Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Lunes 30 de marzo de 2020

Son las nueve. Llevo una hora leyendo el periódico. Voy a darme una ducha y a desayunar, de momento solo me he tomado el té que siempre traigo a mi mesilla. A las once disfrutaré de nuevo una vídeo conferencia con mi grupo de escritores. Me motiva mucho verles, oír sus voces, leer y escuchar sus textos. Me anima a seguir adelante con mi novela y a no caer en una rutina destructora. Conseguí terminar dos páginas, cinco caras más o menos. No es mal ritmo, supongo, aunque está escasamente corregido. Estoy contenta.

Y poco más. Ando pensando también en mis posibles vídeos didácticos. De momento con tanta escritura apenas los empecé a planificar. A ver si me pongo en los próximos días. Al menos está ya el canal preparado. Estas circunstancias de confinamiento me empujan sin yo quererlo. Tendré que tomármelas como una señal y acometer ese trabajo.

Nueva semana, nuevo lunes, esta noche es la última entrega de Maestros de la costura. Me ha parecido menos mediocre que la segunda temporada, pero bastante anodina. La primera quizá fue mejor. O solo sucede que era novedosa y desde ella todo es más de lo mismo. En fin, programa para pasar el rato y renovar mi interés por esa afición costurera que tengo en stand by, excepto por mi renovada suscripción a la revista Patrones.

Repaso y corrijo este texto hasta que queda a mi gusto. No solo es un diario que me ayuda a entender y asimilar el ritmo del tiempo, sino un continuo ejercicio de estilo.