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Domingo 21 de julio

No me gusta ir en festivo, nunca me acerco al híper un día como hoy, excepto si me veo en un apuro. Me despisté ayer, con lo que hoy no me quedaba de nada, y menos aún para invitar a un chisme a G y B, así que me he escapado a primera hora.

La venganza del sistema llegó cuando tuve que pagar en una caja self-service de lo más pejigueras. En fin…

Finalmente saldremos a comer fuera, pero he repuesto mis vituallas de picoteos, cosa estupenda, porque después vendremos aquí.

Sigue haciendo un calor de mil demonios. Sobrevivo gracias al aire acondicionado. En esta buhardilla anoche había 33º C, seis menos que en la calle, y la temperatura bajó hasta 28 durante la noche (unos 25-26 en el exterior), lo que en la tele llaman «una noche tropical». Hoy, por más que he aireado la casa, no corría ni la más mínima brisa. Y dicen que se acercan días aún peores.

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La vida sigue

Hace mucho calor. Y no me agobia, como otros veranos, que estas temperaturas horrorosas me impidan disfrutar lo suficiente de los escasos días de vacaciones, porque no hay trabajo al que volver.

Han nombrado un profe en expectativa para la plaza a la que he renunciado, y el año que viene saldrá a concurso y se cubrirá ya con un destino definitivo. No soy más que un grano de arena en una gigantesca playa y, como decía un compañero hace unos años, ya llegó el momento de olvidar y de ser olvidada.

Aunque algo de mí seguirá con algunos alumnos, espero. Alguna brizna en su carácter y en su recuerdo.

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Viernes 19

Son las siete. Tengo todas las ventanas abiertas, en un intento de que los 22 grados de la calle refresquen los 28 del interior, antes de que la temperatura suba y haya que sobrevivir a base de aire acondicionado.

No consigo mantener la lucidez de Gijón, el calor me aplatana. Me refresco en la piscina, aunque los alaridos de algunos niños gritones suelen mandarme a casa antes de tiempo. Creo que si puedo trabajar un poco es en estas horas de cierto frescor, aprovechando mi tendencia natural a despertarme pronto.

Hay un par de exposiciones interesantes que podríamos visitar: Fra Angelico en el Prado, Picasso en Caixa-Forum. Pero, de verdad, con este bochorno hay que echarle valor.  JC ya vuelve al trabajo el próximo lunes y hoy espero un paquete, no nos queda margen matutino, de momento.

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Jueves 18

Los días en casa pasan sin pena ni gloria, simplemente viviendo, resolviendo las minucias cotidianas. Rememoro el de ayer y no hay nada demasiado especial, pero en algo invierte una el tiempo, así que le paso revista.

Y resulta que a primera hora fui a la peluquería. Y con el pelo recogido y recién teñido de rojo me acerqué con JC a la piscina. No metí la cabeza en el agua, claro, qué lástima de trabajo de peinado, aunque la peluquera solo había secado el pelo con el difusor, tal como le pedí, pues me pareció incongruente que me alisara el flequillo en esas circunstancias piscineras.

Luego se hizo la hora de cocinar y de comer. Y después hacía demasiado calor para casi todo, con lo que JC y yo nos sentamos a ver una serie británica que nos encantó: The Bletchley Circle. Vimos solo tres capítulos, la primera temporada. Y fue un gustazo, buena trama, buen ritmo y excelente ambientación. Una alegría saber que existe la segunda temporada.

Finalmente, con una temperatura más vivible, revisé mis tareas de escritura en la buhardilla y resolví algunos pendientes. Cenamos y se hizo la hora de dormir. Una jornada, entonces, cumplidita.

Y la de JC no fue menor, porque se la pasó contestando emails atrasados y limpiando y reacondicionando los jardines de la casa. Casi na.

En conclusión: nada exótico, pero tampoco la gran molicie. Un día de vacaciones en casita pleno, como a nosotros nos gustan.

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Miércoles 17 de julio

Cuesta trabajo vivir en este calor. Volví energética de Asturias, pero se me va la marcha a pasos agigantados. A veces hasta me duele la cabeza y tengo que esforzarme mucho para conseguir una mínima concentración.

Aquí no caminamos tanto, tres días llevamos ya de parón sedentario. En Gijón fue excesivo el esfuerzo, terminé con dolor de lumbares y ciática. Supongo que fue de caminar por la playa, que requiere un esfuerzo extra. Y la dura cama del apartamento no ayudó mucho. Ahora estoy recuperándome, con antiinflamatorios incluidos. Pero no me quejo, porque mejoro exponencialmente.

Algo hice para el curso de novela. Al menos eso conseguí, aunque me costó centrarme. Además, la escasa participación de los demás alumnos no motiva nada. Está pasando sin pena ni gloria, anodino y simplón, qué triste. Y mira que tiene buenos materiales y que Margarita de profe es un lujo.

Finalmente apunto que ayer fuimos a la piscina por primera vez en seis años. Creo que se puede contar con los dedos de las manos nuestra participación en esas actividades durante los 28 veranos que llevamos viviendo aquí. Años y años sin pisar siquiera las instalaciones o yendo algún día aislado.

Ha sido un empeño mío, porque JC es muy de secano, que no sé cuánto durará, pero que consideramos una opción saludable y nos hemos propuesto seguir.

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Muy temprano

Ya en casa, pero con la mente todavía distraída, intento centrarme.

Debo subirme a la báscula y asumir el peso que marque, después de casi dos semanas de comidas fuera de la dieta. También tengo otra obligación ineludible: revisar el tema once del curso de novela y elaborar una escaleta del desenlace con prisas, porque el plazo vence mañana a mediodía.

Las ventanas abiertas dejan pasar un cierto frescor, muy lejano a la estupenda brisa de Gijón, pero es lo que hay.

Son las siete. Subo a la buhardilla y me pongo a ello.

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En casa

Nada más llegar me he encargado de devolver las orquídeas a su sitio, que han resistido bastante bien, y he desmontado la mitad del equipaje. Sin retrasos, sin cansancio. Lo que viene a demostrar que he recuperado las fuerzas perdidas. Qué alegría.

También he comprobado on line una comunicación del ministerio de hacienda sobre mi solicitud de jubilación anticipada. Y leído una carta en la que se me hace saber también por escrito. Alea jacta est, que dijo César. Vuelve el vértigo.

Y sí, hace calor. En un rato nos vamos a ver a G y no será dando un paseo, porque todavía no baja de los 34 grados ¡Con todo lo que hemos andado estas dos semanas y a lo que nos vemos reducidos ahora! Habrá que llevar a Gordito, el coche, que ha estado parado todo este tiempo… Y que será una sauna, el pobre.

Pero qué estupendo es estar de vuelta en casa.

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Happy aniversary volviendo a casa

No son todavía las ocho, en un ratito recogemos y nos vamos. Luce el sol y el termómetro de la farmacia de la esquina marca 17 grados. Sopla siempre una brisa marina fresca, a veces realmente fuerte.

Hoy hace 37 años de nuestra boda. Llevamos juntos, entonces, más de la mitad de nuestras vidas. Muchas cosas hemos experimentado JC y yo. Algunas terribles, como el asesinato de Rodrigo. Esta fecha nos recuerda siempre nuestras esperanzadas y animosas expectativas juveniles de 1982. Seguimos andando de la mano este camino vital, hasta donde nos lleve.

Pero hoy es también el día del regreso. Me apetece ya volver a casa, aunque voy a echar mucho en falta este fresco que permite pasear en cualquier momento. En Madrid hay que echarle valor para salir. O esperar horas menos duras, y nunca lo suficientemente frías, enclaustrado en casa. O moverse de un agujero refrigerado a otro, con un coche también refrigerado, por supuesto.

Han sido dos semanas de vacaciones estupendas. No habrá más hasta mucho más adelante. A ver qué tal encajo todo ese tiempo en casa.

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Décimo cuarto y último día de vacaciones

Como casi todas las mañanas desde que estamos aquí, hemos ido a la playa de San Lorenzo. Resulta una gozada tenerla tan cerca y poder acercarnos en chanclas, sin más estorbo que la poca ropa que se pone uno encima del bañador. Algo empieza a notarse en nuestra piel tanta exposición al sol y al viento: un cierto colorcito dorado, aunque usamos protectores muy altos.

El apartamento fue una buena elección. Está muy céntrico y nos permite disfrutar de los edificios de principios del XX que conforman el barrio. De ellos he tomado imágenes varias, como la que empieza mi texto de hoy y algún post anterior más.

En cada paseo descubrimos nuevos edificios, por cierto todos muy interesantes y con su propia personalidad. La mayoría tienen en común el gusto por las balconadas cerradas, tipo galería, muy típico de la cornisa cantábrica, y que hemos visto y comprobado desde Galicia hasta el País Vasco.

De una galería tradicional disfrutamos nosotros también en este nuestro refugio provisional gijonés. Ahora mismo JC está leyendo en ella, sentado frente a mí, en un sillón de orejas de lo más cómodo.

Hoy no tenemos más plan que vagabundear por las calles, subir y bajar por el paseo marítimo y volver a contemplar la playa cuando se enciendan las farolas y la iglesia de San Pedro se ilumine. Aprovecharemos el clima fresquito, pues en casa nos esperan semanas de aire acondicionado y olas de calor.

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Rosa Montero y John Connolly

La tarde del sábado en la Semana Negra, con chaparrón incluido, fue muy especial porque las palabras de Rosa Montero y John Connolly también lo fueron.

La periodista manejó con soltura sus cuarenta y cinco minutos hablando de los temas subyacentes a su serie sobre Bruna Hasky. Después de otros ponentes de verbo poco fluido, escucharla fue un placer. Lástima de cabezones delante de mí que me dificultaban ver su cara.

En cuanto al escritor irlandés, la sorpresa estuvo en que habló en español. No tuvieron que traducirle. Y aunque a veces costaba seguirle, por el acento y porque la carpa tenía un ruido de charleta de mil demonios, resultó mucho más llevadero que una traducción simultánea. También él habló sobre sus temas y obsesiones como escritor.

Un éxito de tarde, la verdad. Nos fuimos cuando llegaba Juan Carlos Monedero, con la ciudad renovada y fresca tras la lluvia.

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Día 13 y penúltimo

Seguimos en Gijón. Sábado y domingo nos los tememos aún más abigarrados. Hay mucho gentío porque luce un sol espléndido desde el martes y todo el mundo se ha lanzado a la playa y a la calle para aprovecharlo.

Sin embargo, sopla una brisa fresca deliciosa y la temperatura ambiente oscila siempre entre 20 y 21 grados, que es una auténtica maravilla. A pleno sol puede ser que suba hasta los 24, pero tal cosa no es un problema. Y menos para nosotros. Eso sí, las gabardinas siguen en la maleta, sin usar. Jajajajaja.

Miro las previsiones meteorologicas y compruebo que hoy se anuncian nubes, ya no el sol radiante de los últimos días, incluso algún chaparrón. A JC y a mí nos encanta este clima cambiante. Supongo que porque no tenemos que vivirlo todo el tiempo.

El lunes, de vuelta en casa, me acordaré de estas temperaturas con nostalgia, segurísimo.