
Son las siete. Tengo todas las ventanas abiertas, en un intento de que los 22 grados de la calle refresquen los 28 del interior, antes de que la temperatura suba y haya que sobrevivir a base de aire acondicionado.
No consigo mantener la lucidez de Gijón, el calor me aplatana. Me refresco en la piscina, aunque los alaridos de algunos niños gritones suelen mandarme a casa antes de tiempo. Creo que si puedo trabajar un poco es en estas horas de cierto frescor, aprovechando mi tendencia natural a despertarme pronto.
Hay un par de exposiciones interesantes que podríamos visitar: Fra Angelico en el Prado, Picasso en Caixa-Forum. Pero, de verdad, con este bochorno hay que echarle valor. JC ya vuelve al trabajo el próximo lunes y hoy espero un paquete, no nos queda margen matutino, de momento.