Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Sábado 28 de marzo de 2020

Son las siete y media. Sábado otra vez, tengo que escribirle a Rodrigo. En este encierro pierdo el sentido del tiempo, menos mal que escribir aquí unas líneas cada mañana, nada más despertar, me mantiene orientada y lúcida.

Dispongo solo de dos días para avanzar algo en mi escritura. En el duermevela me angustiaba intentando adelantar alguna cosa, pero nada, imposible, solo ansiedad, a pesar incluso de las pastillas «Serenil» creo que se llaman. No están mal, pero las que de verdad me van bien son las de amapola de California, y no las encuentro.