Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Jueves 16 de abril de 2020

Sigo apuntando mis días , intentando vivirlos con consciencia, aunque todos se parecen y confunden mucho desde que me jubilé. Cuánto esperé el momento, cuánto lo disfruté y qué raro y ajeno me parece todo ahora. Han pasado demasiadas cosas este último año, muchas y que me desconciertan.

La publicación del libro de Rodrigo, las presentaciones, la Feria del Libro de Madrid, la última Selectividad, el fin de curso, mis últimas clases y la despedida de la vida docente, las vacaciones en León y en Asturias, la Semana Negra, la enfermedad de Javier, mis clases de costura, photoshop y narrativa, el viaje a Portugal, el fallido a Venecia, la muerte de Javier, la extraña Navidad posterior, el viaje a Sevilla, las tres presentaciones en Asturias, la emotiva visita a Belfast y luego, de pronto, el aniversario del 11M más raro e impensable, esta pandemia y el confinamiento.

Me disgusta haber perdido mi plaza en el instituto, tan cerca de casa, mi aula, mis rutinas y la sensación de ser productiva. Pero a la vez me alegro de no estar teletrabajando. Una contradicción, una marea de sensaciones extrañas, que solo muestran que a este cambio hay que adaptarse despacio. Y que este parón repentino descoloca mucho.

Ayer no bailamos, fue lo único diferente de estos días tan iguales. Me dolía la espalda. Escribí poquísimo. Cociné mucho, JC fue a la compra y arregló una gotera del tejado, vi tres o cuatro episodios de The good wife y algunos vídeos de YouTube. Corregí todo el texto, eso sí. Pero solo llevo escritas dos páginas. Las vacaciones me sirvieron para descansar, no adelanté nada. Una vergüenza.Así que hoy me toca. Sin excusas.

La dieta va despacio también. Ni medio kilo, aunque estoy tomando ibuprofeno y hasta que no lo deje no lo veré en la báscula, al menos he dejado de sentir cómo me crece el trasero. Jajajajaja.

Son las 8:39. Hace quince días que no escribo en la bitácora de autora, parece que no llueve, y llevo 296 días seguidos escribiendo aquí.

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Miércoles 15 de abril

Llevamos un mes confinados. Y lo que nos espera todavía. Se hace largo emocionalmente, pero no me quejo. Estamos bien, estamos juntos, no tenemos apuros materiales, vivimos en una casa con espacio, aire, luz y un jardincito donde tomar el sol. Sería una frivolidad imperdonable ponernos quejicas.

Ayer parece que fue el día de las entregas. Por fin la de la farmacia, desde el 31 ya tocaba, menos mal. Pero es que llegaron también las verduras y frutas, a las 9 y pico, pobres, súper tarde. Hice el pedido apenas 24 horas antes. Vienen de una finca modesta, en Arganda, con un reparto casero. Parecen cosas ricas. Dejamos todas las viandas pasando una cuarentena en el garaje. No se nos ocurrió otra manera de higienizarlas, al menos de momento. Pero les hincaremos el diente enseguida.

También fue ayer cuando conseguimos completar un pedido para Ela, que le entregarán el lunes. Y otro de productos de dieta, que no sé cuánto tardará. De momento tengo cosucas para ir tirando una semana, pero no quería quedarme corta porque me he puesto a ello seriamente.

Antes me daba miedo hacer dieta y bajar mis defensas, pero he comprendido que subir de peso tampoco es bueno, porque aumentan mi tensión arterial, el estrés y los niveles de azúcar. Llevo solo dos días, no se nota nada aún, sin embargo estoy activa, animada y resuelta, que es lo importante.

La escritura va lenta, como siempre. No agónica, he recuperado cierta serenidad, pero sigo poco productiva. Tengo vídeo conferencia el viernes otra vez. Y unas cuatro caras de texto. Necesito seguir avanzando. Ojalá que también lo suficiente para alcanzar algo de reserva.

Son las 7:38, llueve, todavía está oscuro. Empieza un nuevo día.

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Martes 14 de abril de 2020

Son las seis. He dormido como un tronco, después del insomnio de ayer y una pequeña siesta a media tarde. Poco nuevo hoy. Que avanzo despacio en la escritura. Que seguimos bailando JC y yo, cada día un poco más sueltos en los pasos, hilándolos mejor. Que estoy a dieta total.

Ayer hice un pedido de fruta y verdura a una granja de Arganda que nos recomendaron los chicos, G y B. Hoy debería pedir más productos para la dieta, tengo provisión para una semana, pero podría tardar bastante el reparto. Llevo esperando un pedido de farmacia desde el 31, ya 14 días. Pobres repartidores.

Me pongo con el periódico. Buenos días.

Sigo con la bicicleta estática. Doy paseos por el jardín, para que me den el aire y el sol. Vemos Cámera café por las tardes y Siete vidas para dormir. La vida es anodina aquí, pero plena de facilidades, no me quejo. Aunque la reclusión pesa más de lo que pudiera parecer.

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Lunes 13 de abril de 2020

Anoche de nuevo tuve una crisis de insomnio. Estoy un poco ansiosa también, no sé si de resultas o si es previo. El confinamiento pasa factura. El hecho de engordar me obsesiona y tampoco sé si eso es lo que me causa ansiedad o si solo me fijo porque me subió el estrés.

Son las nueve, tengo sueño, apenas he dormido cuatro horas. Intentaré reposar un poco más, pero no tengo nada claro que lo pueda conseguir.

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Domingo 12 de abril de 2020

Son las ocho de la mañana de Pascua más extraña que nunca pude imaginar. Acabo de saber por WhatsApp que ha fallecido el padre de una compañera. No lo conocía ni a él ni a su madre, pero sí la recuerdo hablando de ellos y siento como si realmente lo hubiera hecho. Nos cuenta la repentina soledad de su madre, la impotencia de no poder acompañarla, así que supongo que ni siquiera están en Madrid. Y la comprendo demasiado bien. Y siento miedo, empatía, tristeza.

Me acuerdo de mis padres, que se fueron demasiado pronto. Hace quince años ya de su marcha. Y tengo el consuelo absurdo de que al menos se evitaron esta pandemia horrorosa. Como si eso sirviera para algo. Como si nos hubieran dado a elegir.

V ha vuelto a casa, le espera una convalecencia lenta pero está bien. Ela sigue aislada y sana. Aparentemente todos lo estamos. Pero el confinamiento y las próximas oleadas nos van a dejar agotados anímicamente.

No quiero, sin embargo, dejar este escrito en ese tono pesimista. Sigo escribiendo, continuamos bailando, aplaudimos cada tarde, mantenemos limpios la casa y el espíritu. Voy a leer el periódico, a darme un baño y a vestirme un poco mejor hoy, para celebrar el día de fiesta. Hasta mañana.

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Sábado 11 de abril de 2020

Qué total y absoluta sensación de extrañamiento tengo. Esta mañana siento que más que nunca todo es ajeno y rarísimo. Ufffffff.

Acabo de escribirle a Rodrigo. Son las ocho y media. JC duerme y yo tecleo arropada por el edredón mientras compruebo que hoy también será un día nublado.

Estas breves vacaciones me proponía adelantar materiales escribidores para ir más desahogada en las próximas entregas, pero hasta ahora no he podido. He escrito poco y despacio. Me parece que llevo demasiado tiempo forzando la marcha. Quizá darme un margen podría conseguir mejores resultados. A menudo lo mejor es una ruptura total.

Desde el lunes y mi última vídeo- conferencia apenas he redactado una hoja. Ayer noche, sin embargo, me sentí con renovado vigor. Entonces, me digo, puede que funcione lo de recuperar fuerzas para poder seguir después con más energía. Es un riesgo dejarlo para más adelante y que entonces tampoco me sea fácil, pero hay que intentarlo.

Me animo pensando que otras veces me ha funcionado. Como cuando fuimos a Portugal en septiembre. Entonces me vino fenomenal desconectar del todo. Cuando volvimos a casa había recuperado una nueva lucidez y terminé Nina con soltura y solvencia.

No tengo a mi disposición tantos días de descanso, pero me propongo no forzar mi escritura hasta el lunes. Hoy y mañana solo trabajaré si me apetece. A ver si funciona.

PD: Seguimos bailando. Ya cuatro pasos diferentes y una vuelta decorativa. Jajajajaja.

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Viernes Santo de 2020

Son las ocho y media de este diez de abril. El confinamiento amenaza con alargarse hasta mayo, como yo pensaba. Aunque se vaya abriendo de forma gradual, solo hay que fijarse en China o en Italia para comprender que tres meses es lo más probable.

Lo que no imaginaba, sin embargo, es que puede haber más olas del virus hasta que no se dé con la vacuna. Menos mal que los médicos ya van sabiendo cómo actuar con medicamentos para evitar las evoluciones más indeseables.

Estamos en una Semana Santa rarísima, incluso para nosotros, que no solemos salir en estas fechas porque huimos de las multitudes y de los atascos de tráfico. Llueve, además, y los árboles, que ya tienen sus hojas nuevas, las lucen con el brillo del agua.

JC y yo seguimos aprendiendo a bailar boleros con vídeos de YouTube. Ya manejamos tres pasos diferentes, incluso con vuelta decorativa. Es divertido y nos ayuda a mantenernos en forma. Se ha convertido en nuestro plan de después de los aplausos de las ocho.

Finalmente constato que he vuelto a escribir, después de un par de días de descanso y pocas ganas. Me gusta sentirme más libre, sin la presión de una entrega semanal.

Nuevo récord aquí, 290 días seguidos. Qué barbaridad.

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Jueves Santo de 2020

Seguimos confinados, así que no se nota si estamos en periodo vacacional. Los dos juntos, JC y yo, exploramos las sensaciones no muy lejanas de vivir la jubilación. Yo ya estoy en ello, a él le quedan tres años y tres meses. Esto de no salir es aburrido, suponemos que ser ambos pensionistas no lo será tanto. Y que en años sucesivos podremos disfrutar de la Semana Santa de otra manera.

Tenemos una novedad en medio de esta monotonía, y es que aprendimos a bailar dos pasos sencillos de bolero. Así, todas las tardes, a las ocho y dos minutos, después de los aplausos, hacemos prácticas con música de Los Panchos. Es una actividad física bastante divertida, que nos cansa y, sobre todo, nos hace reír. Yo tengo que quitarme el jersey e incluso en camiseta sudo lo indecible. Ya llevamos tres días seguidos de bailoteo. Es genial.

Son las siete. Hoy me he lanzado a escribir antes de leer el periódico. Termino contando que ayer me salté la dieta y comí pan. Hoy regreso al buen camino, aunque no se nota demasiado. Estoy engordando. Noto con horror cómo me redondeo. Así que, a comer menos y más cuidadosamente. Qué remedio.

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Miércoles 8 de abril de 2020

He dormido fatal. No pude conciliar el sueño hasta las cuatro. Ahora son casi las diez, he dormido cinco horas escasas.

No me había dado cuenta hasta poner la fecha en el post de hoy. He tenido una noche de insomnio en la misma idéntica fecha, hace dieciséis años, en la que Rodrigo vino a decirme que estaba bien.

Vivo un acorchamiento emocional muy fuerte. Ya sé que es mi sistema de defensa particular, por mi dura experiencia previa. Me sorprende que haya sucedido esto y la nueva coincidencia de este 8 de abril. Porque también en un día como el de hoy, hace quince años, murió mi madre. Me sorprende solo intelectualmente, porque tengo los sentimientos embotados.

Espero otra vez, con la máxima esperanza, aunque sin emoción, porque estoy absurdamente roma. Confío porque intuyo su aliento. Quiero creer que desde más allá de los Puertos Grises han sabido hacerme llegar sus mensajes.

El significado último no lo sé. Puede ser que más adelante entienda otros aspectos, nuevos matices. Es posible también, por el contrario, que no tenga más que esta renovada y recurrente casualidad. Pero ya es mucha.

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Martes 7 de abril de 2020

Llevo noventa minutos leyendo el periódico. Esa es mi dinámica habitual. Luego escribo estas líneas, me arreglo, desayuno y subo a escribir a la buhardilla.

En los descansos miro el correo, cotilleo un rato en Facebook (que no tengo en el móvil a propósito) o veo vídeos… Y me llega el momento de hacer la comida. No me cunde para más.

Por la tarde veo alguna serie o peli con JC en el salón. Luego hacemos bici, o jugamos Civilization, o sigo escribiendo y moneando por la Red. Anoche incluimos media hora de baile. Los pasos más sencillos de un bolero. Fue divertidísimo. Creo que hoy bailaremos más, a ver si conseguimos interiorizar esos pasos y que nos salgan más naturales.

Debería ir a la compra pero me da pereza. Y un puntito de miedo ansioso. Aún tengo bastante comida, aunque me faltan algunas cosas para la ensalada. Puedo ir mañana o pasado. No corre prisa.

Hace quince días que no salgo a la calle. Y llevo 287 escribiendo en este blog.

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Lunes 6 de abril de 2020

Estamos en la Semana Santa y no se nota. Parece que todos los días son iguales. Lo único que rompe la monotonía es que hoy tengo vídeo conferencia del Taller de Proyectos Narrativos. No habrá más hasta el viernes subsiguiente. Así que dispongo de casi dos semanas sin presión alguna. Me apetece mucho, pero reconozco que será también una prueba para mí. Veré si avanzo sola estos días o si pospongo la escritura a los momentos previos a la siguiente cita.

Ayer me entretuve cosiendo mascarillas. Fue divertido. Tengo que variar más mis actividades incluyendo cosas así.

Nada más. Me pesa el encierro aunque las condiciones sean óptimas. Soy consciente de que durará mucho. Nos van contando poco a poco, pero no es difícil darse cuenta de que va para muy largo.

Quizá sería interesante algún curso online más. Lo pensaré. Ahora toca empezar el día.