Publicado en reflexiones

Viernes 26 de junio de 2020

Trinan muy fuerte los pájaros hoy, creo que son aviones, aunque hay un trino como silbido entremezclado que no sé identificar. Son las 6:06. Apenas hay luz.

Sé que hoy es el último día del Taller de Proyectos Narrativos y me da penita. Hemos estado juntos desde octubre A, el profe, L, con su novela distópica, y yo.

L ha compartido fragmentos sueltos todo el año, así que solo tengo una idea parcial de la novela. Lo más llamativo es su narrador en primera persona y en presente, y su estilo moroso, con tendencia a una reiteración estilística que lo hace muy intenso.

Ch se sumó en enero, que también es una larga temporada, y le ha dado tiempo a pensar dos o tres argumentos, decidirse por uno y redactarlo al completo. Ahora le toca revisarlo y piensa en un certamen para septiembre. Es una trama interesante y original, con un narrador en tercera muy discreto y acertado, y su estilo sobrio e impecable.

S estuvo de octubre a abril, con unos cuentos breves y muy viajeros que quería autopublicar y vender en una convención que, me temo, se suspendió por el coronavirus.

Hubo idas y venidas de MI, que viajaba desde Francia y soñaba con escribir una novela de la que empezó a hacer la estructura, que imaginó, pero apenas redactaría unas pocas escenas. Aún la vimos en Zoom marzo y abril.

Nos acompañó también J de enero a mayo, con una novela juvenil y tema reencarnacionista en un entorno exótico. Lástima no haber podido seguir más la historia. En ese mismo ámbito, y durante un par de meses, Y revisó con nosotros un texto policíaco con detective difunto y médium haciendo de Watson.

Que no se me olvide, al principio también acudieron dos despistadas, que tenían poco que contar y se fueron antes de las navidades. Una por incompatibilidad de horarios, y un máster que le habían concedido. Otra, la pequeñoburguesa, (o quizás facha, todo hay que decirlo), que se molestaba con escenas de Nina y nunca escribió nada nuevo, solo nos traía relatos del año previo.

Estos meses de mi jubilación recién estrenada, en fin, intenté probar a ir a EdE, (dos horas largas de transporte público, dos escasas de clase). Y lo hice por el gusto de ver caras y gente. Pero la cosa se rompió con la pandemia, y el confinamiento lo transformó en reuniones por Zoom. Han sido cinco meses presenciales, de octubre a febrero, y cuatro de videoconferencia, los restantes hasta hoy. Y todas las clases me han gustado.

En conjunto, he disfrutado la experiencia. A, el profe, tiene buenas ideas e intuiciones, no me importaría repetir con él. Y ser tan pocos nos ha permitido, sobre todo en abril y mayo, poder compartir mucho texto. Y avanzar también mucho.

Hoy toca despedirse. Los voy a echar de menos. Espero poder transmitirles alguna de estas reflexiones.

Finalmente, creo que a todos, especialmente a ellos, que llevan trabajando un montón y a un ritmo tremendo, nos vendrán bien unas vacaciones. Es necesario cambiar de aires, si no geográficos, sí, al menos, intelectuales.

Buenos días. 367 escribiendo aquí.