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Viernes 7 de febrero de 2020

El tiempo sigue galopando deprisa. Cada día me sorprende su marcha rápida, no me acostumbro. Llevo 227 días seguidos anotando cosas aquí. Ya no subo imágenes para no sobrecargar la bitácora. Continúo buscando la serenidad. No sé si la consigo.

L ha venido ya tres veces y estoy contenta porque ha limpiado a fondo el sótano, la cocina y el salón. La cocina sacando los trastos de los armarios, menos mal. Porque para lo común ya nos valemos bien nosotros. La necesito para las limpiezas más duras, ahora que me hago mayor y mi espalda y mis manos no son las de antes.

Escribo mucho. Me doy márgenes de entretenimiento, pero es lo que más hago. Llevo unas 6000 palabras, tampoco es que avance muy rápido. Voy a a mi estilo, revisando y puliendo los previos cada vez que me pongo.

La dieta va muy estancada, así que me he dado un margen de proteínas naturales, a ver qué tal, si se hace más llevadera. Y con vistas a los días en Asturias.

Ya dentro de poco. Tres presentaciones. Este Monchu, que me las ha conseguido, qué majo es.

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Jueves 6 de febrero de 2020

Otro día más y otra mañana de limpieza, con lo poco que me gusta. Aunque solo superviso lo que hace L y es bastante discreta, me incomoda siempre tener alguien ajeno en la casa. Da igual los años que pasen, no me gusta. Manías mías, supongo con rima interna.

Son las siete menos cinco. Tengo cosas que hacer y que escribir. También que reubicar, aprovechando el ambiente limpiador de todos los jueves. Pero antes de nada, un bañito agradable, para empezar con nuevas energías.

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Miércoles 5 de febrero de 2020

A estas alturas de calendario es cuando más me agobia comprobar el tempus fugit. Son las odiosas aproximaciones al 11 de marzo. Da igual que sean ya dieciséis años, los aniversarios siempre duelen. Siempre cortan hasta las entrañas con su filo hondo.

Este año vuelvo a tener presentaciones en estas fechas difíciles, gracias a mi amigo Moncho. Ha sido tan amable y eficiente como para concertar tres seguidas, en Gijón, Avilés y Oviedo. Serán en la última semana de este mes de febrero.

Así que, en ese sentido, menos mal, tendré la mente ocupada. La ausencia de obligaciones laborales que disfruto ahora podría dejar más espacio a las ideas obsesivas, al dolor y a la pena. Intentaré que no sea así. Pero es un riesgo. Me mantengo alerta, para que no me pille de sorpresa.

Ayer no salí a pasear y esta noche se ha notado la ausencia de ejercicio. Me duele más la espalda y he dormido peor. Hoy será lo primero que haga.

El asunto es que me quedé en casa esperando a que vinieran a recoger unos muebles viejos y luego se me fue el santo al cielo. Los del ayuntamiento llegaron antes de lo previsto, menos mal que no me había ido, y como JC ya los había dejado fuera, fue cuestión de un minuto. Pero aun así tuvo su saborcillo amargo.

Me dio nostalgia. Y hasta un poco de miedo. Porque desechar el dormitorio de nuestros últimos treinta años, la mitad de nuestras vidas no se hace todos los días. Es otro ejemplo de tempus fugit, de la ausencia de nuestros hijos, del envejecimiento que nos acecha, de cambio, de que nada dura…

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Martes 4 de febrero de 2020

Otro día, otra oportunidad de seguir haciendo cosas. No me pesa el tiempo, al contrario, se me va demasiado deprisa. Ayer, por ejemplo, escribí mañana y tarde, con unos pocos paréntesis de obligaciones domésticas, y esas horas me parecieron un suspiro.

Escribí poco más de dos mil palabras, no mucho, a pesar de mi esfuerzo. Y me pregunto si lo suficientemente interesantes como para que un lector quisiera seguir leyendo. Esa es la incógnita de la tarea escritora, la apuesta de esfuerzo y tiempo por un buen resultado posible.

Me planteo también si merece la pena el esfuerzo de redactar un artículo a la semana para que lo lean cuatro amigos. De momento, aunque tengo temas posibles en la cabeza, no me apetece escribir nada más para esa bitácora. Dejaré que mis sensaciones fluyan. A ver qué tal.

En fin, son las seis y media, JC se prepara para el trabajo y yo ya me leí los periódicos. Se espera un día agradable de hasta 18°C.

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Lunes 3 de febrero

Empieza otra semana y mi objetivo está puesto en escribir. La dieta sigue estancada, incluso después de dos noches sin antiinflamatorios. Tengo por delante todavía largas horas de recolocar trastos en la buhardilla, ir a la peluquería y a la compra, leer… Demasiadas cosas. También me he propuesto escribir a mano una página cada día, con una técnica bastante surrealista, sin revisar, sin pensar, solo dejando que fluya el subconsciente.

Total, que ando escasa de tiempo para todo.

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Domingo 2 de febrero de 2020

Hoy es día dos del mes dos, y hago 222 seguidos. Incluso el año está plagado de doses, qué barbaridad. 02/02/2020.

Son las seis y cuarto. Anoche no tomé antiinflamatorios después de una largo tiempo de tomarlos. A ver qué tal mis dedos y las lumbares. En principio, bien. Mejor que ayer mismo. Espero que dure esa mejoría después de tantos días de tratamiento.

En un rato subiré a escribir. Pero todavía no, me gusta leer los periódicos arropada con el edredón.

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Sábado 1 de febrero de 2020

Son las siete. Mi chivato interno de WordPress me cuenta que llevo 221 días escribiendo en este blog. Estoy medio dormida todavía.

Ayer fue un día productivo en la escritura y malísimo con la dieta, porque me la salté a la torera. Hoy espero volver al redil en las comidas y dedicar un buen tiempo a mi nuevo proyecto. Apenas llevo tres mil palabras, pero me ilusiona.

En cuanto a mi primera novela, aún espero opiniones de tres lectores cero. (Está claro que no volveré a contar con ellos para ese menester). Sin embargo, tengo consciencia de los puntos flacos gracias a N y a la lectora profesional y, sobre todo, pensado un arreglo para lo que me señalaron.

No debería tardar en aplicarlo, supongo. Me falta ambición de publicar. Me apetece más centrarme en seguir escribiendo. Más adelante quizás ayude el hecho de tener dos novelas de una ambientación histórica parecida.

La lectora profesional me hizo una buena crítica, señaló bien sus puntos flacos, incluso la remitió a la editorial para posible publicación. Yo con ese éxito me conformo. Soy consciente de que tampoco es gran cosa, sí para una principiante, pero no para la enorme competencia que existe hoy. No creo que les interese.

Además, aún estoy (y esa permanencia en el tiempo es una grandísima suerte) con presentaciones del libro de Rodrigo. Debo centrarme en eso y en seguir escribiendo para que no se me enfríe la mano, que dice siempre JA. Más adelante, ya veremos.

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Último día de enero de 2020

Hoy escribo en la buhardilla, agobiada porque no he sacado las copias para la clase de hoy y porque no he llegado a 3000 palabras, un espanto lo poco que he escrito últimamente. Aunque, bueno, he dedicado un montón de tiempo a documentación.

Los muebles del dormitorio quedaron muy lindos. Se ve todo renovado y el olor a madera me trae evocaicones de Alicante, de forma que pr la noche, dormida, no sé muy bien dónde estoy. Pero no creo que las sensaciones duren demasiado tiempo.

Son las ocho y diez. intentaré avanzar unos cuantos párrafos con los datos que me porporcionó JC, imprimiré y me terminaré de preparar para mi excursioncita. Espero que sea un buen día 🙂

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Jueves 30 de enero de 2020

Hoy viene L, cosa que siempre me incomoda, pero me he impuesto como necesaria. La verdad es que JC y yo mantenemos la casa bastante bien solos, aunque esta ayuda extra nos servirá para una limpieza más detallada y profunda.

Y por la tarde traerán, por fin, después de dos meses de espera, los muebles nuevos de nuestro dormitorio. No son nada del otro mundo, solo algo que nos gustó por su discreción y funcionalidad. Como fueron en su día los de ahora y que cambiamos porque están trotadísimos.

Veintinueve años de uso tienen, el mismo tiempo que llevamos viviendo aquí. Y se me dispara la melancolía solo de pensarlo. Media vida. Y tanto como hemos pasado. Y lo que nos espera tras los recodos del camino.

Me costará hacerme a la novedad, seguro. Aunque solo a lo estético y al almacenaje de nuestros mil trastos en los nuevos cajones. Porque en cuanto conciliar el sueño no habrá cambios: seguiremos con el mismo y comodísimo colchón. Menos mal.

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Miércoles 29 de enero de 2020

Son las siete. JC se ha marchado al trabajo y yo he terminado de leer las noticias. Hoy también parece que el día estará nublado y desapacible. Tengo un par de recados que hacer y toda la mañana por delante para seguir escribiendo el segundo capítulo.

Estamos en una semana más tranquila, aunque dos citas de médico y otra visita de la asistenta la pueblan y estresan, al menos hoy puedo sentirme arropada en casa. La dieta no va tan fluida como me gustaría, pero algo funciona, así que persevero.

Y ya no apunto nada más. Me quedo todavía un rato en la cama, leyendo a Carmen Martín Gaite.

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Martes 28 de enero de 2020

Ayer me lancé al segundo capítulo. Y en él estoy. Espero que se diferencien bien las dos protagonistas. Dedicaré uno a cada personaje principal.

Tengo un esquema mínimo. No me gusta hacerlo súper completo porque me quita la espontaneidad. Y la emoción de ir desarrollando la trama según piden los personajes.

Ayer asistí a un webinar. Por primera vez pude estar presente en una de esas actividades que se programan a media mañana. Llegamos a ser 400 y pico. Parece que los anuncios de Facebook salen rentables.

Y poco más. Hoy me he despertado más tarde y me propongo, entre otras cosas, ver un poco de Maestros de la costura. Si es que merece la pena. Y seguir escribiendo mucho. E investigar sobre mis planes de enseñar online, a los que no me lanzo en picado porque sigo dándoles vueltas.

Pero no hay prisa. Una cosa detrás de otra. Con calma, disfrutando del proceso.