Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Viernes 27 de marzo de 2020

Hoy tengo la vídeo conferencia del Taller de Proyectos Narrativos y no he escrito demasiado. El lunes haremos una nueva sesión, y no sé cuánto avanzaré en el finde, me temo que no tendré mucho material para esa segunda cita. Y, claro, tampoco para la del viernes siguiente. Me cuesta mantener la escritura. Me falta serenidad de espíritu. Y se me va el tiempo tontamente. Necesito las vacaciones de semana santa. Qué paradoja.

Estamos bien. Yo sigo con un dolorcillo de cabeza a ratos, JC estuvo cansado unos días y tal vez tenía febrícula alguna tarde, máximo 7,4°C, tan leve como la llamada fiebre del heno. ¿Esos síntomas son coronavirus flojos? Vaya usted a saber.

Empiezo a estar harta, aunque no lo acepte, aunque me diga a mí misma que este confinamiento no puede conmigo. Hay una tensión, un estrés latente, que me afecta aunque no me dé cuenta. Esta noche debería tomarme un par de píldoras de hierbas relajantes de parafarmacia, valeriana, espino y esas cosas.

En fin, me voy a la ducha. Espero que hoy sea un buen día, por favor.