Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Martes 21 de abril de 2020

Son las 7:29 y llevo despierta más de una hora, con dolor de cuello y de hombros. Me he tomado un ibuprofeno con un té para calmarlos, así que, como efecto secundario, me entrará una somnolencia incómoda. Pero no creo que pueda dormir el rato más que me vendría bien para rematar el descanso nocturno.

Ayer hubo un problema con la entrega de comestibles que encargamos para Ela. Se solucionó solo porque se basaba en un malentendido inicial, porque los intentos de contactar con el servicio de atención al cliente fueron inútiles. Lo peor para mí, personalmente, estuvo en la impotencia, y en que me alteré un montón.

Y es que estoy bien en apariencia, tranquila, hasta contenta de tener a JC a mi lado todo el tiempo. Pero este estado de alarma es un estresor subterráneo. Y la ansiedad y la frustración saltan a la mínima. Por detalles nimios, que en otras circunstancias serían anecdóticos y solo dignos de chanza.

Menos mal que JC es paciente, y amable.