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Sábado 29 de febrero de 2020

Son casi las siete de este día extra que solo existe cada cuatro años. En unas horas nos volvemos a casa, después de una última presentación muy emotiva. Me invaden más que nunca las sensaciones de irrealidad.

Anoche coincidía nuestro acto con otros dos, uno feminista y un tercero sobre muerte digna a los que nos habría encantado acudir, en otras circunstancias. Pero aun así hubo bastantes asistentes.

No pudo estar, sin embargo, Benigno. Nos habría gustado darle un abrazo, y además nos quedamos preocupados por él y su salud. Pero Moncho ocupó su lugar en la mesa, a mi lado. Y no hay agradecimiento suficiente para su amabilidad y todo el trabajo que ha hecho por conseguir estas tres presentaciones. Por supuesto, extiendo los abrazos agradecidos y emocionados a Angel, Chefor y Alejandro, que fueron nuestros anfitriones en Gijón, Avilés y Oviedo.

Ha sido todo muy especial, denso física y sicológicamente, emocionante, perturbador… En los próximos días nos esperan más actos memoriales a los que vamos siempre llenos de emoción y de recuerdo y que nos dejan exhaustos. Pero vamos. Por la memoria. Y por Rodrigo.

Dejamos Asturias arropados con el cariño y la amistad. Los mejores antídotos contra el dolor que se remueve cada aniversario.

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Viernes 28 de febrero de 2020

Hoy es festivo en el calendario escolar que ya no me afecta pero sigo por el contacto con mis compañeros. Son las siete aunque llevo despierta desde las cinco y media. Anoche me dormí pronto, agotada de tanta actividad y de las pocas horas de sueño que arrastraba del día previo.

Pasamos la mañana en Salas y sus alrededores, viendo iglesias, monasterios y museos del prerrománico con el grupo de Pensionistas de Asturias con el que ya tengo algunos vínculos. Fue agradable, aprendí un montón, comimos como limas y acabamos agotados.

La presentación de Avilés salió bonita, aunque tuvo muy poca audiencia. No todo el mundo tiene capacidad de convocatoria, está claro. Pero a mí no me importa, yo transmito mi información con el mismo cariño e interés.

Hoy tenemos la mañana libre. De momento aprovecharemos para dormir, hacer el vago, disfrutar de la terraza y del apartamento. Luego ya veremos.

Y mañana regresamos a casa. Qué pronto. El tiempo se desliza como arena entre los dedos.

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Jueves 27 de febrero de 2020

Son las siete del segundo día en Asturias. Estamos hospedados en Oviedo, en el aparthotel de siempre. Esta vez en la séptimo planta, con mucha luz y unas hermosas vistas sobre la ciudad. Además de una enorme terraza con tumbonas.

Ayer fue un día productivo, pleno de acciones: el viaje hasta aquí, agradable y sin contratiempos, la recogida de Moncho, la llegada a Gijón y su mar embravecido… Luego la comida con más amigos, una copa frente a ese Cantábrico invernal, las aproximaciones al lugar del evento, las pruebas de imágenes y sonido una vez nos aposentamos. Un no parar.

La presentación se hizo en un enorme salón de actos muy hermoso, el del antiguo instituto Jovellanos. Marta y su cuidado texto sobre el libro de Rodrigo me antecedieron durante unos quince minutos. Finalmente llené una media hora más con mis imágenes de PowerPoint y algunos de mis textos preparados al efecto. No todos, para no hacer el asunto demasiado largo.

Ya en Oviedo, que está a unos treinta kilómetros, dejamos a Moncho cerca de su casa. Luego cenamos JC y yo, con tranquilidad, a pesar de un partidazo de fútbol y las pantallas gigantes, y los hooligans que cantaban los goles. Fue más pantagruélicamente de lo previsto, porque aquí las raciones son enormes, así que volvimos al hotel rodando, como bolas, ahítos sin haberlo pretendido.

Y ya en pijama dimos las buenas noches a Gonzalo. Nos acostamos más tarde de lo usual, sobre las once y media. Me costó mucho coger el sueño. Al final es que salir mi zona de confort me altera. No conseguí dormirme hasta la una. A las seis, qué mala suerte, el móvil de JC empezó a quejarse. Y ya no he podido volver a engancharme con Morfeo. Esta noche me caeré de cansancio, seguro.

Pero esa es otra historia. Ahora, en breve, toca una excursión con visitas artísticas y arquitectónicas con el grupo de Pensionistas, comida incluida. Hemos quedado con Monchu a las nueve y cuarto. Luego repetiremos el mismo sistema: nos acercaremos a Avilés y tomaremos un chisme hasta la segunda presentación.

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Miércoles 26 de febrero de 2020

Son las siete menos veinte. Ayer estaba tan cansada que me dormí antes de las diez. Hoy me despierto temprano, con una dosis de inquietud, porque nos espera un viaje largo hasta Oviedo. Y luego a Gijón, donde tendré el primer acto.

Estuvieron ayer de nuevo dos periodistas de Radio Gaga. Un poco repetitivo todo, aunque entonces hablaba yo para la directora del programa, que supongo tenía que dar el visto bueno. Era curioso que la jefa fuese la más joven. Las dos hablaban castellano con sutil acento catalán.

Se me juntan el efecto aniversario, el estrés de los viajes y la responsabilidad de las presentaciones. Un buen cóctel que me saca de mi zona de confort. Pero que asumo por Rodrigo. Por su memoria digna y amorosa.

Los prunos han florecido. Este año dos semanas antes, debe de ser el calentamiento global. Su renacimiento y su hermosura son la lección que la naturaleza me recuerda cada primavera. Que hay que revivir y encontrar esperanzas de continuidad.

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Martes 25 de febrero de 2020

A las siete, como todas las mañanas, JC se va al trabajo y yo escribo estas líneas.

Hoy por la tarde vienen de nuevo las periodistas de Radio Gaga. Y por la mañana tengo MdlC, una compra y maletas para la tournee por Asturias. Así que un día cumplidito.

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Lunes 24 de febrero de 2020

Son las siete y cuarto. Oigo el tictac del reloj de la entrada mientras pienso cómo solventar algunos problemas cronológicos de mi nuevo proyecto narrativo.

El sábado estuvimos hablando de nuevo con nuestros jóvenes amigos sobre una posible quedada para celebrar mi jubilación. Para el otoño. Con eventos cortos. En una casa rural. Todavía está todo muy en mantillas, pero me ilusiona.

He olvidado la prudencia y comí de todo en el finde. Hoy me toca compensar el desaguisado. Porque los próximos días van a ser difíciles. Me temo que hasta el doce será un caos, pero no quiero tirar la toalla. Tengo que seguir esta lucha. Aunque a veces la pierda.

Ahora que han empezado los síntomas de alergia, supongo que los pólenes de cupresaceas se han disparado. Y está claro que algunos antihistamínicos me provocan hambre ansiosa. Lo que es bueno para el bazo es malo para el espinazo, ya lo dice el refrán. Me pasaré a otro producto. Y volveré a la dieta en cuanto me sea posible.

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Domingo 23 de febrero de 2020

Vaya, hoy es un 23F de infausta memoria. Tecleo medio grogui, necesitada de sueño, porque nos acostamos tarde anoche y apenas dormí cinco horas. Soy de despertares tempranos, mi organismo no sabe salirse de sus horarios establecidos. Aunque se quede corto de descanso.

Llevo tres días sin avanzar en mi novela. Hoy tampoco se presenta viable y supongo que mañana será el único en que pueda. Los siguientes prácticamente hasta el once estarán plagados de actividades. Y hasta ahí puedo anticipar.

Mi primer proyecto está terminado después de siete finales distintos. Lo retoqué con las aportaciones de una única lectora cero y la profesional. Ahora necesitaría otra vuelta, pero ¿a quién dirigirme con otra novela mediocre más?

Síndrome del impostor o comparaciones odiosas, nada me parece tan defendible como el libro de Rodrigo. Así que no sé si mi humilde primera novela merece ser luchada o es mejor dejar que se pudra en el olvido. Me digo a mí misma que al menos intentarlo un poco, por rentabilizar las horas de trabajo. Pero, lo reconozco, me faltan ambición y me inunda una pereza infinita.

Tengo ya una edad en la que desde luego ni voy a ser descubierta como autora, ni podría ponerse en mí la esperanza de una carrera con tiempo por delante. Solo es una afición que tuve que posponer hasta estas alturas jubilatorias por exceso de trabajo. Y que intento aprovechar mientras me duren unos pocos años de lucidez.

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Los dos patitos de febrero de 2020

Escribo tres bitácoras e intento avanzar con la novela nueva, leo, hago domesticidades y las horas no me alcanzan para mucho más. Siento que la ineficacia ha colonizado mi nueva vida. ¿O es que me ataca de nuevo el síndrome del impostor?

Paso revista a lo que he hecho estos meses sin obligaciones laborales sintiendo que no es suficiente.

  • Semana negra de Gijón
  • Vacaciones de verano
  • Terminar Nina
  • Acompañamiento de J y su enfermedad
  • Viaje a Portugal
  • Crear y escribir periódicamente en nueva página web de escritora
  • Tres meses de clases de corte y costura en Leganés
  • Dos meses de clases de Photoshop
  • Taller Proyectos Narrativos
  • Revisión de relatos para posible libro recopilatorio
  • Gestión y luego anulación viaje Venecia
  • Navidad y añadidos
  • Hacerle un abrigo a G
  • Médicos y gestiones Ela
  • Viaje Sevilla
  • Nuevo proyecto novela
  • Nueva situación doméstica con L
  • Gestiones y papeleos varios

Sin embargo, cuanto más anoto, más me congracio con lo que ha sucedido. No he estado ociosa. En realidad lo que me falta es iniciar mis prácticas de vídeo, mi otro gran proyecto.

Quizá debería hacer una planificación y encontrarle un tiempo para lanzarme a ello. Pero también es verdad que no lo he hecho todavía porque no quiero una chapucilla. Sé demasiado bien que para algo con cierta calidad se necesitan unas horas que no tengo si se las dedico a la escritura.

Por otro lado, ambos medios, el escrito y el audiovisual podían apoyarse mutuamente. El problema es que no sé si sería capaz de abarcar ambos sin excesivos agobios.

Conclusión final: haré pequeñas pruebas los lunes por la tarde. Mientras JC tiene reunión. A ver qué sale.

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Viernes 21 de febrero de 2020

Caigo en la cuenta de que esta mañana toca Taller de Proyectos Narrativos y me pongo contentísima. Qué pánfila, no me di percaté realmente hasta anoche, aunque llevo toda la semana escribiendo y corrigiendo. Pero, claro, es que ha sido entre otros mil asuntos y andaba yo con la cabeza menos centrada.

Las próximas jornadas tampoco serán aburridas. Estoy organizándome para varios eventos que me ilusionan y también me angustian. Ni que decir tengo que, de resultas, el estrés, ya alto por el efecto aniversario, ha subido más.

Dura lección aprendida es que si lo dejo sin control se vuelve ingobernable, así que lo combato y punto. Y como eso ya sé cómo sobrellevarlo, me preocupa más la dieta que no hago y subir de peso por tanta ansiedad.

Es que con todo este jaleo vital me falta la determinación última necesaria. Y saber que no es fácil seguirla de forma estricta en las actividades de los siguientes quince o veinte días no ayuda nada.

En fin, buscaré minimizar los daños. Luego, ya veremos.

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Jueves 20 de febrero de 2020

Hace un año de la primera presentación del libro de Rodrigo. Jolines cómo pasa el tiempo. Han sucedido tantas cosas entre medias… Y no todas bonitas…Pero, en fin, vamos caminando.

Hoy viene L. Qué pereza me da siempre. Tocan cristales. Y me da miedo siempre que se pueda caer porque es muy pequeñita. Más aún después de que se cayera M en el jardín.

Fui a la peluquería y me arreglé el corte, que tengo muchos eventos en las tres próximas semanas. No sé si está un poco corto, comparado con mi estilo, pero queda bien y las melenas largas a mi edad ya no son buena idea.

Creo que he terminado de corregir Nina. Y que avanzo bastante con la siguiente, que no sé todavía cómo titular. Seguiré escribiendo lo que pueda en estos próximos tiempos de aniversario. Espero lanzarme luego a la búsqueda de editorial. Un horror. Y si no surge nada, la autopublico.

Es meterse en embolados que me dan muchísima pereza. A mi edad no tengo ningún afán de hacerme un nombre como autora. Pero tampoco es sensato derrochar tanto tiempo invertido dejando el texto en un cajón.

Lo intentaré al menos.

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Miércoles 19 de febrero de 2020

Ayer hizo un año de la publicación del libro de Rodrigo. Mañana, de la primera presentación, en el Centro de Poesía José Hierro

Ayer tuve que echar mano de la química cuando me agobié con la caída de un operario que vino a podar los árboles. Todavía estoy ansiosa, son las cinco. Me angustia también la burocracia que hay que resolver para acudir a un evento al que nos invitaron, previo al aniversario. Y luego los de siempre del día once, que me afectan de igual manera, pase el tiempo que pase. En el fondo, todo aumenta el estrés.

Menos mal que los actos de la próxima semana los siento como estar entre amigos. En los siguientes, desde luego no tan acogedores, ya veremos. Paso a paso.

En cuanto a mi segunda novela, voy despacio, pero avanzo. Espero darle hoy un nuevo empujón. Aunque tengo para la próxima entrega, necesito más material, no quiero dormirme. Tengo la sensación de que será un texto no muy largo, aunque, en el fragor de la batalla creativa, todo puede pasar.