Publicado en reflexiones

Viernes 3 de julio de 2020

Hoy sopla el viento del este. Son las seis y diecisiete. Por primera vez en nueve meses, no tengo mi Taller de Proyectos Narrativos. Pero eso no significa que haya dejado de escribir. Sigo avanzando en la reconstrucción de Nina. Y, por cierto, me llegó la constatación de su registro en el RPIntelectual, que se había retrasado con el confinamiento.

Ayer hice y subí un vídeo de práctica, tal como me había propuesto. Creo que me voy a apuntar a un curso de novela negra para organizar la trama del tercer proyecto. Al menos tener algo externo que me socialice en la dura y solitaria tarea de la escritura.

Sigo a dieta. Hoy llega un pedido de productos. Otras veces ha tardado una semana, y parece que ahora se dan mucha más prisa. Intento cambiar el ritmo acumula grasas de mi organismo. Y es otro empujón para llegar a mi peso, porque todavía no lo conseguí. Voy haciéndolo en fases.

Poco más puedo escribir. Traerán hoy también los materiales para la obra que empieza el lunes. Durante el fin de semana tendremos que desmontar mi rincón de trabajo. Y me haré un hueco en la habitación de G.

En cuanto pueda, me doy un paseo, ahora, temprano, que me estoy quedando anquilosada. Hay que aprovechar el frescor de la mañana. Escaso, pero necesario. Menos mal que tenemos aire acondicionado para cuando la cosa se pone fea. Por cierto, Ela, finalmente, lo está usando y disfrutando. No pudo ser antes porque se opuso por tonta obcecación, pero, en fin, más vale tarde que nunca.