Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Viernes Santo de 2020

Son las ocho y media de este diez de abril. El confinamiento amenaza con alargarse hasta mayo, como yo pensaba. Aunque se vaya abriendo de forma gradual, solo hay que fijarse en China o en Italia para comprender que tres meses es lo más probable.

Lo que no imaginaba, sin embargo, es que puede haber más olas del virus hasta que no se dé con la vacuna. Menos mal que los médicos ya van sabiendo cómo actuar con medicamentos para evitar las evoluciones más indeseables.

Estamos en una Semana Santa rarísima, incluso para nosotros, que no solemos salir en estas fechas porque huimos de las multitudes y de los atascos de tráfico. Llueve, además, y los árboles, que ya tienen sus hojas nuevas, las lucen con el brillo del agua.

JC y yo seguimos aprendiendo a bailar boleros con vídeos de YouTube. Ya manejamos tres pasos diferentes, incluso con vuelta decorativa. Es divertido y nos ayuda a mantenernos en forma. Se ha convertido en nuestro plan de después de los aplausos de las ocho.

Finalmente constato que he vuelto a escribir, después de un par de días de descanso y pocas ganas. Me gusta sentirme más libre, sin la presión de una entrega semanal.

Nuevo récord aquí, 290 días seguidos. Qué barbaridad.