Qué total y absoluta sensación de extrañamiento tengo. Esta mañana siento que más que nunca todo es ajeno y rarísimo. Ufffffff.
Acabo de escribirle a Rodrigo. Son las ocho y media. JC duerme y yo tecleo arropada por el edredón mientras compruebo que hoy también será un día nublado.
Estas breves vacaciones me proponía adelantar materiales escribidores para ir más desahogada en las próximas entregas, pero hasta ahora no he podido. He escrito poco y despacio. Me parece que llevo demasiado tiempo forzando la marcha. Quizá darme un margen podría conseguir mejores resultados. A menudo lo mejor es una ruptura total.
Desde el lunes y mi última vídeo- conferencia apenas he redactado una hoja. Ayer noche, sin embargo, me sentí con renovado vigor. Entonces, me digo, puede que funcione lo de recuperar fuerzas para poder seguir después con más energía. Es un riesgo dejarlo para más adelante y que entonces tampoco me sea fácil, pero hay que intentarlo.
Me animo pensando que otras veces me ha funcionado. Como cuando fuimos a Portugal en septiembre. Entonces me vino fenomenal desconectar del todo. Cuando volvimos a casa había recuperado una nueva lucidez y terminé Nina con soltura y solvencia.
No tengo a mi disposición tantos días de descanso, pero me propongo no forzar mi escritura hasta el lunes. Hoy y mañana solo trabajaré si me apetece. A ver si funciona.
PD: Seguimos bailando. Ya cuatro pasos diferentes y una vuelta decorativa. Jajajajaja.