Publicado en reflexiones

Domingo 28 de junio de 2020

Son las cinco. Otra noche de calor en la que me despierto demasiado pronto. He abierto las ventanas, está oscuro, así que no cantan los pájaros y solo se escucha el murmullo de un tráfico lejano y discontinuo.

Ayer estuvieron tres periodistas haciendo tomas, un tostón que me desagrada mucho, pero acometo por disciplina. Hoy, que tenía una cita tempranera, a las diez, y ya acababa, y podía disfrutar del resto de la jornada, tendré que ir, finalmente, en plena canícula, a las cuatro y media. Qué horror.

Espero que, como en otras experiencias, esto termine mereciendo la pena. Procuro disfrutar del proceso, aunque no siempre lo consigo. Me dicen que transmito serenidad, puede ser, sin embargo, por dentro siento agobio.

Pretendía empezar las correcciones de Nina, ya no sé si será posible, con tan pocas horas de sueño y la presión de la entrevista en lontananza.

No es para tanto, me digo. No tengo ninguna otra obligación. En mi caso, da igual que sea domingo o miércoles, me organizo yo sola todo el tiempo.

Así que voy a abrir ventanas y a ventilarlo todo, que ayer hubo gente por todas partes. Buenos días.