Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Jueves 2 de abril de 2020

Son casi las nueve. Llevo una hora leyendo el periódico, medio atontada porque ayer me atacó el insomnio y no me dormí hasta las tantas.

Escribo poco, dos o tres caras de folio cada día. Menos mal que se han espaciado las clases. No tengo serenidad, me cuesta. Prefiero entretenerme leyendo, o navegando la web, o viendo vídeos de YouTube.

He decidido volver a la dieta. Sube mi tensión arterial a la vez que mi peso, tengo que bajar ambos. Así que hoy me propongo un día de transición, a ver si puedo, porque emocionalmente también me cuesta mucho. No tenemos dulces de ninguna clase. Los hidratos del pan o las galletas maría. Patatas o arroz procuro no comer. Pero eso no basta. Jopletas.

Hago cinco kilómetros de bici y sigue la lumbalgia. Había llegado a ocho bastante bien, pero mi intento de subir a diez tuvo resultados catastróficos que todavía arrastro.

En fin, voy allá, al nuevo día, que parece soleado y del que solo cuento miserias. Con renovado vigor. Ni un paso atrás.