Publicado en reflexiones

Martes 7 de julio de 2020

Son las cinco y media, poco he dormido hoy, pero ya sé que no podré volver a coger el sueño, así que ni lo intento. Me he despertado por el calor, he abierto las ventanas y disfruto del fresquito que ahora sí, a diferencia del bochorno de anoche, entra y refresca toda la casa.

Porque ayer tuvimos una alerta por ola de calor. Y a tres pobres operarios en el tejado, aguantando esa situación horrorosa. Menos mal que se fueron a las cuatro. Hoy vendrán a las siete y media, un poco antes, con la idea de irse también antes y evitar las peores horas. No son muy invasivos, apenas andan por la casa, y parecen eficaces. Espero que todo vaya bien y se resuelva según lo previsto.

Sigo peleando con las correcciones, a veces muy avanzada, otras rehaciendo lo revisado porque no me termina de convencer. No me rindo. Lucharé hasta que me guste el resultado. Todavía tengo una semana antes de ponerme con el curso que apoyará el tercer proyecto. Y luego, incluso, puedo simultanearlos.

De vacaciones todavía no hemos hablado. No creo que salgamos a ninguna parte, no veo a JC nada interesado al respecto. En todo caso, ya lo veremos más adelante, porque andamos pensando en hacerlas para septiembre u octubre. Ahora mismo no toca y hacer planes ya no nos anima, como pasaba antes de la pandemia. Ahora, más bien nos agobia.

Hay brotes y rebrotes por todas partes, menos en Madrid, cosa imposible de creer, como ya conté hace unos días. Me temo que solo sabremos la verdadera evolución en el momento en que los hospitales vuelvan a desbordar. Esperemos que la huida masiva veraniega ayude a no saturarlos en estos dos meses próximos, porque andan a medio gas de efectivos. De las listas de espera y de los cuidados de los crónicos ya ni siquiera se habla, pero esos miles de pacientes no atendidos están ahí, aumentando en número.

Empieza a clarear y con las primeras luces también se lanzan a cantar los pájaros. Buenos días.