Me temo que las cinco y media es demasiado temprano para despertar, pero es lo que me pasa. Aunque, todo hay que decirlo, me siento bien, no tengo cansancio. La verdad es que se agradece una cama tan cómoda, cunden más las horas de sueño. La de Oviedo no era mala, solo algo más dura, pero ni de lejos como esta.
Los primeros segundos, solo consciente a medias, he dudado de la ubicación en que me hallaba. Por un momento he creído que la puerta eran las ventanas de la habitación de Oviedo. Me fascina esa tendencia de mi cerebro a recordar los lugares en los que pernocto. La supongo un instinto atávico de protección. El refugio donde se duerme debe ser muy seguro, porque se pierde la consciencia y se queda uno a merced de cualquier circunstancia adversa.
Reflexiono sobre estos días tan especiales. Han sido muy bonitos. Y con un hermoso final. Por si fuera poco, me han llamado para que haga otra presentación en Usera. En abril. Tengo los calendarios bien llenos, no me aburro, no.
Un día me doy de descanso y regreso al texto para Belfast. Para la escritura en español todavía no tengo tiempo disponible.