Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Viernes 19 de junio de 2020

Preparo la penúltima sesión del taller de narrativa, me da pena y me apetece, todo junto. Pena por dejar de charlar con los compañeros. Gusto, porque no deja de ser una presión y un esfuerzo constantes.

Sin embargo, me va la marcha y ando dándole vueltas a otra actividad para el verano. Algo de novela negra, que me encanta en teoría. Ya veré si puedo con ella según empiece la obra. Tendré una semana para organizarme.

Hoy amanezco renovada, después del insomnio de anteayer. No dormir lo llevo fatal. Me temo que no tengo madera para trabajar a turnos.

En breve habré cumplido mi propósito de escritura un año seguido. Poner la fecha y reflexionar sobre el tempus fugit me ha venido sirviendo para asumir mi nueva situación vital. ¿Quizá luego no consideraré necesario escribir tan asiduamente? Ni idea.

Sé que a menudo no tengo mucho nuevo que contar, pero no escribo para llenar textos de información, sino para vivir el presente con consciencia. De paso, también, para mantener un ritmo, un hábito de escritura, una lucidez mental y expresiva que antes cultivaba diariamente en mis clases. No lo considero una obligación, sino un entrenamiento.

Hago hoy 360 días seguidos. Qué barbaridad. La fecha iniciática fue la mítica y simbólica del día de San Juan. Me encanta. Cinco anotaciones más y cerraré el círculo. Como una bruja escribidora del siglo XXI. Y con sobreabundancia de esdrújulas. Jajajajaja 🤣 🤣 😂 😂.