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Martes 18 de febrero de 2020

Hoy va a ser mi día semanal. Lo voy a dedicar a leer sin interrupciones y ver MdlT. La única obligación que me impongo es hacer una compra. Y porque el frigo está medio vacío. Reflexiono sobre la conveniencia de ir a la peluquería, pero lo pospongo a la próxima semana.

Anoche me tomé unas valerianas y dormí bien. Pero ahora ya noto que dejaron de hacer efecto porque sigue la ansiedad conmigo, la muy puñetera.

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Lunes 17 de febrero de 2020

Última semana tranquila la que empieza hoy. Porque la siguiente tengo presentaciones y en marzo será un no parar hasta fin de mes.

Tendría que pasar por la pelu ya pronto. Qué fatiga. Pero ahora mismo lo único que me apetece es quedarme en casa escribiendo. Mi mejor terapia.

Mi último post en mi página de autora va sobre el efecto aniversario. Y tiene un éxito que no alcanzan los más técnicos. No sé si es porque mi pequeña parcela de público son otros dolientes. O amigos solidarios. Prefiero pensar eso a que el morbo tiene tirón. Me pongo más triste.

Llevo muchos días escribiendo aquí. Me siento sola. A la vez privilegiada por poder disfrutar de la vida sin obligaciones, y agobiada porque ya no tengo los estímulos de antes. Paradojas existenciales.

Echo de menos a Rodrigo, pienso en estos días de febrero de 2004, en lo que él hacía, en todo lo que le fue robado. Quisiera tener la absoluta certeza de que nos volveremos a encontrar. Pero solo tengo mi llamita de esperanza.

Son las siete y media. JC me llamará en un rato. Tecleo arropada, entre las sábanas, qué lujo de mañanas sin prisas, de tiempo por delante para lo que me apetece y me gusta. Me tomo un té y subo a la buhardilla. Hasta luego.

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Domingo 16 de febrero de 2020

Después de una reunión técnica por la mañana, comimos con G. Charlamos. Vimos una serie. Dimos un paseo. Me salté la dieta y comí un poco de pan. Fue un sábado tranquilo, pero esta mañana he vuelto a despertarme entre sueños angustiosos.

Leo las noticias. Escribo. Me tomo una valeriana e intento volverme a dormir, aunque sean las siete. Buenas noches.

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Sábado 15 de febrero de 2020

Me despierto temprano como cada día, pero en los últimos además, me acompaña un runrún de ansiedad demasiado conocido. Ya está presente en mi vida el odioso efecto aniversario. De aquí al once maldito tendré que echar mano de las tisanas mientras sean eficaces, y de las pildoritas de hierbas de farmacia luego, y de la química que receta el médico si finalmente no consigo acallarla.

Cada año encuentro actividades para engatusar la angustia y mantener mi mente concentrada en otra cosa. No me sirve razonar conmigo misma que eso de organizar el tiempo en horas, días, meses y años es una construcción humana, que es ilógico que me duelan más unos momentos que otros, que no deberían afectarme los aniversarios.

Pero van y me afectan.

Aunque este sea el decimosexto.

Y no puedo esconderme tras artículos sobre literatura, o gramática, o usos lingüísticos. Me toca escribir aquí lo que hago a escondidas en otros cuadernos vitales. Que me falta Rodrigo. Que nos lo robaron unos canallas asesinos y hemos tenido que reconstruir nuestras vidas sin él. Y que a veces hasta podemos pasar por una familia corriente. Pero no. Que éramos cuatro y desde hace dieciséis años somos tres.

Durante quince cursos he tenido mucho que corregir y preparar. Este acallo el dolor y el miedo escribiendo. O haciendo presentaciones (gracias, Moncho, de corazón).

También tendremos que ir a actos institucionales que nos agotan emocionalmente, que nos sacan de nuestra zona de confort pero consideramos indispensables para mantener la memoria de lo sucedido. Y para devolver el afecto que se nos muestra.

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Viernes 14 de febrero de 2020

Empiezo el día de San Valentín, festividad comercial a la que nunca hice caso, recordando a mis padres, que siempre lo celebraban, y a mi querido Rodrigo que le compró un detalle a su novia el único febrero que unos desalmados le permitieron vivir con ella.

Ando triste y ansiosa, como siempre por estas fechas que rondan el aniversario. Sin obligaciones laborales que me distraigan, y además con retos que me sacan de mi zona de confort, pero dispuesta a todo con voluntad clara y firme.

Hoy por fin vuelvo a mi Taller de Proyectos, pocas sesiones voy a poder seguir estas próximas semanas, sin embargo me motiva y consuelan esas sesiones. Por eso persevero, ay, con rima interna incluida.

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Jueves 13 de febrero de 2020

Hoy viene L y como siempre, me incomoda. Aunque debo reconocer que luego, cuando veo todo recogido, me pongo contenta. En fin, provecharé para reubicar trastos en la buhardilla.

Después de una semana de escritura intensiva y de redactar seis finales distintos, creo que he revisado Nina definitivamente. O al menos la dejaré reposar otro rato, a ver si ahora me convence.

Ahora me lanzaré de nuevo a mi segundo proyecto. Para mañana tengo texto más que de sobra, pero hay que seguir avanzando.

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Miércoles 12 de febrero de 2020

Hoy despierto tardísimo, a las once. Después de una noche en blanco he tenido que dormir media mañana. La ansiedad empieza a afectarme. Pero no me amilano, tengo la suerte de poder quedarme durmiendo. Una ventaja más de mi nuevo estado de pensionista.

La dieta avanza despacio, pero va. He escrito cuatro finales distintos para Nina. Y tengo parada la escritura de la siguiente novela por una nueva crisis del síndrome de la impostora. Hoy le daré un nuevo empujón, porque ayer estuve solo viendo vídeos y haciendo compras.

Veo que voy a faltar varias veces a mi Taller en las próximas semanas y me apena el desastre. Pero es lo que hay, que en estas fechas surgen muchas obligaciones que ni puedo ni quiero orillar. Y todo lo hago por la memoria digna de nuestro Rodrigo y la denuncia de lo sucedido.

Ah, y no se nos olvida que hoy hace quince años que murió nuestra Nurya. No llegamos a conocerla pero la llevamos en el corazón ♥

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Martes 11 de febrero de 2020

Llevo tres días rehaciendo el final de mi primera novela. Hoy ya me propongo dejarla reposar otro poco y volver a mi segundo proyecto, que ni siquiera tiene título.

Poca cosa más puedo escribir, bueno, sí, que ayer me hice el carné de la biblioteca municipal y saqué tres libros. Pregunté por el club de lectura, que estaba lleno y hay que solicitar en septiembre, y ando descubriendo cómo bajar pelis online de eFilm ahora que por fin ya tengo ese carné.

A veces siento que mi vida se ha vuelto irrelevante desde que me jubilé. Pero la verdad es no me apetecería nada volver al estrés de las clases. Luego comprendo que estoy mucho menos agobiada, y muchísimo más saludable y feliz. Supongo que todavía no he aterrizado del todo en mi nueva situación.

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Lunes 10 de febrero de 2020

Aquí sigo, preocupada por la brevedad de cada día, sin llegar a una rutina que me convenza emocionalmente. La última semana, sin Taller de Proyectos, me resultó demasiado anodina. Está claro que necesito un poco de actividad y de interacciones para que la vida no se me haya bola.

El efecto aniversario empieza a agobiarme. No sé si me iré por ahí de marcha, para romper el maleficio. Miro unas cuantas cosas y decido.

Por último, apunto que la dieta va regular, que llevo días con el peso estancado. Es que estoy en ese mismo peso que me ha costado siempre rebajar. Pero resisto. No me rindo. Y cuando vayamos a Asturias, ya veremos.

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Domingo 9 de febrero de 2020

Ayer fue otro día sin mucho fuste. Sé que se casaron JC y L, amigos de los chicos, porque nos lo contó G. Nosotros, mientras tanto, nos pasamos por el barrio. Toda la mañana invertida en eso. Por la tarde picoteamos un par de series. Y ya.

Nada del otro mundo. A ver si hoy puedo escribir un poco.

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Sábado 8 de febrero de 2020

Poco tengo que contar hoy, tras un viaje fallido ayer a mis Proyectos Narrativos y una tarde de series con Vota Juan.

Sin mi clase favorita la semana se me vuelve anodina, tristona y plana. Con esa serie recupero el gusto por un buen guión y unos personajes verosímiles.