Una hora más tarde, por el cambio anual de todas las primaveras, vuelvo a escribir aquí. Son las siete y media, es domingo, apenas conseguí avanzar dos páginas en mi novela, noto cómo se me redondean vientre, muslos y nalgas, me duele la espalda y se mantiene el dolorcillo de cabeza. Este es mi parte de sensaciones nada más despertar.
Se me hace pesada la reclusión. Procuro vivir el presente, porque si miro hacia adelante veo todavía muchas semanas sin poder salir y me agobio. Las previsiones para la educación llegan a finales de mayo. No lo dicen explícitamente, pero se sobreentiende. Y ese confinamiento es una buena medida para pulsar lo que nos espera. Si miramos a China, ahora empieza a levantar unas restricciones que empezaron en enero. Si miramos a Italia, todavía no se ve salida.
De momento todo bien. Esperemos que siga así. Alguna curiosa experiencia en Facebook. Poco más. Subiré a la buhardilla a seguir con la historia de mis personajes. No entiendo por qué me cuesta tanto.