Publicado en reflexiones

Domingo 5 de julio de 2020

León, el año pasado. Lo que disfrutamos en este museo de la minería

Escribo desde la buhardilla por última vez en un par de semanas, espero que se cumplan las previsones de los operarios, más nos vale. Ya tengo medio preparado el rincón donde esconderme, he limpiado todo, incluso la funda del sofá, y estaré rodeada de trastos, que puede que me agobien, pero no me queda más remedio.

Me bajo los papeles y libros más necesarios. Los de arriba los taparemos con telas, y después me tocará darme una buena paliza limpiando. No descarto buscarme a alguien que lo haga. L no ha vuelto a dar señales de vida y yo tampoco la he llamado. Vive lejos y esos viajes en transporte público no son buenos, ni para ella, ni para nosotros. Tengo unos teléfonos de gente que buzoneó y que son del barrio, por probar no creo que haya problema, y si no viene nadie, con el no ya contaba, así que no me pienso estresar.

Todos los días se han vuelto iguales. Hoy es domingo, pero hago lo mismo que entre semana. Menos mal que el pobre JC descansa. Se ha pegado unas palizas de 12 horas diarias por una acreditación. Ya ha enviado todo, pero enseguida vendrán los requerimientos de rectificaciones y tendrá que volver a empezar. Pobre.

No pensamos vacacionar hasta septiembre, lo que puede ser un error si para entonces la cosa ha empeorado y vuelven los confinamientos. La verdad es que no lo creo. No como en marzo. Podría ser por zonas, pero quiero pensar que hay más control y no se habrá extendido tanto. Más nos vale. Desde luego, dependemos de la profesionalidad de médicos y servicios primarios y de salud pública tan dinamitados, que todo podría pasar, especialmente en Madrid. Aquí, lo único que funciona es la IDA barriendo el dinero para su casa, y las de sus amigos.

La dieta, igual: pesada y dura, pero perseverando. Me doy una ducha y vuelvo a mi novela, a ver si avanzo un poco más. Hasta la próxima.