Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Sábado 20 de junio de2020

Son las 9:19 y escribo en mi PC, con las puertas abiertas, buscando un fresquito que ya no tenemos, lástima de ola ártica que nos acompañó los días pasados y se ha ido. En horas llegará el solsticio de verano y el calor viene con él, por lo que puedo comprobar.

Acabo de ponerle unas letras a Rodrigo, quiero escribir un artículo en mi bitácora de escritora, he subido un nuevo vídeo al canal y ando pergeñando el proyecto número 3. Estoy muy laboriosa, hasta mis compas el grupo de escritura me lo dicen, y eso que no saben en cuántos charcos ando metida. Chapoteando, jajajaja. Pero, qué hacer si no, me jubilé soñando con poder hacer esto que hago ahora. Estoy acostumbrada al trabajo duro y continuo, no ha cambiado mi tendencia, ni mi carácter currante y sistemático. Domesticidades, las justas, como siempre. Y toda la energía que antes dedicaba a mi trabajo, va ahora a estas nuevas tareas autoimpuestas. Que no suene como obligaciones horribles, sino actividades divertidas y deseadas.

Encarrilo una novela nueva, quiero revisar la primera, le daré una vuelta a la segunda, aunque, al menos de momento, me parece que no necesita más vueltas, que ya le he dado un montón. Todo al retortero, qué divertido. Seguiré contando y trabajando. Solo me queda una sesión de Taller.

En cuanto al canal, los vídeos en YouTube tienen visitas. No muchísimas, pero sí continuadas, que entiendo serán americanas, porque en este país nuestro ya nadie estudia, tenemos vacaciones. Aunque, vaya usted a saber. En todo caso, no tiene imortancia. De algo sirve hablar el mismo idioma que otros 400 millones, supongo que todo viene por ahí. El asunto es muy discreto, tengo 12 vídeos y varios han superado ya las cien visitas: cifras flojas para los grandes youtubers pero que a mí me hacen ilusión. El canal suma 1129 visitas, mucho más de lo que yo esperaba. Y se mantiene una tendencia discreta pero en ascenso. Es lo suficiente como para animarme a seguir colgando cosas.