Son casi las siete de este día extra que solo existe cada cuatro años. En unas horas nos volvemos a casa, después de una última presentación muy emotiva. Me invaden más que nunca las sensaciones de irrealidad.
Anoche coincidía nuestro acto con otros dos, uno feminista y un tercero sobre muerte digna a los que nos habría encantado acudir, en otras circunstancias. Pero aun así hubo bastantes asistentes.
No pudo estar, sin embargo, Benigno. Nos habría gustado darle un abrazo, y además nos quedamos preocupados por él y su salud. Pero Moncho ocupó su lugar en la mesa, a mi lado. Y no hay agradecimiento suficiente para su amabilidad y todo el trabajo que ha hecho por conseguir estas tres presentaciones. Por supuesto, extiendo los abrazos agradecidos y emocionados a Angel, Chefor y Alejandro, que fueron nuestros anfitriones en Gijón, Avilés y Oviedo.
Ha sido todo muy especial, denso física y sicológicamente, emocionante, perturbador… En los próximos días nos esperan más actos memoriales a los que vamos siempre llenos de emoción y de recuerdo y que nos dejan exhaustos. Pero vamos. Por la memoria. Y por Rodrigo.
Dejamos Asturias arropados con el cariño y la amistad. Los mejores antídotos contra el dolor que se remueve cada aniversario.