Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Lunes 27 de abril de 2020

Ayer fue el primer día en que los niños pudieron salir a la calle. Por lo que cuentan las noticias del comportamiento poco cívico de algunos ciudadanos, el confinamiento estricto fue una medida más que necesaria. Mucho compararnos con otros países para criticar a los que mandan, pero poco para imitar la disciplina de sus habitantes.

Aunque el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha dicho que en general el comportamiento estaba siendo bueno y que, en todo caso, tomarían medidas si se comprueba que no es así, son muchos los que han mostrado su indignación. En fin, esperemos que no haya que volver a empezar. Lo explica bien una sanitaria:

Twitter (@dharmadue): QUE PUTA VERGÜENZA! No me mato a trabajar en la Uci para cuidaros para que el primer día q podais salir seais unos IRRESPONSABLES. Si os dierais un paseo x la uci, no estariais con vuestros hijos tan tranquilamente en la calle mil horas sin distancias”.

Nosotros, sin embargo, seguimos enclaustrados. En mi caso llevo cuatro semanas, desde el 23 de marzo. Iré a la compra mañana. Y es posible que nos dejen dar paseos para primeros de mayo. Con un poco de suerte para mi cumple.

Leo, hago presentaciones, y volveré a escribir en un rato. Son las nueve. Hay sol entre nubes. Ha florecido una cala y las orquídeas tienen ya cuatro, dos púrpura y dos leonadas.

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Domingo 26 de abril de 2020

Son las ocho. Escribo la fecha y compruebo que se acaba abril a marchas forzadas. No creo que este confinamiento llegue mucho más allá de mediados de mayo. Aunque la desescalada sea paulatina, espero que podamos dar una vuelta, que es lo que más echo de menos.

Hace un mes que no salgo de casa, ni a la compra, ni siquiera a tirar la basura. Siento inquietud. No quiero seguir confinada, pero tampoco que se acabe esta situación tan curiosa. La casa me ha arropado y es un lugar seguro. ¿Qué me espera ahí fuera? Son sensaciones contradictorias.

He empezado a trabajar en PowerPoints sobre mi asignatura. Por fin tengo una idea técnica que puedo controlar medianamente. No sé cuánto tardaré, no tengo prisa y sí toda mi jubilación por delante para dejar mi modesto legado profesional. Voy solventando detalles sobre la marcha lo mejor que puedo, disfrutando del trayecto, además.

Por dejarle un espacio y por cambiar de actividad, he decidido escribir de lunes a viernes. Hago, en cambio, las presentaciones durante el fin de semana. De momento es picar piedra. Hasta que no tenga una buena cantidad de material no sabré cómo articularlo todo junto. Y entonces entraré en las cuestiones de sonido. Eso también tendrá sus dificultades, así que voy a estar de lo más entretenida.

Como siempre, leo noticias. También ando enganchada a una trilogía de novelas de calidad bastante mediocre, aunque entretenida. Me hacía falta sumergirme en otros textos además del mío. Después de varias novelas de los cincuenta y sesenta, de autores muy reconocidos, me viene bien la levedad de un bestseller. Incluso con sus defectillos de traducción.

Sigo bien mis entrenamientos y la dieta. Empiezo a vislumbrar la salida de este encierro y me apena que JC tenga que regresar al trabajo, me apetecía compartir ya con el tiempo todo el rato. Será pronto, esperamos, en cuanto él también se jubile. Este confinamiento nos ha servido para hacernos una idea de lo que podría ser. Y nos gusta. Excepto el encierro, claro.

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Sábado 25 de abril de 2020

La monotonía se ha apoderado de nuestras vidas. Entretenemos los días con lectura, películas, charla y actividades variopintas. Parece que uno se puede acostumbrar a todo. Aunque subyace un miedo subconsciente, vivimos en una jaula de oro.

Pienso en Ana Frank y su diario, que tanto me impresionó en la adolescencia. Hoy entiendo más vivamente, por mis propias sensaciones, lo que pudo significar para ella. Qué horror. Y qué mal desenlace.

Aquí estamos. Seguimos.

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Viernes 24 de abril de 2020

Hoy tengo Taller de Proyectos Narrativos. Yupi. Sigo adelante con la novela. He terminado un capítulo difícil, a ver qué les parece a los compañeros. Y se me ocurren nuevas tramas con los mismos personajes y ambientación, aunque cambiando la época. Estoy animada al respecto.

Además he descubierto una youtuber que explica cómo hacer vídeos didácticos con elementos con los que me siento cómoda. Ha surgido con el confinamiento, pero es algo que llevaba yo buscando y me viene fenomenal. Tengo que dedicarle tiempo este finde, a ver si me cuadra con todos los materiales que tengo yo ya elaborados.

Leo. Hago bici. Lo que se va quedando atrás es el baile. Después de dos días en blanco, apenas alcanzamos los quince minutos. Pero, bueno, vamos investigando nuevos pasos que finalmente darán lugar a más movimiento en adelante. O eso espero.

Ayer grabé un vídeo hablando sobre El Quijote para el Día del Libro. No me pareció gran cosa, pero el hecho de que algunos amigos me hayan imitado supone que lo han considerado una buena idea. Y accesible para todos.

Empieza un nuevo día. Son las ocho. Leeré el diario. Hasta mañana.

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Jueves 23 de abril de 2020

Hoy es el día del libro. No olvido que tenía dos presentaciones para el de Rodrigo por estas fechas. A saber cuándo se podrán volver a hacer presentaciones.

Son las 7:40, he vuelto a mi costumbre madrugadora. Tal vez haga alguna cosa para celebrar el día. O solo me ponga a escribir. No lo sé.

Mañana tengo Taller y solo he escrito un capítulo, menos de dos hojas. Debería avanzar. Y leer el periódico.

Hace un día bonito. De momento no llueve, aunque las previsiones son que lo haga. Ayer eran de sol y estuvo nublado a rachas. Tenemos buena temperatura, en todo caso.

Supongo que nos dejarán salir un poco a partir del día 10. Este domingo los niños y sus padres podrán dar paseos, por eso creo que ya pronto nos dejarán también a los adultos. Es lo único que echo especialmente de menos.

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Miércoles 22 de abril de 2020

Son las 9:29, me dormí tarde, enganchada a los primeros capítulos de Stargate Atlantis. Todavía no he leído el periódico. Se me acumula el trabajo. Jajajajaja 🤣

Sigo con la dieta. La llevo bien, con tranquilidad. Sigo escribiendo. Ando ahora en un capítulo complicado, porque no me gusta matar a un personaje, pero es lo que toca. También continuamos los entrenamientos físicos de bici y bailes. Se notan ya los resultados, nos sentimos más ágiles y resistentes.

En la jardinera de delante la camelia ya no tiene sus hermosas flores de color rojo. Fueron muchas, duraron seis semanas, pero ya terminó. Sigue hermosa, sin embargo, con el brillo de los verdes porque está echando hojas nuevas. En cambio, en el porche, las orquídeas empiezan a florecer. Ayer tenía dos nuevas, una leonada y otra púrpura. Habrá que verlas hoy. Llevan semanas de retraso, como ya dije en as alguna entrada anterior, esta primavera está resultando más lluviosa.

Hoy amanece soleado, ya veremos si no termina lloviendo, como en tantos días previos. Por cierto, funciona el arreglo del tejado que hizo JC. Una maravilla. Aunque no puede ser muy permanente, aguantará hasta que lo hagan profesionales. Otra cosa es que finalmente podamos hacer la obra que tenemos apalabrada para julio. No solo porque sea permitida para entonces, sino porque los mismos operarios puedan. Se me ocurre que algunas obras anteriores o a medias puedan tener prevalencia.

En fin. Nueva jornada vital. En una jaula de oro. Confinados, sí, pero también contentos de estar juntos. Me lanzo a la vorágine. Buenos días.

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Martes 21 de abril de 2020

Son las 7:29 y llevo despierta más de una hora, con dolor de cuello y de hombros. Me he tomado un ibuprofeno con un té para calmarlos, así que, como efecto secundario, me entrará una somnolencia incómoda. Pero no creo que pueda dormir el rato más que me vendría bien para rematar el descanso nocturno.

Ayer hubo un problema con la entrega de comestibles que encargamos para Ela. Se solucionó solo porque se basaba en un malentendido inicial, porque los intentos de contactar con el servicio de atención al cliente fueron inútiles. Lo peor para mí, personalmente, estuvo en la impotencia, y en que me alteré un montón.

Y es que estoy bien en apariencia, tranquila, hasta contenta de tener a JC a mi lado todo el tiempo. Pero este estado de alarma es un estresor subterráneo. Y la ansiedad y la frustración saltan a la mínima. Por detalles nimios, que en otras circunstancias serían anecdóticos y solo dignos de chanza.

Menos mal que JC es paciente, y amable.

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Lunes 20 de abril de 2020

8:12 de otra mañana en confinamiento. He dormido más horas esta vez. Anoche me tomé un ibuprofeno para la espalda y la artrosis de los dedos, que me viene bien además para dormir, porque me da sueño. Luce un bonito sol. Va a ser un día precioso.

Ayer acabamos Siete vidas y me dio pena. Como si despidiera a unos amigos. Es verdad que llevábamos meses viéndolo cada noche, justo para pillar el sueño. También que era una serie que veía Rodrigo y siempre me lo recuerda. Por último, que en el aislamiento de estas últimas semanas estamos más sensibles y hasta nos parece que esos personajes nos han hecho compañía y que se habían colado en nuestra casa. Es que trece temporadas de trece capítulos cada una dan para muchas noches…

Sin embargo no nos arrugamos. Volvemos a Stargate Atlantis. Es lo suficientemente entretenida como para empezar de nuevo, pero también la tenemos ya bastante vista como para que no nos atrape el argumento y nos permita dormir.

Empieza nueva semana. Sábado y domingo los marcamos de forma diferente viendo sendas películas de los últimos tiempos, Terminator: Dark Fate el sábado y 1917 el domingo. Los días corrientes hacemos otras actividades, bailamos boleros (por eso tengo música de Los Panchos en la cabeza todo el rato) y vemos Cámera café. Lo que nunca dejamos, excepto lesión, es la bicicleta estática.

Otro asunto del que no he escrito son los malos pelos que se nos están poniendo después de tanto tiempo sin peluquería. Fuimos justo antes del viaje a Asturias, así que hace dos meses ya. En mi caso estoy acostumbrada a teñirme sola, así que no tengo problema en el color. Otra cosa es que la forma de la melena se esté descompensando porque las capas han crecido, y que el flequillo se vea también un poco raro. Pero gracias a que mi pelo se riza, el conjunto no queda mal.

Respecto a JC, tuve el valor de recortarle el pelo. Muy levemente, solo la capa de debajo del flequillo, y las patillas, que estaban patibularias. Para mi sorpresa, ha quedado bien. Está muy abundante, parece la melena de hace treinta años, pero da un aspecto aseado, que era lo que pretendíamos. Va a ser un cuadro cuando todos nos veamos en la calle con estas pintas. Jajajajaja.

Hoy, me avisa WordPress, número redondo de escritura continuada: 300 días anotando en esta bitácora. Nuevo récord personal.

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Domingo 19 de abril de 2020

6:41 y todavía oscuro. Nada nuevo. Ayer vimos una película después de comer, para hacer algo distinto ya que era sábado, pero todo fue igual que siempre. Es difícil encontrar una novedad.

No bailamos. Sí hicimos bici. No escribí novela pero dediqué tiempo a un post en la página de autora. No sé para qué, no le interesa a nadie. Pocos lectores. Pocas ganas de seguir esforzándome. Volveré a temas literarios o lingüísticos. Por disciplina.

El portátil de mi padre, lo único con xp que me permite disfrutar juegos antiguos, se apaga cuando le da la gana, a los pocos minutos de uso. Me temo que ya no aguanta más.

Hace días que no hablo con G. No hablo con nadie, excepto JC, de hecho. Todo se vuelve cada vez más raro. Redacto ideas inconexas, lo sé. No me alcanza el ánimo para más.

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Sábado 18 de abril de 2020

Todavía aguanta la camelia, tres semanas de abril y las cuatro de marzo lleva florecida. Hoy escribo desde el PC y no con el móvil, así que he subido una foto suya.

Poco hay que contar, excepto que la rutina continúa. Que hacemos ejercicio, que bailamos, que sigo a dieta, que escribo despacio, que a mis compañeros de escritura les gusta lo que voy creando, que sigo en el grupo, ya la única de fuera, porque los demás son profes o trabajadores de EdE. He llegado a dudar si se suspendería el proyecto al ser tan pocos. De momento parece que no. Sigo porque nos animamos mutuamente. Y por apoyar a la escuela. Ellos, supongo, porque ya empezaron y porque podría apuntarse alguien más de aquí a junio.

Lo único novedoso es que he vuelto a jugar a ZEUS, eso sí, con el PC de mi padre, que es lo único con sistema XP que me queda en casa. Es viciante, pero a veces viene bien desconectar.

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Viernes 17 de abril de 2020

Son las 8:23, está nublado y amenaza lluvia. Esta última semana llueve a menudo y la temperatura ronda unos agradables 20°C. La camelia todavía tiene flores. Nos lleva alegrando la vista desde que volvimos de Belfast y nos la encontramos hecha una maravillosa sorpresa cargada de color rojo. Supongo que las flores duran tanto porque no aprieta el calor. Por contra, las orquídeas van con retraso, tienen varas de flor y brotes a punto, pero todavía no han florecido. Les falta sol.

Hoy tengo mi cita narrativa, y hasta he avanzado de más, dos caras de un capítulo complicado e interesante a la vez. Me han venido bien los días de descanso. Aún así, creo que esta novela no será muy larga. Estoy contenta y animada con ese trabajo escribidor, lo único creativo que hago. No me cunde como antes. Y no me refiero a antes de la pandemia, sino a otro muy general. Cuando era más joven. O estaba en activo. O Rodrigo no nos había sido arrebatado.

Podría ponerme a otras cosas creativas, como coser o pintar. Debería buscarme un rato para la lectura. Estas son algunas frases que me digo, mientras reflexiono sobre el hecho de que hablo sola, tengo un diálogo interno conmigo misma.

Pero, bueno, algo leo. He leído el periódico un largo rato, tecleo una hora y pico más tarde, aunque eso es todo lo que leo últimamente. Tengo la concentración alborotada y nada de ficción me apetece. Incluso leo por encima algunos artículos. Y en diagonal, solo escaneándolos, los que de pronto se me hacen bola. Siento que a ese respecto mi cerebro está un poco sobrecargado.

A cambio, la bicicleta estática es ya mi rutina. Y bailar. Cultivo un trabajo físico que me sorprende, que nunca me caracterizó. Tiempos extraños, situación excepcional, circunstancias ajenas a mis costumbres habituales. Será cosa del confinamiento.