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11 de marzo de 2020

Las 7:38. Tu hora. El día fatídico. Hace dieciséis años.

Pienso en ti hoy, sin ningún acto posible porque todos se han suspendido por la amenaza del coronavirus. Hasta eso nos han robado, porque la alerta en Madrid ha empezado hoy. Casualmente. Un problema menos para los del trifascio, que así no tiene que aguantar que les echemos en cara sus mentiras.

La actualidad informativa es el virus. Ya nadie se acuerda de las víctimas. Ni siquiera en nuestro día, que ha sido astutamente ninguneado.

Nos reuniremos con G y al menos estaremos juntos.

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Martes 10 de marzo de 2020

Ay, el día antes. Con una crisis sanitaria y cierre de colegios mañana. Me iré a la compra. Veré vídeos. Intentaré no pensarlo mucho. Si es que se puede.

Y sí, la florista es la de la mala crítica para el libro de Rodrigo en Amazon. No volveré a encargarle nada. Y ya veremos si no le devuelvo su jugada.

Tristeza.

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Lunes 9 de marzo de 2020

Qué cerca está el once, qué normales y tranquilos parecían estos días previos hace dieciséis años…

Emerjo de entre las sábanas a las nueve menos cuarto, después de haber dormido más de ocho horas, un récord para mí. Y de tres aeropuertos, que son un estrés y un agobio cuando solo se lleva equipaje de mano.

Entre la ingravidez del sueño y mi inconsistencia habitual, disfruto de estar en mi casa, en mi madriguera, con un sol brillante y el día recién comenzado por estrenar.

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Domingo 8 de marzo de 2020

Hoy he dormido mal. Después de una jornada abrumadora de coche y largo paseo por la calzada de los gigantes, volvimos agotaditos al hotel. Cenamos pronto y me metí también muy pronto en la cama.

Ahora son las cinco inglesas, llevo desde las dos dando vueltas en la cama. Supongo que he dormido cuatro horas y media. Or something like this.

Estos tres días aquí de reactivación de la zona donde mi cerebro tiene archivada la lengua inglesa están resultando muy cansados. Me temo que mi estrés está aumentando. Sueño con frases y palabras, mi inconsciente busca fórmulas para expresarme y superar la frustración de reducir mis pensamientos a las estructuras y el vocabulario que soy capaz de usar en inglés. Es curioso esto de soñar con asuntos lingüísticos y no con imágenes.

Porque desde luego los paisajes de ayer en Giants causeway son como para soñarlos. Una maravilla. Aunque, menudo viento, debe de vivir allí, vamos, terrible.

Hoy nos espera una visita a los astilleros del Titanic y una vuelta a casa de dos aviones y tres aeropuertos, que tampoco es moco de pavo. Llegaremos tardecito, y al viajar hacia el Este perdemos una hora; me temo que será agotador.

Así que un finde en Asturias, otro en Irlanda del Norte y el siguiente tampoco podremos descansar, ya que Getafe hace el memorial el sábado 14 por la mañana. Con los actos del propio día 11 entre medias. Ufffffff.

No sé si se me ha ido la mano y será excesivo. En todo caso es lo que hay, así debo seguir. Y si no me viene bien, ya lo sabré para otra ocasión y procuraré suavizar esto de salir de mi zona de confort.

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Sábado 7 de marzo de 2020

Todo salió bien. Es un trago dar un discurso en inglés. Supongo que he tenido incontables fallos, pero creo que me hice entender lo suficiente. JC también dijo unas palabras. Y al final nos aplaudieron puestos en pie, más de 200 personas, me impresionó mucho.

Hoy no había buenos vuelos así que nos vamos mañana. Emplearemos el día en conocer lugares hermosos, si el clima lo permite. Hasta ahora estamos teniendo sol y buenas temperaturas, una gran suerte.

Son las siete en España. Oigo los coches de la calle principal, entra muy poquita luz todavía. Añoro mi casa y mi cama, aunque estas almohadas y colchón son muy cómodos.

Echaré una nueva cabezadita. Hasta pronto.

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Viernes 6 de marzo de 2020

Son las siete y media de España, una hora menos en Belfast. Me dormí sobre las doce. Veo que empieza a clarear y que no todo son nubes. Vuelve a sonar el tráfico de la calle. Estamos en una habitación muy grande, con una cama doble y otra individual, almohadas y edredón de plumas y suelo enmoquetado. Espero que no me dé la alergia, parece todo muy limpio.

El vuelo de Madrid a Liverpool duró dos horas y media, pero el de allí hasta Belfast ni siquiera sesenta minutos. Lo peor, el transbordo con tres horas de espera y pasar dos inspecciones de maletas, bolsas y zapatos. Con cacheo incluido.

Aquí Kenny Donaldson nos vino a buscar al aeropuerto, nos mostró la ciudad, nos acompañó al hotel, a la misma habitación, donde nos regaló libros, folletos, un DVD y hasta una corbata. Por si fuera poco, nos hizo bajar para solo diez minutos, decía, y era la disculpa para invitarnos a cenar. Pizza casera muy rica y una pinta de guinness en el hotel. Bueno, yo bebí agua con gas.

Hoy tenemos la mañana libre, nos recogen a las tres para ir a Stormont. El evento será a las siete. Mañana nos llevan de excursión a la calzada de los gigantes y alguna otra cosa de interés. El domingo tenemos un tour por la ciudad y luego nos llevarán al aeropuerto. Qué gran hospitalidad. Muy majos.

Lucho con las sensaciones de irrealidad. La inconsistencia me envuelve. Pero, mejor, así no pienso en lo cerca que está el día once.

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Jueves 5 de marzo de 2020

Escribo desde un hotel en Belfast, después de tres aeropuertos y dos vuelos. Son las 22:41 de aquí, casi las doce de la noche en Madrid. Me acabo de tomar una pizza, a la porra mi dieta, y tenemos dos días intensos por delante.

Ya contaré mañana.

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Miércoles 4 de marzo de 2020

Hoy casi me olvido de escribir, que es lo que hago siempre antes de levantarme. El estrés de que tenía que teñirme y lavarme el pelo antes de que llegase L me ha podido. Menos mal que luego, ya en mi buhardilla, me he dado cuenta y pongo estas líneas.

Sigo ansiosa. El efecto aniversario y la cantidad de memoriales (y de viajes) en que me he comprometido este año me revuelven un poco más. Lidio como ya sé con la ansiedad, pero no puedo evitar sentir deseos de huir, que es lo más cómodo para combatirla.

Llevo días fuera de mi zona de confort. Me esperan otros similares. Pero fue una decisión responsable y la asumo, aunque me cueste algunos malos ratos.

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Lunes 2 de marzo de 2020

Escribir «marzo» me incomoda. Ya estamos en el mes de nuestro dolor. Me distraigo un poco con las presentaciones de Asturias. Y con el próximo viaje. Pero subyace una angustia soterrada que se incrementa según pasan los días. Hoy, además, me toca estar sola, después de cinco jornadas intensas, siempre con JC.

Aprovecharé para revisar el texto en inglés. Para memorizarlo un poco. Para hacer la maleta. Para ponerme aún más nerviosa.

Imprimí Nina con la intención también de corregirla si llega el caso. Solo leí unos cuantos capítulos, pero me pareció de nuevo muy mediocre. Ay, tanto trabajo para ese resultado. No me termina de convencer.

Y me pregunto si me va a pasar lo mismo con la siguiente, si soy objetiva, si me asalta el síndrome del impostor o es la pura crítica real.

Hace mucho viento. Espero que no arranque todas las flores de los prunos, que este año están bellísimos y aún no les hice las fotos que se merecen.

Llevo 251 seguidos escribiendo en este blog. Y seis meses jubilauta. La nueva vida me sigue resultando extraña. No sé cuándo me acostumbraré.

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Domingo 1 de marzo de 2020

Me temo que las cinco y media es demasiado temprano para despertar, pero es lo que me pasa. Aunque, todo hay que decirlo, me siento bien, no tengo cansancio. La verdad es que se agradece una cama tan cómoda, cunden más las horas de sueño. La de Oviedo no era mala, solo algo más dura, pero ni de lejos como esta.

Los primeros segundos, solo consciente a medias, he dudado de la ubicación en que me hallaba. Por un momento he creído que la puerta eran las ventanas de la habitación de Oviedo. Me fascina esa tendencia de mi cerebro a recordar los lugares en los que pernocto. La supongo un instinto atávico de protección. El refugio donde se duerme debe ser muy seguro, porque se pierde la consciencia y se queda uno a merced de cualquier circunstancia adversa.

Reflexiono sobre estos días tan especiales. Han sido muy bonitos. Y con un hermoso final. Por si fuera poco, me han llamado para que haga otra presentación en Usera. En abril. Tengo los calendarios bien llenos, no me aburro, no.

Un día me doy de descanso y regreso al texto para Belfast. Para la escritura en español todavía no tengo tiempo disponible.