
Trinan muy fuerte los pájaros hoy, creo que son aviones, aunque hay un trino como silbido entremezclado que no sé identificar. Son las 6:06. Apenas hay luz.
Sé que hoy es el último día del Taller de Proyectos Narrativos y me da penita. Hemos estado juntos desde octubre A, el profe, L, con su novela distópica, y yo.
L ha compartido fragmentos sueltos todo el año, así que solo tengo una idea parcial de la novela. Lo más llamativo es su narrador en primera persona y en presente, y su estilo moroso, con tendencia a una reiteración estilística que lo hace muy intenso.
Ch se sumó en enero, que también es una larga temporada, y le ha dado tiempo a pensar dos o tres argumentos, decidirse por uno y redactarlo al completo. Ahora le toca revisarlo y piensa en un certamen para septiembre. Es una trama interesante y original, con un narrador en tercera muy discreto y acertado, y su estilo sobrio e impecable.
S estuvo de octubre a abril, con unos cuentos breves y muy viajeros que quería autopublicar y vender en una convención que, me temo, se suspendió por el coronavirus.
Hubo idas y venidas de MI, que viajaba desde Francia y soñaba con escribir una novela de la que empezó a hacer la estructura, que imaginó, pero apenas redactaría unas pocas escenas. Aún la vimos en Zoom marzo y abril.
Nos acompañó también J de enero a mayo, con una novela juvenil y tema reencarnacionista en un entorno exótico. Lástima no haber podido seguir más la historia. En ese mismo ámbito, y durante un par de meses, Y revisó con nosotros un texto policíaco con detective difunto y médium haciendo de Watson.
Que no se me olvide, al principio también acudieron dos despistadas, que tenían poco que contar y se fueron antes de las navidades. Una por incompatibilidad de horarios, y un máster que le habían concedido. Otra, la pequeñoburguesa, (o quizás facha, todo hay que decirlo), que se molestaba con escenas de Nina y nunca escribió nada nuevo, solo nos traía relatos del año previo.
Estos meses de mi jubilación recién estrenada, en fin, intenté probar a ir a EdE, (dos horas largas de transporte público, dos escasas de clase). Y lo hice por el gusto de ver caras y gente. Pero la cosa se rompió con la pandemia, y el confinamiento lo transformó en reuniones por Zoom. Han sido cinco meses presenciales, de octubre a febrero, y cuatro de videoconferencia, los restantes hasta hoy. Y todas las clases me han gustado.
En conjunto, he disfrutado la experiencia. A, el profe, tiene buenas ideas e intuiciones, no me importaría repetir con él. Y ser tan pocos nos ha permitido, sobre todo en abril y mayo, poder compartir mucho texto. Y avanzar también mucho.
Hoy toca despedirse. Los voy a echar de menos. Espero poder transmitirles alguna de estas reflexiones.
Finalmente, creo que a todos, especialmente a ellos, que llevan trabajando un montón y a un ritmo tremendo, nos vendrán bien unas vacaciones. Es necesario cambiar de aires, si no geográficos, sí, al menos, intelectuales.
Buenos días. 367 escribiendo aquí.