dos semanas confinados y lo que nos espera todavía. Supuestamente quince días más, pero las universidades, por ejemplo, ya cuentan con que no se volverá a las aulas. Y sus clases, en teoría, terminan entre finales de mayo y primeros de junio.
Por extensión supongo que no volveré a EdE hasta después del verano. No me importa seguir con las vídeo conferencias, me libera de dos horas de transporte. Y para el siguiente curso, ya veremos. Ayer se despidieron dos compañeras. Una de ellas era mi homónima, que parecía inaccesible al desaliento. No sé si me quedé sola con los tres profes. Espero que ME continúe. Si era capaz de volar desde Francia por acudir a la clase, la vídeo conferencia tiene que resultarle mucho más apetecible. Y, por otra parte, es de esperar que se añada alguien más para el próximo trimestre, ¿no? En todo caso yo sigo, me hace bien ese encuentro semanal.
Hoy JC hará la compra para nosotros y para Ela. Se la llevará en un intento de que tenga suministro para las dos próximas semanas. Más adelante ya veremos. Compruebo que estoy cargada de miedos, que me asusta que tenga que ir hasta allí y cruzarse media ciudad. Como si no fuera lo que hace cada día en condiciones normales.
Son las siete. Llueve. Oigo el agua tras los cristales. Parece una lluvia calma, sin viento, suave. El cielo gris y el desplome de las temperaturas harán que el día sea más triste. Estaré intranquila sin JC, con el miedo atávico de quedarme sola ahí, palpitando. Lo reconozco, lo asumo, lo combato como puedo.
Me dedicaré al último episodio de Maestros de la costura y a escribir, que vuelvo a tener sesión el viernes.
