Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Domingo 5 de abril de 2020

Ayer murió nuestro amigo AC. Estaba ya muy malito hace un año, cuando su fiel JM acudió a la presentación de la Librería Muga y nos lo contó. Él ha sido también el que nos lo ha comunicado ahora. Me emociona esa amistad tan leal de los dos.

No sé si ha sido el maldito virus que nos cerca o la evolución esperable de sus dolencias. Espero que el tránsito de AC al Otro Lado haya sido tan dulce como era él. Para JC y para mí fue un consuelo conocerle en los primeros y durísimos meses de sufrimiento por Rodrigo. Encontramos allí a M y P, que fueron nuestros compañeros de dolor muchos años. Y hasta mi padre acudió a una quedada de aquellas, que además de parecerle maravillosa le resultó fácil y accesible porque se hizo cerca de su casa. Ay, mi pobre, no nos duró para la siguiente.

AC era muy bueno, tierno, sentimental. Este es el último mensaje que nos mandó en un aniversario del once de marzo. Fue en 2017, luego ya su salud se deterioró y ya casi no se comunicaba.

M y J C, amigos. Parece que fue ayer y ya han pasado tantos años. Permitidme estar hoy a vuestro lado, sentiros muy cerca. Os quiero. Siento mucho lo que pasasteis y seguís pasando. No os sintáis solos, por favor. A vuestro lado, está él. Estoy seguro, Tratad de escucharlo. A vuestro lado, estamos también vuestros amigos. Me gustaría, personalmente, pediros que me permitáis deciros que os quiero y por eso os recuerdo hoy de manera especial. Un fuerte abrazo a los dos, a ti, M, y a ti querido JC.

Hay personas que tocan el corazón y AC era una de ellas. Estará con Rodrigo, velando por nosotros. Nos volveremos a encontrar, amigo.

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Sábado 4 de abril de 2020

Sigo anotando aquí aunque no se me ocurre demasiado nuevo que contar. Llevo dos días sin hidratos. He vuelto a ser buena y a comer solo verduras y proteínas, y además reduciendo las cantidades. No es una dieta estricta, no quiero bajar mis defensas, pero sí menos irreflexiva. Espero mantener mi propósito. Llevaré la cuenta aquí, en este diario para todo.

Mi novela avanza despacio, repaso mucho, recapacito, encuentro errores, los soluciono… Me agobia algunas veces, parece que se me ha convertido en una obligación cada vez más pesada. Y empiezo a sentir deseos de librarme de ella. Pero no me dejo engañar por la desidia de los confinamientos. Si lo hiciera, entonces, ¿a qué dedicaría mi tiempo? Si esto no me cunde, ¿hay otra cosa en la que ser más eficiente? ¿Existe alguna otra actividad que eche de menos y no hago por culpa de la escritura? Preparar vídeos con presentaciones didácticas, me digo a mí misma. Ya. ¿Seguro? ¿Y por qué ni siquiera lo intento, en qué se me van las horas?

Es lo más llamativo de estos últimos días, que pierdo el tiempo, que cuanto menos hago, menos me apetece. Paso revista a lo que hice ayer para comprobarlo. Hago una lista:

  • Leer el periódico
  • Escribir y mantener las bitácoras
  • Continuar la novela
  • Domesticidades varias
  • Ver unos episodios con JC y charlar con él
  • Escribir otro rato
  • Redes sociales, vídeos
  • Más domesticidades

Cuando compruebo esas acciones, veo que tampoco es que haya desperdiciado el tiempo. Puede ser que ya no sea tan eficaz, pero tampoco es cosa de no permitirme un poco de entretenimiento. Creo que las horas productivas van menguando porque el encierro embrutece. Me temo que es puro instinto intentar distraer la mente, olvidar todo esto que nos pasa, que está ahí, que sabemos que nos asusta y que por eso no lo dejamos salir a la superficie.

Vaya, me parecía no tener nada que contar y me ha salido esta larga reflexión. Qué cosas. Ahí voy. Me lanzo a por un nuevo día.

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Viernes 3 de abril de 2020

Casi tres semanas de confinamiento llevamos. Me siento en una situación extraña incluso en casa, el lugar más cotidiano y acogedor. No tengo mucho nuevo que escribir aquí. Continúo mis tareas cotidianas. Lo único diferente es que hago dieta. No es muy estricta, aunque tengo productos para ello, pero sí seria. Este confinamiento puede empeorar mi salud si aumenta mi peso, porque con los kilos me sube la glucosa y la presión arterial.

Y poco más. Amanece soleado como ayer, aunque terminase lloviendo. Hoy tiene pinta de ser parecido. Me daré una vuelta por el jardín, que está precioso, mostrando ya la primavera.

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Jueves 2 de abril de 2020

Son casi las nueve. Llevo una hora leyendo el periódico, medio atontada porque ayer me atacó el insomnio y no me dormí hasta las tantas.

Escribo poco, dos o tres caras de folio cada día. Menos mal que se han espaciado las clases. No tengo serenidad, me cuesta. Prefiero entretenerme leyendo, o navegando la web, o viendo vídeos de YouTube.

He decidido volver a la dieta. Sube mi tensión arterial a la vez que mi peso, tengo que bajar ambos. Así que hoy me propongo un día de transición, a ver si puedo, porque emocionalmente también me cuesta mucho. No tenemos dulces de ninguna clase. Los hidratos del pan o las galletas maría. Patatas o arroz procuro no comer. Pero eso no basta. Jopletas.

Hago cinco kilómetros de bici y sigue la lumbalgia. Había llegado a ocho bastante bien, pero mi intento de subir a diez tuvo resultados catastróficos que todavía arrastro.

En fin, voy allá, al nuevo día, que parece soleado y del que solo cuento miserias. Con renovado vigor. Ni un paso atrás.

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Miércoles 1 de abril de 2020

Qué largo se ha hecho el mes de marzo. Qué tensión por el aniversario, desde febrero, qué cantidad de viajes previos, qué sensaciones de extrañeza por la suspensión de los memoriales y qué parón temporal con el confinamiento.

No constato nada nuevo hoy. Sigue lloviendo, continúan mis dolores articulares y de cabeza, me propongo escribir unas cuantas páginas más, kilómetros de bici, algo de baile y reducir la ingesta de hidratos.

Pobre de mí, ni siquiera es que tome dulces o chuches, solo me paso porque como alguna tostada de pan, de esas secas y tristes de dieta. Aunque ayer, suerte infinita, me permití degustar algo de pan fresco.

Son las ocho. Llevo una hora leyendo el periódico y escribiendo cosas como estas. Me levanto ya. JC se queda un poco más, le viene bien dormir.

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Martes 31 de marzo de 2020

Se acaba el mes. Llevamos dos semanas confinados y lo que nos espera todavía. Supuestamente quince días más, pero las universidades, por ejemplo, ya cuentan con que no se volverá a las aulas. Y sus clases, en teoría, terminan entre finales de mayo y primeros de junio.

Por extensión supongo que no volveré a EdE hasta después del verano. No me importa seguir con las vídeo conferencias, me libera de dos horas de transporte. Y para el siguiente curso, ya veremos. Ayer se despidieron dos compañeras. Una de ellas era mi homónima, que parecía inaccesible al desaliento. No sé si me quedé sola con los tres profes. Espero que ME continúe. Si era capaz de volar desde Francia por acudir a la clase, la vídeo conferencia tiene que resultarle mucho más apetecible. Y, por otra parte, es de esperar que se añada alguien más para el próximo trimestre, ¿no? En todo caso yo sigo, me hace bien ese encuentro semanal.

Hoy JC hará la compra para nosotros y para Ela. Se la llevará en un intento de que tenga suministro para las dos próximas semanas. Más adelante ya veremos. Compruebo que estoy cargada de miedos, que me asusta que tenga que ir hasta allí y cruzarse media ciudad. Como si no fuera lo que hace cada día en condiciones normales.

Son las siete. Llueve. Oigo el agua tras los cristales. Parece una lluvia calma, sin viento, suave. El cielo gris y el desplome de las temperaturas harán que el día sea más triste. Estaré intranquila sin JC, con el miedo atávico de quedarme sola ahí, palpitando. Lo reconozco, lo asumo, lo combato como puedo.

Me dedicaré al último episodio de Maestros de la costura y a escribir, que vuelvo a tener sesión el viernes.

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Lunes 30 de marzo de 2020

Son las nueve. Llevo una hora leyendo el periódico. Voy a darme una ducha y a desayunar, de momento solo me he tomado el té que siempre traigo a mi mesilla. A las once disfrutaré de nuevo una vídeo conferencia con mi grupo de escritores. Me motiva mucho verles, oír sus voces, leer y escuchar sus textos. Me anima a seguir adelante con mi novela y a no caer en una rutina destructora. Conseguí terminar dos páginas, cinco caras más o menos. No es mal ritmo, supongo, aunque está escasamente corregido. Estoy contenta.

Y poco más. Ando pensando también en mis posibles vídeos didácticos. De momento con tanta escritura apenas los empecé a planificar. A ver si me pongo en los próximos días. Al menos está ya el canal preparado. Estas circunstancias de confinamiento me empujan sin yo quererlo. Tendré que tomármelas como una señal y acometer ese trabajo.

Nueva semana, nuevo lunes, esta noche es la última entrega de Maestros de la costura. Me ha parecido menos mediocre que la segunda temporada, pero bastante anodina. La primera quizá fue mejor. O solo sucede que era novedosa y desde ella todo es más de lo mismo. En fin, programa para pasar el rato y renovar mi interés por esa afición costurera que tengo en stand by, excepto por mi renovada suscripción a la revista Patrones.

Repaso y corrijo este texto hasta que queda a mi gusto. No solo es un diario que me ayuda a entender y asimilar el ritmo del tiempo, sino un continuo ejercicio de estilo.

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Domingo 29 de marzo de 2020

Una hora más tarde, por el cambio anual de todas las primaveras, vuelvo a escribir aquí. Son las siete y media, es domingo, apenas conseguí avanzar dos páginas en mi novela, noto cómo se me redondean vientre, muslos y nalgas, me duele la espalda y se mantiene el dolorcillo de cabeza. Este es mi parte de sensaciones nada más despertar.

Se me hace pesada la reclusión. Procuro vivir el presente, porque si miro hacia adelante veo todavía muchas semanas sin poder salir y me agobio. Las previsiones para la educación llegan a finales de mayo. No lo dicen explícitamente, pero se sobreentiende. Y ese confinamiento es una buena medida para pulsar lo que nos espera. Si miramos a China, ahora empieza a levantar unas restricciones que empezaron en enero. Si miramos a Italia, todavía no se ve salida.

De momento todo bien. Esperemos que siga así. Alguna curiosa experiencia en Facebook. Poco más. Subiré a la buhardilla a seguir con la historia de mis personajes. No entiendo por qué me cuesta tanto.

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Sábado 28 de marzo de 2020

Son las siete y media. Sábado otra vez, tengo que escribirle a Rodrigo. En este encierro pierdo el sentido del tiempo, menos mal que escribir aquí unas líneas cada mañana, nada más despertar, me mantiene orientada y lúcida.

Dispongo solo de dos días para avanzar algo en mi escritura. En el duermevela me angustiaba intentando adelantar alguna cosa, pero nada, imposible, solo ansiedad, a pesar incluso de las pastillas «Serenil» creo que se llaman. No están mal, pero las que de verdad me van bien son las de amapola de California, y no las encuentro.

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Viernes 27 de marzo de 2020

Hoy tengo la vídeo conferencia del Taller de Proyectos Narrativos y no he escrito demasiado. El lunes haremos una nueva sesión, y no sé cuánto avanzaré en el finde, me temo que no tendré mucho material para esa segunda cita. Y, claro, tampoco para la del viernes siguiente. Me cuesta mantener la escritura. Me falta serenidad de espíritu. Y se me va el tiempo tontamente. Necesito las vacaciones de semana santa. Qué paradoja.

Estamos bien. Yo sigo con un dolorcillo de cabeza a ratos, JC estuvo cansado unos días y tal vez tenía febrícula alguna tarde, máximo 7,4°C, tan leve como la llamada fiebre del heno. ¿Esos síntomas son coronavirus flojos? Vaya usted a saber.

Empiezo a estar harta, aunque no lo acepte, aunque me diga a mí misma que este confinamiento no puede conmigo. Hay una tensión, un estrés latente, que me afecta aunque no me dé cuenta. Esta noche debería tomarme un par de píldoras de hierbas relajantes de parafarmacia, valeriana, espino y esas cosas.

En fin, me voy a la ducha. Espero que hoy sea un buen día, por favor.

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Jueves 26 de marzo de 2020

Mañana tengo Taller de Proyectos Narrativos y he escrito muy poco. No sé si seguiría escribiendo si no tuviera esa presión. Se me va el tiempo no sé muy bien cómo. Domesticidades varias, lectura, un ratito de redes sociales… No me centro.

Creo que aumenta el miedo subterráneo. Este confinamiento no es agobiante en lo físico, tenemos espacio y nos llevamos bien, sino en lo emocional. Procuro no pensarlo pero está ahí, latente. Vivimos en una circunstancia excepcional, muy peligrosa, que podría dar un vuelco en cualquier momento. Dependemos absolutamente de la estructura social que hemos construido y ahora nos sostiene. Luz, agua, comida, dinero… los mínimos esenciales podrían no serlo y entonces ¿qué posibilidades tendríamos de supervivencia?

No lo pienses, me digo. Pero he escrito lo que subconscientemente me horroriza. No seamos catastrofistas, me digo. Eso intento. Pero es una posibilidad. Algunos saben o pueden vivir en la inconsciencia. Otros no. Posiblemente son mucho más felices aquellos que nunca piensan. No tengo esa opción.

Paso de sentir que este es un tiempo como de vacaciones, disfrutable, a temer que todo se desmorone y nada vuelva a ser como antes. Llevo meses, los de mi jubilación, intentando hacer una rutina que las circunstancias impiden continuamente. Agradezco, no obstante, la compañía de JC. Estar a su lado lo hace todo mucho más llevadero.

Siento que estamos en una fase aparentemente social, disciplinada y solidaria. Me da miedo otra de aprovechados, no tanto de algaradas o revolución como de oportunistas sin escrúpulos. De esa maldita naturaleza humana que nos caracteriza.

Son las siete menos cuarto. Muchos días ya, entonces, de despertares demasiado tempranos. Y de jornadas con un cansancio latente e incómodo, de pesimismo triste, de dolores de cabeza y de espalda. Me tomaré un desayuno y un ibuprofeno.