Última semana tranquila la que empieza hoy. Porque la siguiente tengo presentaciones y en marzo será un no parar hasta fin de mes.
Tendría que pasar por la pelu ya pronto. Qué fatiga. Pero ahora mismo lo único que me apetece es quedarme en casa escribiendo. Mi mejor terapia.
Mi último post en mi página de autora va sobre el efecto aniversario. Y tiene un éxito que no alcanzan los más técnicos. No sé si es porque mi pequeña parcela de público son otros dolientes. O amigos solidarios. Prefiero pensar eso a que el morbo tiene tirón. Me pongo más triste.
Llevo muchos días escribiendo aquí. Me siento sola. A la vez privilegiada por poder disfrutar de la vida sin obligaciones, y agobiada porque ya no tengo los estímulos de antes. Paradojas existenciales.
Echo de menos a Rodrigo, pienso en estos días de febrero de 2004, en lo que él hacía, en todo lo que le fue robado. Quisiera tener la absoluta certeza de que nos volveremos a encontrar. Pero solo tengo mi llamita de esperanza.
Son las siete y media. JC me llamará en un rato. Tecleo arropada, entre las sábanas, qué lujo de mañanas sin prisas, de tiempo por delante para lo que me apetece y me gusta. Me tomo un té y subo a la buhardilla. Hasta luego.