Ya tenemos toda la casa empaquetada, envuelta en sábanas viejas, los suelos protegidos, mi PC en la habitación de G. Ahora hay que ver y sufrir cómo de invasivos van a ser los operarios. De ruidosos. De incómodos.
Son las seis y media. Vienen a las ocho. Y supongo que querrán hacerlo incluso antes los próximos días, para evitar el calor insoportable de las horas centrales. Por mi parte, no hay problema. Suelo madrugar.
Sigo con la dieta. Sigo con la corrección de la novela. Todo continúa igual. No tengo nada nuevo reseñable. Y espero que la obra no lo sea de forma excesiva, porque desde luego, en lo emocional lo es y ando alterada.
Me he comprado ropa, aunque tengo mucha. Para este verano. Un intento de hacer algún cambio. Cuatro monos baratos para andar por aquí. Fresquita, pero no siempre con lo mismo. Espero haber acertado.