Qué lejos parecían estas fechas de finales de junio cuando empecé el curso de escritura y mañana ya llego a su última clase… Y cuántas cosas inesperadas han sucedido en estos nueve meses. La incredulidad que me asalta siempre al comienzo de cada día es hoy más reseñable que nunca.
Son las 6:46. Anoche estaba agotadísima y caí rendida sobre las diez. He dormido, entonces, más que otras veces, ocho horas largas. Me pesan los ojos. Hace calor, así que abro las ventanas.
Me pregunto si WordPress se dará cuenta de que llevo un año completo y seguido escribiendo o si solo contará un día más. Enseguida lo compruebo. Nah, solo pone 366 días.
Empiezo otra jornada contenta de compartirla con JC, que sigue teletrabajando. Ayer, el día de San Juan, se me pasó la mañana haciendo un vídeo sobre el complemento directo. Estaba espesa y poco ágil, no me daba para más florituras. Hoy intentaré avanzar un poquito en el texto para la última sesión. Solo una pizquita, profundizando en el personaje de la madre del Kai. No me aparece hacer mucho más que eso, pero dependerá de la inspiración del momento.
Ayer por la tarde solo vimos la tele. Terminamos JC y yo una mini serie de cuatro capítulos, basada en una novela, con las localizaciones y atrezzo siempre maravillosos de la BBC. La busco es Wikipedia y resulta que en 1992 ya se hizo una película de la misma novela. No pude hacer nada más. El cansancio me atrapó las últimas horas de la tarde y me fui a la cama prontísimo. Ahora que lo escribo me parece que tuve sueños y que me llega un poco de su niebla, pero no consigo recordarlos.
Me paso a la lectura de noticias, a ver si me despierto del todo. Buenos días.