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Sábado 27 de junio de 2020

Son las doce y media, me despisté y no había apuntado nada aquí, pero JC me acaba de avisar y escribo. No por obligación, sino porque tengo muchas cosas que contar.

Por ejemplo, que ayer me dio pena dejar el curso. Madre mía, si es que soy una sentimental. Pero es que, también, han sido un apoyo importante en la reclusión. Sé que los voy a echar de menos. Ha sido un verdadero placer y un honor disfrutar de ese tiempo compartido. Los resultados, además, también fueron excelentes, terminé mi segundo proyecto, con ritmo muy productivo.

Ojalá pudiera volver el curso siguiente. Si es presencial, ya sé que no, porque no me voy a arriesgar a tantas horas de transporte de multitudes abigarradas. Si sigue con Zoom, ni siquiera me lo pienso.

También necesito apuntar que hoy he empezado la jornada bien pronto, enviando textos a concursos que nunca ganaré, pero que me hacen revisar y pulir los textos que ya tengo. Una colección de relatos, y el segundo proyecto. El primero está pendiente de una revisión que acometeré en breve.

Pero, en fin, no debo distraerme. Todavía tengo que limpiar el polvo en el salón y revisar el aseo. Aunque sea poca cosa, hay que hacerlo. Luego, JC y yo iremos a encargar comida. Y pasaremos la tarde con los periodistas (no creo que estén mucho tiempo, tendrán que ir a otras casas). Y seguiremos después con los chicos, que son así de majos.

Como último apunte, añado que hoy, 27 de junio, hace un año de mi despedida docente. Ufffffff, cuánto hemos vivido. Si me daba miedo caer en la monotonía de los jubilados, me equivoqué de medio a medio.

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Viernes 26 de junio de 2020

Trinan muy fuerte los pájaros hoy, creo que son aviones, aunque hay un trino como silbido entremezclado que no sé identificar. Son las 6:06. Apenas hay luz.

Sé que hoy es el último día del Taller de Proyectos Narrativos y me da penita. Hemos estado juntos desde octubre A, el profe, L, con su novela distópica, y yo.

L ha compartido fragmentos sueltos todo el año, así que solo tengo una idea parcial de la novela. Lo más llamativo es su narrador en primera persona y en presente, y su estilo moroso, con tendencia a una reiteración estilística que lo hace muy intenso.

Ch se sumó en enero, que también es una larga temporada, y le ha dado tiempo a pensar dos o tres argumentos, decidirse por uno y redactarlo al completo. Ahora le toca revisarlo y piensa en un certamen para septiembre. Es una trama interesante y original, con un narrador en tercera muy discreto y acertado, y su estilo sobrio e impecable.

S estuvo de octubre a abril, con unos cuentos breves y muy viajeros que quería autopublicar y vender en una convención que, me temo, se suspendió por el coronavirus.

Hubo idas y venidas de MI, que viajaba desde Francia y soñaba con escribir una novela de la que empezó a hacer la estructura, que imaginó, pero apenas redactaría unas pocas escenas. Aún la vimos en Zoom marzo y abril.

Nos acompañó también J de enero a mayo, con una novela juvenil y tema reencarnacionista en un entorno exótico. Lástima no haber podido seguir más la historia. En ese mismo ámbito, y durante un par de meses, Y revisó con nosotros un texto policíaco con detective difunto y médium haciendo de Watson.

Que no se me olvide, al principio también acudieron dos despistadas, que tenían poco que contar y se fueron antes de las navidades. Una por incompatibilidad de horarios, y un máster que le habían concedido. Otra, la pequeñoburguesa, (o quizás facha, todo hay que decirlo), que se molestaba con escenas de Nina y nunca escribió nada nuevo, solo nos traía relatos del año previo.

Estos meses de mi jubilación recién estrenada, en fin, intenté probar a ir a EdE, (dos horas largas de transporte público, dos escasas de clase). Y lo hice por el gusto de ver caras y gente. Pero la cosa se rompió con la pandemia, y el confinamiento lo transformó en reuniones por Zoom. Han sido cinco meses presenciales, de octubre a febrero, y cuatro de videoconferencia, los restantes hasta hoy. Y todas las clases me han gustado.

En conjunto, he disfrutado la experiencia. A, el profe, tiene buenas ideas e intuiciones, no me importaría repetir con él. Y ser tan pocos nos ha permitido, sobre todo en abril y mayo, poder compartir mucho texto. Y avanzar también mucho.

Hoy toca despedirse. Los voy a echar de menos. Espero poder transmitirles alguna de estas reflexiones.

Finalmente, creo que a todos, especialmente a ellos, que llevan trabajando un montón y a un ritmo tremendo, nos vendrán bien unas vacaciones. Es necesario cambiar de aires, si no geográficos, sí, al menos, intelectuales.

Buenos días. 367 escribiendo aquí.

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Jueves 25 de junio de 2020

Qué lejos parecían estas fechas de finales de junio cuando empecé el curso de escritura y mañana ya llego a su última clase… Y cuántas cosas inesperadas han sucedido en estos nueve meses. La incredulidad que me asalta siempre al comienzo de cada día es hoy más reseñable que nunca.

Son las 6:46. Anoche estaba agotadísima y caí rendida sobre las diez. He dormido, entonces, más que otras veces, ocho horas largas. Me pesan los ojos. Hace calor, así que abro las ventanas.

Me pregunto si WordPress se dará cuenta de que llevo un año completo y seguido escribiendo o si solo contará un día más. Enseguida lo compruebo. Nah, solo pone 366 días.

Empiezo otra jornada contenta de compartirla con JC, que sigue teletrabajando. Ayer, el día de San Juan, se me pasó la mañana haciendo un vídeo sobre el complemento directo. Estaba espesa y poco ágil, no me daba para más florituras. Hoy intentaré avanzar un poquito en el texto para la última sesión. Solo una pizquita, profundizando en el personaje de la madre del Kai. No me aparece hacer mucho más que eso, pero dependerá de la inspiración del momento.

Ayer por la tarde solo vimos la tele. Terminamos JC y yo una mini serie de cuatro capítulos, basada en una novela, con las localizaciones y atrezzo siempre maravillosos de la BBC. La busco es Wikipedia y resulta que en 1992 ya se hizo una película de la misma novela. No pude hacer nada más. El cansancio me atrapó las últimas horas de la tarde y me fui a la cama prontísimo. Ahora que lo escribo me parece que tuve sueños y que me llega un poco de su niebla, pero no consigo recordarlos.

Me paso a la lectura de noticias, a ver si me despierto del todo. Buenos días.

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Miércoles 24 de junio de 2020

Esta es la noche de San Juan. Me he despertado en la madrugada, son las 3:50. No suelo hacerlo a estas horas. No es temprano en la mañana, sino demasiado tarde en la noche del 23. Pensé que sería bonito hacer este apunte en semejante fecha simbólica.

Desde el insomnio hago un llamamiento a la luz, la esperanza, el amor, la concordia, la salud y la amistad. 🙏 Ruego que todo nos sea propicio, productivo, suave, amoroso y cordial. Pido protección para los próximos meses en esta noche mágica. Levanto un muro, una campana, una burbuja, un abrazo de energía positiva y luminosa para todos nuestros seres queridos.

Vuelvo a intentar dormir, pienso en Rodrigo, pido su ayuda y bendición. Buenas noches. Este es el apunte 365.

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Martes 23 de junio de 2020

Son las seis y dieciocho de una bonita mañana. Trinan los pájaros. Sopla un poquito de viento, sin tráfico, empieza a clarear.

No he escrito nada para la última sesión. Le doy vueltas a un asunto y su posible tratamiento, y me agobio, porque no me convence. Me agobio, como digo, porque, contra mi costumbre, ayer no escribí. Dediqué la mañana entera a solicitar un certificado electrónico, en una lucha contra adversidades informáticas de todo tipo que finalmente logré vencer. Pero solo fue un esfuerzo inútil, porque me falta la parte presencial del asunto. Y no dan citas. Y vaya ud a saber cuándo las darán. Con el confinamiento y el teletrabajo la Administración está colapsada.

No hice nada, ni una línea. Apenas he llegado a pensar que hacer. Me proponía atacar ahora una escena importante, pero me da pereza. Mi trabajo con el grupo no va a tener continuidad, ¿merece la pena? Jo, qué subterfugios tan bobos se busca el subconsciente para no tener que esforzarse. Tiene narices el asunto.

Y no sé si simplemente acudir a la última cita del Taller con un par de relatos y charlar, y reír. Supongo que todos estarán también cansados y con escasas ganas de currar, pero no me gusta tampoco la idea de dos horas rarunas contemporizando.

Hoy toca ir a la compra, sin embargo, no quiero marcharme hasta haber escrito un poco. Creo que me pondré a ello seriamente en unos minutos. A ver si me cunde antes de las nueve.

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Lunes 22 de junio de 2020

Hoy empieza esa nueva normalidad que nos anunciaban y nos daba esperanzas en lo más difícil del confinamiento. Podemos movernos entre comunidades autónomas sin salvoconducto, acudir a espectáculos y museos respetando ciertas condiciones, entrar en los bares, o reunirnos con mayor número de personas (aunque no sé exactamente cuántas, y me da pereza comprobarlo).

Acabo de leer la última entrega de dos diarios de confinamiento que seguí todo este tiempo, el de Quique Peinado, en los blogs de la Sexta, y el de Elena Cabrera en eldiario.es. Yo también estoy cerrando mi reto de escribir un año entero. Hoy hago 263 artículos seguidos. Termino el día de San Juan.

No quiere esto decir que dejaré de tomar notas o de apuntar lo que me pasa o interesa, como hasta ahora. Solo que me saltaré algún día, los que me parezca que son demasiado iguales, o los que me despiste, o los que, simplemente, no tenga ganas.

Son las siete y cuarto. Ayer hizo un calor ya veraniego, de más de 30°C, pero amanece con viento fresco y por debajo de los 20. Tráfico y pajarillos se turnan en amenizar mis despertares. Como otras tantas veces.

En mi entorno cercano no cambia casi nada. Los de la familia nuclear nos visitamos desde que nos lo permitieron, pero no hemos visto a nadie más, ni amigos ni otros familiares. El próximo finde tenemos una novedad con extraños, aunque no muy multitudinaria, y en julio la obra, que supone unos desagradables días de convivencia obligada.

La vida se ha vuelto anodina y monótona, pero, por Dios, que se quede así, que no nos dé ninguna sorpresa más.

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Domingo 21 de junio de 2020

Ya es verano, aunque no sea azul, como la serie de nuestra infancia. No sopla el viento del oeste que trae el ruido del tráfico, apenas se nota frescor, los pájaros no cantan tan seguido, ha cambiado el ciclo vital.

El lunes abren las piscinas de la urbanización, con ciertas restricciones, que se relajarán a partir del 6 de julio. Y ese va a ser nuestro único extra por vacaciones durante julio y agosto. JC se propone trabajar esos meses, y, en septiembre, ya veremos.

Esperamos que vaya todo bien con la pandemia, que no tengamos repuntes peligrosos: el tiempo lo dirá. Y de acuerdo a eso, habrá que decidir. Como viajamos mucho justo antes del confinamiento, no sentimos necesidad de volver a salir. Al menos ahora mismo. Después de esos dos meses, ya veremos.

Zurea una paloma, chilla un verdecillo, chisporrotea un avión… Y se hace luego un silencio. Qué paz. Son las ocho y trece, he leído el periódico. Disfruto de estos momentos de relajación.

Pero mi mente sigue activa. Y ando dándole vueltas a mis asuntos favoritos, a un posible vídeo de práctica para el canal, o a una nueva escena del proyecto 3.

Siento otra vez a la paloma y el tictac del reloj de la entrada le pone ritmo a estas líneas. Esta entrada hace el número 362. Buenos días.

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Sábado 20 de junio de2020

Son las 9:19 y escribo en mi PC, con las puertas abiertas, buscando un fresquito que ya no tenemos, lástima de ola ártica que nos acompañó los días pasados y se ha ido. En horas llegará el solsticio de verano y el calor viene con él, por lo que puedo comprobar.

Acabo de ponerle unas letras a Rodrigo, quiero escribir un artículo en mi bitácora de escritora, he subido un nuevo vídeo al canal y ando pergeñando el proyecto número 3. Estoy muy laboriosa, hasta mis compas el grupo de escritura me lo dicen, y eso que no saben en cuántos charcos ando metida. Chapoteando, jajajaja. Pero, qué hacer si no, me jubilé soñando con poder hacer esto que hago ahora. Estoy acostumbrada al trabajo duro y continuo, no ha cambiado mi tendencia, ni mi carácter currante y sistemático. Domesticidades, las justas, como siempre. Y toda la energía que antes dedicaba a mi trabajo, va ahora a estas nuevas tareas autoimpuestas. Que no suene como obligaciones horribles, sino actividades divertidas y deseadas.

Encarrilo una novela nueva, quiero revisar la primera, le daré una vuelta a la segunda, aunque, al menos de momento, me parece que no necesita más vueltas, que ya le he dado un montón. Todo al retortero, qué divertido. Seguiré contando y trabajando. Solo me queda una sesión de Taller.

En cuanto al canal, los vídeos en YouTube tienen visitas. No muchísimas, pero sí continuadas, que entiendo serán americanas, porque en este país nuestro ya nadie estudia, tenemos vacaciones. Aunque, vaya usted a saber. En todo caso, no tiene imortancia. De algo sirve hablar el mismo idioma que otros 400 millones, supongo que todo viene por ahí. El asunto es muy discreto, tengo 12 vídeos y varios han superado ya las cien visitas: cifras flojas para los grandes youtubers pero que a mí me hacen ilusión. El canal suma 1129 visitas, mucho más de lo que yo esperaba. Y se mantiene una tendencia discreta pero en ascenso. Es lo suficiente como para animarme a seguir colgando cosas.

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Viernes 19 de junio de 2020

Preparo la penúltima sesión del taller de narrativa, me da pena y me apetece, todo junto. Pena por dejar de charlar con los compañeros. Gusto, porque no deja de ser una presión y un esfuerzo constantes.

Sin embargo, me va la marcha y ando dándole vueltas a otra actividad para el verano. Algo de novela negra, que me encanta en teoría. Ya veré si puedo con ella según empiece la obra. Tendré una semana para organizarme.

Hoy amanezco renovada, después del insomnio de anteayer. No dormir lo llevo fatal. Me temo que no tengo madera para trabajar a turnos.

En breve habré cumplido mi propósito de escritura un año seguido. Poner la fecha y reflexionar sobre el tempus fugit me ha venido sirviendo para asumir mi nueva situación vital. ¿Quizá luego no consideraré necesario escribir tan asiduamente? Ni idea.

Sé que a menudo no tengo mucho nuevo que contar, pero no escribo para llenar textos de información, sino para vivir el presente con consciencia. De paso, también, para mantener un ritmo, un hábito de escritura, una lucidez mental y expresiva que antes cultivaba diariamente en mis clases. No lo considero una obligación, sino un entrenamiento.

Hago hoy 360 días seguidos. Qué barbaridad. La fecha iniciática fue la mítica y simbólica del día de San Juan. Me encanta. Cinco anotaciones más y cerraré el círculo. Como una bruja escribidora del siglo XXI. Y con sobreabundancia de esdrújulas. Jajajajaja 🤣 🤣 😂 😂.

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Jueves 18 de junio de 2020

Mi último día de clase

Esta noche he dormido fatal, me temo que me desvelé, así que ando medio grogui y escribo casi a las doce de la mañana. He intentado escribir, con resultados poco interesantes, así que miro vídeos y vagueo un poco.

Un 18 como hoy, hace un año, escribí por última vez la fecha en la pizarra. Con mis enanos de 1º, porque los bachilleratos ya había volado casi un mes antes. Lo pienso y alucino. Es rara la vida. La vivo con toda la consciencia que puedo, me asusta, sin embargo, el poco control que tengo sobre ella. Ay, esos tiempos en los que la juventud me hacía creer que podía con todo lo que se me pusiera por delante. Ahora soy mucho más pusilánime.

Dos sesiones, un curso en lontanza sobre novela negra, hago planes, y ya veremos si realmente luego los puedo cumplir.

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Miércoles 17 de junio de 2020

Buenos días, son las siete y cuarto, sopla viento del oeste. Apunto la fecha y me sigue sorprendiendo, incluso agobiando, la rapidez con que pasa el tiempo.

Nada nuevo que contar. Llevo unos días menos productivos, apenas mil palabras en el proyecto nuevo y un vídeo sin terminar. Me reconozco estresada, aunque no le encuentro motivación última. Quizá ya necesito vacaciones. Podría ser.

Me quedan dos sesiones de Narrativa, me da pena y me apetece esa libertad, las dos cosas a la vez. No volveré a EdE de forma presencial mientras siga la pandemia, puede ser que ya no vaya nunca, el tiempo lo dirá. Me invade una cierta nostalgia. Últimamente estoy muy nostálgica, me temo. Tengo otros resortes para la escritura, pero es que no siempre busco apoyo técnico, sino también humano. El tiempo lo dirá.

Leo las noticias, compruebo los mensajes, escribo aquí. JC hoy se acerca al trabajo, yo no tengo nada diferente que hacer. Excepto vivir el presente con consciencia, que no es poco.