Con todo el tejado al aire, se ha puesto a llover. Habíamos elegido estas fechas tórridas para evitar la lluvia, y mira qué horror. Despiertos a las cinco y media de la mañana, nos tuvimos que lanzar a proteger un poco la zona más expuesta a la que teníamos acceso. Manda narices. Menos mal que finalmente fueron cuatro gotas
Los operarios vienen a las siete y media. Hoy, dicen las predicciones, habrá alguna nube y bajará un par de grados la temperatura. Esperamos que les sea el trabajo, por tanto, un poco más llevadero.
Mi tarea re-escribidora va bien. Creo que ya me hago con la nueva estructura, pero todavía tengo que darle unas vueltas más. Esto de rehacer parece a ratos inabordable, porque el texto completo no se puede manejar en una mañana y no sé dónde hacer los descansos. Sin embargo, voy completando tareas y siento que progreso en la línea pretendida. Es más sencillo hacer desde cero, eso es obvio. Por tal razón me parece tan importante tener clara la estructura y la secuencia de hechos antes del acto de la mera escritura. Supongo que estoy intentando salvar mi primera novela y su planteamiento y desarrollo irregulares. Fueron demasiados meses de elaboración, con demasiadas interrupciones y se nota.
Me propongo, también, romper la monotonía de los últimos días y hacer un par de vídeos más para ese canal diminuto mío. Sigue aumentando, aunque va muy despacito, cosa, por otra parte, normal siendo verano. Pero no me quejo, porque tampoco está paralizado. Qué curioso. En fin, todavía tengo en el tintero muchos temas de los que me gustaría hablar y quiero disfrutar de todo el proceso, así que no hay ninguna prisa.
Son las cinco y media, poco he dormido hoy, pero ya sé que no podré volver a coger el sueño, así que ni lo intento. Me he despertado por el calor, he abierto las ventanas y disfruto del fresquito que ahora sí, a diferencia del bochorno de anoche, entra y refresca toda la casa.
Porque ayer tuvimos una alerta por ola de calor. Y a tres pobres operarios en el tejado, aguantando esa situación horrorosa. Menos mal que se fueron a las cuatro. Hoy vendrán a las siete y media, un poco antes, con la idea de irse también antes y evitar las peores horas. No son muy invasivos, apenas andan por la casa, y parecen eficaces. Espero que todo vaya bien y se resuelva según lo previsto.
Sigo peleando con las correcciones, a veces muy avanzada, otras rehaciendo lo revisado porque no me termina de convencer. No me rindo. Lucharé hasta que me guste el resultado. Todavía tengo una semana antes de ponerme con el curso que apoyará el tercer proyecto. Y luego, incluso, puedo simultanearlos.
De vacaciones todavía no hemos hablado. No creo que salgamos a ninguna parte, no veo a JC nada interesado al respecto. En todo caso, ya lo veremos más adelante, porque andamos pensando en hacerlas para septiembre u octubre. Ahora mismo no toca y hacer planes ya no nos anima, como pasaba antes de la pandemia. Ahora, más bien nos agobia.
Hay brotes y rebrotes por todas partes, menos en Madrid, cosa imposible de creer, como ya conté hace unos días. Me temo que solo sabremos la verdadera evolución en el momento en que los hospitales vuelvan a desbordar. Esperemos que la huida masiva veraniega ayude a no saturarlos en estos dos meses próximos, porque andan a medio gas de efectivos. De las listas de espera y de los cuidados de los crónicos ya ni siquiera se habla, pero esos miles de pacientes no atendidos están ahí, aumentando en número.
Empieza a clarear y con las primeras luces también se lanzan a cantar los pájaros. Buenos días.
Ya tenemos toda la casa empaquetada, envuelta en sábanas viejas, los suelos protegidos, mi PC en la habitación de G. Ahora hay que ver y sufrir cómo de invasivos van a ser los operarios. De ruidosos. De incómodos.
Son las seis y media. Vienen a las ocho. Y supongo que querrán hacerlo incluso antes los próximos días, para evitar el calor insoportable de las horas centrales. Por mi parte, no hay problema. Suelo madrugar.
Sigo con la dieta. Sigo con la corrección de la novela. Todo continúa igual. No tengo nada nuevo reseñable. Y espero que la obra no lo sea de forma excesiva, porque desde luego, en lo emocional lo es y ando alterada.
Me he comprado ropa, aunque tengo mucha. Para este verano. Un intento de hacer algún cambio. Cuatro monos baratos para andar por aquí. Fresquita, pero no siempre con lo mismo. Espero haber acertado.
León, el año pasado. Lo que disfrutamos en este museo de la minería
Escribo desde la buhardilla por última vez en un par de semanas, espero que se cumplan las previsones de los operarios, más nos vale. Ya tengo medio preparado el rincón donde esconderme, he limpiado todo, incluso la funda del sofá, y estaré rodeada de trastos, que puede que me agobien, pero no me queda más remedio.
Me bajo los papeles y libros más necesarios. Los de arriba los taparemos con telas, y después me tocará darme una buena paliza limpiando. No descarto buscarme a alguien que lo haga. L no ha vuelto a dar señales de vida y yo tampoco la he llamado. Vive lejos y esos viajes en transporte público no son buenos, ni para ella, ni para nosotros. Tengo unos teléfonos de gente que buzoneó y que son del barrio, por probar no creo que haya problema, y si no viene nadie, con el no ya contaba, así que no me pienso estresar.
Todos los días se han vuelto iguales. Hoy es domingo, pero hago lo mismo que entre semana. Menos mal que el pobre JC descansa. Se ha pegado unas palizas de 12 horas diarias por una acreditación. Ya ha enviado todo, pero enseguida vendrán los requerimientos de rectificaciones y tendrá que volver a empezar. Pobre.
No pensamos vacacionar hasta septiembre, lo que puede ser un error si para entonces la cosa ha empeorado y vuelven los confinamientos. La verdad es que no lo creo. No como en marzo. Podría ser por zonas, pero quiero pensar que hay más control y no se habrá extendido tanto. Más nos vale. Desde luego, dependemos de la profesionalidad de médicos y servicios primarios y de salud pública tan dinamitados, que todo podría pasar, especialmente en Madrid. Aquí, lo único que funciona es la IDA barriendo el dinero para su casa, y las de sus amigos.
La dieta, igual: pesada y dura, pero perseverando. Me doy una ducha y vuelvo a mi novela, a ver si avanzo un poco más. Hasta la próxima.
El año pasado, por estas fechas, estábamos en las Médulas. Recorrer esta mina fue divertidísimo
Buenos días, hoy es más tarde, casi las once. Todo va retrasado porque he amanecido a las ocho y pico y le he dedicado mi primer tiempo a la bitácora de Rodrigo. Nuestro rinconcito de charlar se lo merece todo.
Después de una lucha desaforada con la conexión, por fin, puedo anotar estas pocas líneas en la buhardilla. Pero que conste que no he perdido el tiempo, porque en el mientras tanto he estado corrigiendo Nina. Parece que he superado el bloqueo y los agobios de hace unos días y ahora estoy un poco más contenta respecto a los resultados. A falta de una vuelta total, que aún no le llegó el momento, vuelvo a estar medianamente satisfecha.
También debo escribir que me enrolé en el curso de novela negra. Serán seis semanas, desde el 15 de julio hasta finales de agosto. A ver qué tal, si me gusta e interesa lo suficiente. Porque, de momento, los únicos cursos que no me han defraudado han sido los de EdE. El sitio se llama Portal del Escritor. Y el taller es de iniciación, no sé yo, eso me da un poco de miedo de que se me quede pequeño. Supongo que es inicial porque hay dos más ayudando a seguir escribiendo en ese género. Y me he apuntado, porque yo, desde luego, no lo manejo bien todavía y necesito un poco más de apoyo para mi tercer proyecto. Se titula empezar una novela policiaca o de misterio, y promete ideas para organizarla bien. Pinta entretenido, le voy a dar la oportunidad.
Este tipo de novela es diferente a otros: en la novela policíaca o de misterio es muy importante tener la trama y los sucesos bien definidos, todo tiene que estar bien atado, por eso nos detenemos al principio en que tengas muy bien planeado el crimen, quiénes son el asesino/a o criminal, la víctima, los porqués, y el cómo.
Prepararemos el crimen. Para ello elegiremos al asesino adecuado, le dotaremos de un motivo, un medio y una oportunidad para matar a la víctima (o perpetrar el crimen). Crearemos, además, las dos realidades en las que se va a mover: la realidad auténtica y la ficticia.
Te vas a llevar el crimen de tu novela perfectamente planificado y escrita la escena en la que ocurre. Una escena en la que habrás englobado las dos realidades: la auténtica y la falsa, de cuyos hilos luego tu detective tendrá que ir tirando hasta desentrañar el misterio. Estos hilos son los algunos de los detalles necesarios para la resolución del crimen y que serán imprescindibles en un estadio posterior de la novela, cuando el detective lleve a cabo la investigación.
En fin, que parece interesante. Ya iré contando hasta qué punto lo es. O no 🙁
Hoy amaneció agradable, pero la temperatura subió enseguida y ya tengo el aire acondicionado puesto. Dentro de unas horas iré a por pollos asados para comer con los chicos. Es el plan de hoy. Ayer me di un paseo a la siete de la mañana, hoy ni eso. Espero encontrarle un ratito a la noche, supongo que habiendo dormido más, tendré menos cansancio y podré hacerlo. Porque las caminatillas en el centro comercial tampoco dan para mucho.
La dieta va bien. Es dura, pero funciona, así que persevero. Con apenas tres días he vuelto al peso de antes de la pandemia. Ahora hay que seguir y consolidar. Y, de paso, rebajar un poquito más, de forma que a base de tandas, termine recuperando mi peso ideal. Aún estoy por encima.
Mañana toca ya bajar este PC a la habitación que usaré como despacho durante la obra, la de G. Espero que no sea demasiado horroroso.
Hoy sopla el viento del este. Son las seis y diecisiete. Por primera vez en nueve meses, no tengo mi Taller de Proyectos Narrativos. Pero eso no significa que haya dejado de escribir. Sigo avanzando en la reconstrucción de Nina. Y, por cierto, me llegó la constatación de su registro en el RPIntelectual, que se había retrasado con el confinamiento.
Ayer hice y subí un vídeo de práctica, tal como me había propuesto. Creo que me voy a apuntar a un curso de novela negra para organizar la trama del tercer proyecto. Al menos tener algo externo que me socialice en la dura y solitaria tarea de la escritura.
Sigo a dieta. Hoy llega un pedido de productos. Otras veces ha tardado una semana, y parece que ahora se dan mucha más prisa. Intento cambiar el ritmo acumula grasas de mi organismo. Y es otro empujón para llegar a mi peso, porque todavía no lo conseguí. Voy haciéndolo en fases.
Poco más puedo escribir. Traerán hoy también los materiales para la obra que empieza el lunes. Durante el fin de semana tendremos que desmontar mi rincón de trabajo. Y me haré un hueco en la habitación de G.
En cuanto pueda, me doy un paseo, ahora, temprano, que me estoy quedando anquilosada. Hay que aprovechar el frescor de la mañana. Escaso, pero necesario. Menos mal que tenemos aire acondicionado para cuando la cosa se pone fea. Por cierto, Ela, finalmente, lo está usando y disfrutando. No pudo ser antes porque se opuso por tonta obcecación, pero, en fin, más vale tarde que nunca.
Ayer vino uno de los operarios de la obra, un tal Juan Pedro, creo. Me alegró saber que le calcula dos semanas de duración. Menos mal. Será más llevadero.
Hace mucho que no cuento nada sobre el canal de YouTube. Tocaba ya hacer vídeos, pero me he enfangado con las correcciones de Nina. Mucho. Tan obsesivamente, que estoy llegando al agobio. Así que yo misma me receto el cambio. Hoy haré vídeos. De práctica, como mínimo. Y, si puedo, también de teoría. Me irá bien rebajar la tensión y tomar distancia con el texto.
Son las seis y veinte. He dormido profundo, pero me habrían venido mejor un par de horas más. Tampoco me estoy moviendo nada, lo confieso. Y para dormir más, necesito cansarme también más físicamente. De momento no me esfuerzo en hacer ejercicio porque he vuelto a una dieta estricta y hasta que me acostumbre ya me supone suficiente desgaste. Pero solo serán unos días. Luego tendré que volver a empezar con algún tipo de entrenamiento.
Llevo días sin salir. Desde el fin de semana. Excepto el martes, que fui a la compra, llevamos tres metidos en casa. Hace demasiado calor para paseos vespertinos. Habría que darlos temprano, por la mañana. Quizá me lance hoy.
JC tampoco sale mucho, sigue teletrabajando. Aunque hoy se pasará por el curro. La verdad es que seguimos un poco confinados. Aislados socialmente, solo vemos a los chicos. No queremos más posibilidades de contagio.
Y todo porque esto no se ha acabado. Curiosa y sospechosamente, Madrid no reporta rebrotes. Y eso es imposible. Con este nivel de población, con las aglomeraciones del transporte público, los miles de puestos de trabajo, las calles llenas de descerebrados y la escasa atención de la IDA, me temo lo peor. Es que no están ni siguiendo los casos. Lo fían todo a lo que den de sí los hospitales. Y si vuelven a colapsar, se le echa la culpa a Barajas y al gobierno central. Y punto.
Suena más el tráfico con las ventanas abiertas, lo que significa viento fuerte del oeste que lo trae desde lejos. Hoy sí chisporrotean los aviones y golondrinas. Son las siete menos cuarto. Buenos días.
Hoy es el cumpleaños de JC. Hace 62. Ya estamos los dos bien anclados en la nueva década. Y da miedo.
Todo me da miedo, supongo. Ya no enfrento la vida con el optimismo y la inocencia de antes. Supongo que es el impuesto revolucionario de las pérdidas. Lo pago desde que nos mataron a Rodrigo.
Pero no me quiero poner triste. Hoy es un día para celebrar. Y el sábado lo haremos con G y B.
Hoy también empiezan las vacaciones escolares, tan deseadas y necesarias hasta hace un año y ahora tan extrañamente ajenas. No va a cambiar nada, nos quedamos en casita, no saldremos de viaje, haremos algo desagradable (y caro, todo hay que decirlo), aunque necesario, una puñetera obra. Seguro que acabaré más que harta.
En 2019, por estas fechas, estuvimos en León, en Torrelavega y, finalmente, una semana maravillosa, junto a la playa de San Lorenzo, en Gijón. Tuve la suerte y la oportunidad de hablar del libro de Rodrigo en la Semana Negra. Un honor conseguido gracias a Moncho.
Y resulta que solo 370 días después, la Semana Negra de 2020 tiene aforo reducido, sin feria, sin los puestos de comidas o entretenimientos varios de siempre, porque a los humanos de todo el mundo nos asola una pandemia. Nos gustaría ir, pero no en estas circunstancias, y menos mal que se pueden seguir sus actividades online.
Ver para creer.
Son las siete menos cinco, sopla viento del oeste con ruido de tráfico y ventanas abiertas, ya no chisporrotean los pájaros que cantan, son otra especie, que más bien pía. JC duerme. Enseguida habrá que ponerse de nuevo a la tarea, teletrabajar él, revisar textos y hacer vídeos en mi caso.
Empieza un nuevo reto, vivimos el presente. Buenos días.
Otro mes que se acaba, de nuevo esa sensación de rapidez temporal me asalta, me sorprende, me atemoriza.
Un año ha pasado desde que me despedí de mis compañeros y las circunstancias me han impedido hacer la fiesta friki posterior que alguna vez pensé. Desde la enfermedad de J y su fallecimiento casi inmediato, que la hizo impensable en 2019, hasta el confinamiento, que la convirtió en algo imposible para esta primavera, y los riesgos todavía activos de la pandemia, que la vuelven a mostrar inadecuada para el próximo otoño y me temo que también para el invierno. No me peleo más con el universo, está claro que no hay que hacerla.
Ayer hice un cambio estructural importante en Nina. No sé qué tal quedará, pero adelgacé la trama negra, que era exhaustiva en detalles intermedios, demasiado larga para un desenlace breve y sintético. También he acelerado el tempo interno de Sofía. A ver qué tal, si me gusta más ahora. El despiece me está resultando una experiencia interesantísima.
Son las siete cuarenta, refresca muy levemente, voy a ventilar también la buhardilla y el sótano. Buenos días.
Buenos días, son las siete, llevo media hora leyendo noticias, y me propongo ponerme a escribir en un rato.
Ayer tuve la entrevista, una hora, con un calor abrasador e incómodo. En el último momento me cambiaron la primera cita de la mañana por la última de la tarde. Además del retraso esperable, así que estuve desde las cuatro y diez, que llegamos, hasta las siete, que terminamos. Y el pobre JC conmigo, aguantando el bochorno.
Ni idea de cómo quedará. Lo más probable es que ni mire el programa, porque tampoco lo hice con el de Informe Semanal. Sí he escuchado los de radio, pero los que tienen imagen me resultan imposibles. Algún día tendré que ponerme a ello.
Pero, en fin, lo hice por Rodrigo. Es tan poco lo que puedo hacer por él, que me apunto, aunque me agobie el proceso. Ahora ya puedo seguir tranquila. Vida normal. Qué bien.
Bueno, solo una semana, porque el próximo lunes empezamos la obra, el viernes traen los trastos y los dejan en el garaje, y muy normal no va a ser.
Viviremos el día a día. JC puede seguir teletrabajando bastante a menudo, así que no estaré sola en el desarrollo del asunto. Ya me iré quejando por aquí. Seguramente.
Pero no he dejado de trabajar en la escritura. Ya dediqué las mañanas del sábado y del domingo a revisar Nina. Voy a ponerme con ese repaso ahora mismo. Son las 7:14, hay 23°C y se esperan máximas de 37.
Son las cinco. Otra noche de calor en la que me despierto demasiado pronto. He abierto las ventanas, está oscuro, así que no cantan los pájaros y solo se escucha el murmullo de un tráfico lejano y discontinuo.
Ayer estuvieron tres periodistas haciendo tomas, un tostón que me desagrada mucho, pero acometo por disciplina. Hoy, que tenía una cita tempranera, a las diez, y ya acababa, y podía disfrutar del resto de la jornada, tendré que ir, finalmente, en plena canícula, a las cuatro y media. Qué horror.
Espero que, como en otras experiencias, esto termine mereciendo la pena. Procuro disfrutar del proceso, aunque no siempre lo consigo. Me dicen que transmito serenidad, puede ser, sin embargo, por dentro siento agobio.
Pretendía empezar las correcciones de Nina, ya no sé si será posible, con tan pocas horas de sueño y la presión de la entrevista en lontananza.
No es para tanto, me digo. No tengo ninguna otra obligación. En mi caso, da igual que sea domingo o miércoles, me organizo yo sola todo el tiempo.
Así que voy a abrir ventanas y a ventilarlo todo, que ayer hubo gente por todas partes. Buenos días.
Gestionar el consentimiento de las cookies
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu Proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.