Publicado en reflexiones

Lunes 24 de febrero de 2020

Son las siete y cuarto. Oigo el tictac del reloj de la entrada mientras pienso cómo solventar algunos problemas cronológicos de mi nuevo proyecto narrativo.

El sábado estuvimos hablando de nuevo con nuestros jóvenes amigos sobre una posible quedada para celebrar mi jubilación. Para el otoño. Con eventos cortos. En una casa rural. Todavía está todo muy en mantillas, pero me ilusiona.

He olvidado la prudencia y comí de todo en el finde. Hoy me toca compensar el desaguisado. Porque los próximos días van a ser difíciles. Me temo que hasta el doce será un caos, pero no quiero tirar la toalla. Tengo que seguir esta lucha. Aunque a veces la pierda.

Ahora que han empezado los síntomas de alergia, supongo que los pólenes de cupresaceas se han disparado. Y está claro que algunos antihistamínicos me provocan hambre ansiosa. Lo que es bueno para el bazo es malo para el espinazo, ya lo dice el refrán. Me pasaré a otro producto. Y volveré a la dieta en cuanto me sea posible.