
He dormido fatal. No pude conciliar el sueño hasta las cuatro. Ahora son casi las diez, he dormido cinco horas escasas.
No me había dado cuenta hasta poner la fecha en el post de hoy. He tenido una noche de insomnio en la misma idéntica fecha, hace dieciséis años, en la que Rodrigo vino a decirme que estaba bien.
Vivo un acorchamiento emocional muy fuerte. Ya sé que es mi sistema de defensa particular, por mi dura experiencia previa. Me sorprende que haya sucedido esto y la nueva coincidencia de este 8 de abril. Porque también en un día como el de hoy, hace quince años, murió mi madre. Me sorprende solo intelectualmente, porque tengo los sentimientos embotados.
Espero otra vez, con la máxima esperanza, aunque sin emoción, porque estoy absurdamente roma. Confío porque intuyo su aliento. Quiero creer que desde más allá de los Puertos Grises han sabido hacerme llegar sus mensajes.
El significado último no lo sé. Puede ser que más adelante entienda otros aspectos, nuevos matices. Es posible también, por el contrario, que no tenga más que esta renovada y recurrente casualidad. Pero ya es mucha.