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Viernes 10 de julio de 2020

Gijón y «la escalerona» en la playa de San Lorenzo

Me sorprende escribir esta fecha y no estar de vacaciones. Llevábamos muchos años saliendo en julio. Incluso el pasado, que dejamos el viaje más importante para septiembre, cuando fuimos a Portugal, estuvimos también fuera en julio. De hecho, una semana en León y otra en Gijón, hermosas ciudades que hacen bonitas rimas internas en mi texto.

Este extraño 2020, sin embargo, estamos aquí por la obra y porque con la pandemia no nos sentimos cómodos. Evitamos tener demasiados contactos, no nos apetece viajar, ni a Alicante siquiera, porque presentimos que va a venir una nueva ola, mucho peor.

Acabo de leer que el ministerio de sanidad está sorprendido por la ausencia de focos en Madrid, tal como yo me llevo preguntando. Me temo que los de la consejería autónoma no tiene suficientes rastreadores y que cuando el asunto dé la cara, sea inmanejable y obligue a un nuevo confinamiento.

La desfachatada de IDA le echará la culpa al gobierno central y ya está, como si encontrar una cabeza de turco solucionase algo. Esta inepta solo barre para sus fines, la población, en general, le da lo mismo. Y es muy triste que la voten en lugar de botarla. Muchos millones de idiotas, en el más puro sentido griego, que no valoran lo que hace, que solo adoran sus siglas, sin entender que la ineficacia les mata. Nos mata a todos. También a los que no tenemos nada que ver con esa impresentable.

La obra sigue rápido y bien. Ayer cayeron unas gotas, pero ya está casi todo hecho. Hoy supongo que terminan lo más llamativo y que luego seguirán los remates, que son latosos y lentos, pero lo más importante para que el resultado sea perfecto.

Son las seis y media, llevamos toda la noche con temperaturas muy agradables. Hoy toca vídeo para el canal, porque la novela necesita distancia. Hasta luego.

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Jueves 9 de julio de 2020

Hoy escribo muy tarde, cerca de las diez, cuando he podido. Sigue la obra. Finalmente no llovió y hoy amenaza ser un día tan caluroso como fueron el lunes o el martes. Tecleo en la habitación de G, donde he abierto mi pequeña sucursal de trabajo para estos días. Oigo a los operarios hablar con el jefe en el tejado. Debe de estarles revisando las tareas de ayer, que hicieron deprisa por si llovía. Espero que todo vaya y quede bien.

Respecto a lo demás, seguimos como confinados, saliendo poco, en escaso contacto social: los chicos de vez en cuando y ahora los de la obra, aunque andan casi siempre en el tejado y evitamos cruzarnos o estar demasiado cerca. Todo con prudencia y mascarillas.

La revision de Nina creo que ya casi está. En breve me pongo con el otro proyecto. Los vídeos son ahora la actividad a la que menos caso hago. Me siento menos motivada, además de que la locución, con radiales sonando, no es para estas circunstancias. Pero no he desistido, que conste que voy haciendo la parte de PowerPoint y ya tengo otro a medias. Es todo caso, estamos en verano y tampoco se espera una gran actividad, supongo.

Hoy recuerdo, también, que es el cumple de mi padre. 92 podría haber hecho, aunque haga ya quince que no nos acompaña. Andan cerca los cumpleaños también de los primos de Cantabria, y el aniversario de M, once años ya sin él, cómo pasa el tiempo…

Por estas fechas les vimos en Torrelavega, y anduvimos luego por Gijón, en la Semana Negra, con Monchu y la hermosa playa de san Lorenzo de fondo siempre… Fueron unas hermosas experiencias, tanto que sigue siendo hermoso recordarlas.

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Miércoles 8 de julio de 2020

Con todo el tejado al aire, se ha puesto a llover. Habíamos elegido estas fechas tórridas para evitar la lluvia, y mira qué horror. Despiertos a las cinco y media de la mañana, nos tuvimos que lanzar a proteger un poco la zona más expuesta a la que teníamos acceso. Manda narices. Menos mal que finalmente fueron cuatro gotas

Los operarios vienen a las siete y media. Hoy, dicen las predicciones, habrá alguna nube y bajará un par de grados la temperatura. Esperamos que les sea el trabajo, por tanto, un poco más llevadero.

Mi tarea re-escribidora va bien. Creo que ya me hago con la nueva estructura, pero todavía tengo que darle unas vueltas más. Esto de rehacer parece a ratos inabordable, porque el texto completo no se puede manejar en una mañana y no sé dónde hacer los descansos. Sin embargo, voy completando tareas y siento que progreso en la línea pretendida. Es más sencillo hacer desde cero, eso es obvio. Por tal razón me parece tan importante tener clara la estructura y la secuencia de hechos antes del acto de la mera escritura. Supongo que estoy intentando salvar mi primera novela y su planteamiento y desarrollo irregulares. Fueron demasiados meses de elaboración, con demasiadas interrupciones y se nota.

Me propongo, también, romper la monotonía de los últimos días y hacer un par de vídeos más para ese canal diminuto mío. Sigue aumentando, aunque va muy despacito, cosa, por otra parte, normal siendo verano. Pero no me quejo, porque tampoco está paralizado. Qué curioso. En fin, todavía tengo en el tintero muchos temas de los que me gustaría hablar y quiero disfrutar de todo el proceso, así que no hay ninguna prisa.

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Martes 7 de julio de 2020

Son las cinco y media, poco he dormido hoy, pero ya sé que no podré volver a coger el sueño, así que ni lo intento. Me he despertado por el calor, he abierto las ventanas y disfruto del fresquito que ahora sí, a diferencia del bochorno de anoche, entra y refresca toda la casa.

Porque ayer tuvimos una alerta por ola de calor. Y a tres pobres operarios en el tejado, aguantando esa situación horrorosa. Menos mal que se fueron a las cuatro. Hoy vendrán a las siete y media, un poco antes, con la idea de irse también antes y evitar las peores horas. No son muy invasivos, apenas andan por la casa, y parecen eficaces. Espero que todo vaya bien y se resuelva según lo previsto.

Sigo peleando con las correcciones, a veces muy avanzada, otras rehaciendo lo revisado porque no me termina de convencer. No me rindo. Lucharé hasta que me guste el resultado. Todavía tengo una semana antes de ponerme con el curso que apoyará el tercer proyecto. Y luego, incluso, puedo simultanearlos.

De vacaciones todavía no hemos hablado. No creo que salgamos a ninguna parte, no veo a JC nada interesado al respecto. En todo caso, ya lo veremos más adelante, porque andamos pensando en hacerlas para septiembre u octubre. Ahora mismo no toca y hacer planes ya no nos anima, como pasaba antes de la pandemia. Ahora, más bien nos agobia.

Hay brotes y rebrotes por todas partes, menos en Madrid, cosa imposible de creer, como ya conté hace unos días. Me temo que solo sabremos la verdadera evolución en el momento en que los hospitales vuelvan a desbordar. Esperemos que la huida masiva veraniega ayude a no saturarlos en estos dos meses próximos, porque andan a medio gas de efectivos. De las listas de espera y de los cuidados de los crónicos ya ni siquiera se habla, pero esos miles de pacientes no atendidos están ahí, aumentando en número.

Empieza a clarear y con las primeras luces también se lanzan a cantar los pájaros. Buenos días.

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Lunes 6 de julio de 2020

Ya tenemos toda la casa empaquetada, envuelta en sábanas viejas, los suelos protegidos, mi PC en la habitación de G. Ahora hay que ver y sufrir cómo de invasivos van a ser los operarios. De ruidosos. De incómodos.

Son las seis y media. Vienen a las ocho. Y supongo que querrán hacerlo incluso antes los próximos días, para evitar el calor insoportable de las horas centrales. Por mi parte, no hay problema. Suelo madrugar.

Sigo con la dieta. Sigo con la corrección de la novela. Todo continúa igual. No tengo nada nuevo reseñable. Y espero que la obra no lo sea de forma excesiva, porque desde luego, en lo emocional lo es y ando alterada.

Me he comprado ropa, aunque tengo mucha. Para este verano. Un intento de hacer algún cambio. Cuatro monos baratos para andar por aquí. Fresquita, pero no siempre con lo mismo. Espero haber acertado.

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Domingo 5 de julio de 2020

León, el año pasado. Lo que disfrutamos en este museo de la minería

Escribo desde la buhardilla por última vez en un par de semanas, espero que se cumplan las previsones de los operarios, más nos vale. Ya tengo medio preparado el rincón donde esconderme, he limpiado todo, incluso la funda del sofá, y estaré rodeada de trastos, que puede que me agobien, pero no me queda más remedio.

Me bajo los papeles y libros más necesarios. Los de arriba los taparemos con telas, y después me tocará darme una buena paliza limpiando. No descarto buscarme a alguien que lo haga. L no ha vuelto a dar señales de vida y yo tampoco la he llamado. Vive lejos y esos viajes en transporte público no son buenos, ni para ella, ni para nosotros. Tengo unos teléfonos de gente que buzoneó y que son del barrio, por probar no creo que haya problema, y si no viene nadie, con el no ya contaba, así que no me pienso estresar.

Todos los días se han vuelto iguales. Hoy es domingo, pero hago lo mismo que entre semana. Menos mal que el pobre JC descansa. Se ha pegado unas palizas de 12 horas diarias por una acreditación. Ya ha enviado todo, pero enseguida vendrán los requerimientos de rectificaciones y tendrá que volver a empezar. Pobre.

No pensamos vacacionar hasta septiembre, lo que puede ser un error si para entonces la cosa ha empeorado y vuelven los confinamientos. La verdad es que no lo creo. No como en marzo. Podría ser por zonas, pero quiero pensar que hay más control y no se habrá extendido tanto. Más nos vale. Desde luego, dependemos de la profesionalidad de médicos y servicios primarios y de salud pública tan dinamitados, que todo podría pasar, especialmente en Madrid. Aquí, lo único que funciona es la IDA barriendo el dinero para su casa, y las de sus amigos.

La dieta, igual: pesada y dura, pero perseverando. Me doy una ducha y vuelvo a mi novela, a ver si avanzo un poco más. Hasta la próxima.

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Sábado, 4 de julio de 2020

El año pasado, por estas fechas, estábamos en las Médulas. Recorrer esta mina fue divertidísimo

Buenos días, hoy es más tarde, casi las once. Todo va retrasado porque he amanecido a las ocho y pico y le he dedicado mi primer tiempo a la bitácora de Rodrigo. Nuestro rinconcito de charlar se lo merece todo.

Después de una lucha desaforada con la conexión, por fin, puedo anotar estas pocas líneas en la buhardilla. Pero que conste que no he perdido el tiempo, porque en el mientras tanto he estado corrigiendo Nina. Parece que he superado el bloqueo y los agobios de hace unos días y ahora estoy un poco más contenta respecto a los resultados. A falta de una vuelta total, que aún no le llegó el momento, vuelvo a estar medianamente satisfecha.

También debo escribir que me enrolé en el curso de novela negra. Serán seis semanas, desde el 15 de julio hasta finales de agosto. A ver qué tal, si me gusta e interesa lo suficiente. Porque, de momento, los únicos cursos que no me han defraudado han sido los de EdE. El sitio se llama Portal del Escritor. Y el taller es de iniciación, no sé yo, eso me da un poco de miedo de que se me quede pequeño. Supongo que es inicial porque hay dos más ayudando a seguir escribiendo en ese género. Y me he apuntado, porque yo, desde luego, no lo manejo bien todavía y necesito un poco más de apoyo para mi tercer proyecto. Se titula empezar una novela policiaca o de misterio, y promete ideas para organizarla bien. Pinta entretenido, le voy a dar la oportunidad.

Este tipo de novela es diferente a otros: en la novela policíaca o de misterio es muy importante tener la trama y los sucesos bien definidos, todo tiene que estar bien atado, por eso nos detenemos al principio en que tengas muy bien planeado el crimen, quiénes son el asesino/a o criminal, la víctima, los porqués, y el cómo.

Prepararemos el crimen. Para ello elegiremos al asesino adecuado, le dotaremos de un motivo, un medio y una oportunidad para matar a la víctima (o perpetrar el crimen). Crearemos, además, las dos realidades en las que se va a mover: la realidad auténtica y la ficticia.

Te vas a llevar el crimen de tu novela perfectamente planificado y escrita la escena en la que ocurre. Una escena en la que habrás englobado las dos realidades: la auténtica y la falsa, de cuyos hilos luego tu detective tendrá que ir tirando hasta desentrañar el misterio. Estos hilos son los algunos de los detalles necesarios para la resolución del crimen y que serán imprescindibles en un estadio posterior de la novela, cuando el detective lleve a cabo la investigación.

En fin, que parece interesante. Ya iré contando hasta qué punto lo es. O no 🙁

Hoy amaneció agradable, pero la temperatura subió enseguida y ya tengo el aire acondicionado puesto. Dentro de unas horas iré a por pollos asados para comer con los chicos. Es el plan de hoy. Ayer me di un paseo a la siete de la mañana, hoy ni eso. Espero encontrarle un ratito a la noche, supongo que habiendo dormido más, tendré menos cansancio y podré hacerlo. Porque las caminatillas en el centro comercial tampoco dan para mucho.

La dieta va bien. Es dura, pero funciona, así que persevero. Con apenas tres días he vuelto al peso de antes de la pandemia. Ahora hay que seguir y consolidar. Y, de paso, rebajar un poquito más, de forma que a base de tandas, termine recuperando mi peso ideal. Aún estoy por encima.

Mañana toca ya bajar este PC a la habitación que usaré como despacho durante la obra, la de G. Espero que no sea demasiado horroroso.

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Viernes 3 de julio de 2020

Hoy sopla el viento del este. Son las seis y diecisiete. Por primera vez en nueve meses, no tengo mi Taller de Proyectos Narrativos. Pero eso no significa que haya dejado de escribir. Sigo avanzando en la reconstrucción de Nina. Y, por cierto, me llegó la constatación de su registro en el RPIntelectual, que se había retrasado con el confinamiento.

Ayer hice y subí un vídeo de práctica, tal como me había propuesto. Creo que me voy a apuntar a un curso de novela negra para organizar la trama del tercer proyecto. Al menos tener algo externo que me socialice en la dura y solitaria tarea de la escritura.

Sigo a dieta. Hoy llega un pedido de productos. Otras veces ha tardado una semana, y parece que ahora se dan mucha más prisa. Intento cambiar el ritmo acumula grasas de mi organismo. Y es otro empujón para llegar a mi peso, porque todavía no lo conseguí. Voy haciéndolo en fases.

Poco más puedo escribir. Traerán hoy también los materiales para la obra que empieza el lunes. Durante el fin de semana tendremos que desmontar mi rincón de trabajo. Y me haré un hueco en la habitación de G.

En cuanto pueda, me doy un paseo, ahora, temprano, que me estoy quedando anquilosada. Hay que aprovechar el frescor de la mañana. Escaso, pero necesario. Menos mal que tenemos aire acondicionado para cuando la cosa se pone fea. Por cierto, Ela, finalmente, lo está usando y disfrutando. No pudo ser antes porque se opuso por tonta obcecación, pero, en fin, más vale tarde que nunca.

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Jueves 2 de julio de 2020

Ayer vino uno de los operarios de la obra, un tal Juan Pedro, creo. Me alegró saber que le calcula dos semanas de duración. Menos mal. Será más llevadero.

Hace mucho que no cuento nada sobre el canal de YouTube. Tocaba ya hacer vídeos, pero me he enfangado con las correcciones de Nina. Mucho. Tan obsesivamente, que estoy llegando al agobio. Así que yo misma me receto el cambio. Hoy haré vídeos. De práctica, como mínimo. Y, si puedo, también de teoría. Me irá bien rebajar la tensión y tomar distancia con el texto.

Son las seis y veinte. He dormido profundo, pero me habrían venido mejor un par de horas más. Tampoco me estoy moviendo nada, lo confieso. Y para dormir más, necesito cansarme también más físicamente. De momento no me esfuerzo en hacer ejercicio porque he vuelto a una dieta estricta y hasta que me acostumbre ya me supone suficiente desgaste. Pero solo serán unos días. Luego tendré que volver a empezar con algún tipo de entrenamiento.

Llevo días sin salir. Desde el fin de semana. Excepto el martes, que fui a la compra, llevamos tres metidos en casa. Hace demasiado calor para paseos vespertinos. Habría que darlos temprano, por la mañana. Quizá me lance hoy.

JC tampoco sale mucho, sigue teletrabajando. Aunque hoy se pasará por el curro. La verdad es que seguimos un poco confinados. Aislados socialmente, solo vemos a los chicos. No queremos más posibilidades de contagio.

Y todo porque esto no se ha acabado. Curiosa y sospechosamente, Madrid no reporta rebrotes. Y eso es imposible. Con este nivel de población, con las aglomeraciones del transporte público, los miles de puestos de trabajo, las calles llenas de descerebrados y la escasa atención de la IDA, me temo lo peor. Es que no están ni siguiendo los casos. Lo fían todo a lo que den de sí los hospitales. Y si vuelven a colapsar, se le echa la culpa a Barajas y al gobierno central. Y punto.

Suena más el tráfico con las ventanas abiertas, lo que significa viento fuerte del oeste que lo trae desde lejos. Hoy sí chisporrotean los aviones y golondrinas. Son las siete menos cuarto. Buenos días.

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Miércoles 1 de julio de 2020

Hoy es el cumpleaños de JC. Hace 62. Ya estamos los dos bien anclados en la nueva década. Y da miedo.

Todo me da miedo, supongo. Ya no enfrento la vida con el optimismo y la inocencia de antes. Supongo que es el impuesto revolucionario de las pérdidas. Lo pago desde que nos mataron a Rodrigo.

Pero no me quiero poner triste. Hoy es un día para celebrar. Y el sábado lo haremos con G y B.

Hoy también empiezan las vacaciones escolares, tan deseadas y necesarias hasta hace un año y ahora tan extrañamente ajenas. No va a cambiar nada, nos quedamos en casita, no saldremos de viaje, haremos algo desagradable (y caro, todo hay que decirlo), aunque necesario, una puñetera obra. Seguro que acabaré más que harta.

En 2019, por estas fechas, estuvimos en León, en Torrelavega y, finalmente, una semana maravillosa, junto a la playa de San Lorenzo, en Gijón. Tuve la suerte y la oportunidad de hablar del libro de Rodrigo en la Semana Negra. Un honor conseguido gracias a Moncho.

Y resulta que solo 370 días después, la Semana Negra de 2020 tiene aforo reducido, sin feria, sin los puestos de comidas o entretenimientos varios de siempre, porque a los humanos de todo el mundo nos asola una pandemia. Nos gustaría ir, pero no en estas circunstancias, y menos mal que se pueden seguir sus actividades online.

Ver para creer.

Son las siete menos cinco, sopla viento del oeste con ruido de tráfico y ventanas abiertas, ya no chisporrotean los pájaros que cantan, son otra especie, que más bien pía. JC duerme. Enseguida habrá que ponerse de nuevo a la tarea, teletrabajar él, revisar textos y hacer vídeos en mi caso.

Empieza un nuevo reto, vivimos el presente. Buenos días.

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Martes 30 de junio de 2020

Otro mes que se acaba, de nuevo esa sensación de rapidez temporal me asalta, me sorprende, me atemoriza.

Un año ha pasado desde que me despedí de mis compañeros y las circunstancias me han impedido hacer la fiesta friki posterior que alguna vez pensé. Desde la enfermedad de J y su fallecimiento casi inmediato, que la hizo impensable en 2019, hasta el confinamiento, que la convirtió en algo imposible para esta primavera, y los riesgos todavía activos de la pandemia, que la vuelven a mostrar inadecuada para el próximo otoño y me temo que también para el invierno. No me peleo más con el universo, está claro que no hay que hacerla.

Ayer hice un cambio estructural importante en Nina. No sé qué tal quedará, pero adelgacé la trama negra, que era exhaustiva en detalles intermedios, demasiado larga para un desenlace breve y sintético. También he acelerado el tempo interno de Sofía. A ver qué tal, si me gusta más ahora. El despiece me está resultando una experiencia interesantísima.

Son las siete cuarenta, refresca muy levemente, voy a ventilar también la buhardilla y el sótano. Buenos días.