Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Viernes 22 de mayo de 2020

Pocos días quedan ya para acabar este tercer mes de confinamiento, algo más de una semana, y parece que nos hemos hecho a las nuevas rutinas. JC sigue confinado. No sabemos cuándo tendrá que reincorporarse. Y yo, con él, me siento mucho más que acompañada. Como toda la población está en casa, no tengo la sensación de estar fuera del mundo de los primeros meses de jubilación. Es como si se hubieran jubilado todos conmigo.

Y además resulta que tenía esbozadas suficientes actividades como para que el aislamiento no me pillase desprevenida. Y las estoy disfrutando.

Soñaba, por ejemplo, con tener tiempo para escribir y ya estoy terminando el borrador de la segunda novela. Me está cundiendo bastante. Quería subir vídeos educativos a YouTube y ya tengo tres en el canal y otros tres casi terminados. Bien es cierto que no he avanzado mucho en edición de vídeo, pero todo llegará.

Lamento, sin embargo, no haber seguido con las sesiones de baile y de bici. Deberíamos volver. Aunque nos han servido mucho, porque tenemos totalmente interiorizados los pasos que aprendimos juntos. Ya no se nos olvidan.

Hoy, como todos los viernes, tengo Taller de Proyectos Narrativos y dos capítulos para compartir en él. Por la tarde, también, una reunión con el corrector. La cosa se va poniendo interesante.

Han subido las temperaturas hasta más de 30°C, el calor me entontece y molesta mucho. Espero que no se instale todavía y vuelva a bajar. Llevamos mascarillas para nuestro paseo diario, desde hoy de forma obligatoria. La verdad es que resultan un agobio respiratorio, pero también que van genial contra los pólenes. Esta primavera tan lluviosa se han multiplicado exponencialmente, así que las mascarillas nos vienen genial. Son los pobres ojos los únicos que ahora sufren la alergia más directamente.

Son las seis y media. Llevo 332 días seguidos escribiendo en este blog. Mañana haré un número verdaderamente muy redondo. Espero acordarme de esos tres treses. Buenos días.

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Jueves 21 de mayo de 2020

Me he despertado a las cuatro, en medio de una pesadilla. Tenía que volver al instituto y con un horario infame. Ni siquiera podía elegir niveles, todo estaba hecho de antemano. Nos habían devuelto a las aulas a los pensionistas. Como si no hubiera suficientes profes jóvenes y en el paro necesitados de trabajar.

Son las seis. Después de leer las noticias del día, se me cierran los ojos. A ver si consigo dormir un poco más.

Nada. Imposible. En fin, ya subí mi tercer vídeo a YouTube, tengo capítulo y medio para mañana y tres vídeos más casi terminados. Lo único en que voy mal es en ansiedad y en que la dieta no prospera. Un paseo diario no debe de ser suficiente para quemar lo que necesito. Un tostón.

Sigo sintiendo sueño, aunque cuando intento dormir, no lo consigo. Intentaré estar calmada un rato, de algo servirá, supongo.

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Miércoles 20 de mayo de 2020

Hoy se me ha hecho más tarde, son las ocho y media, porque anoche no conseguía coger el sueño. Acabo de leer el periódico y me propongo seguir con la novela.

Ayer se me fue el día entre la salida a la compra y unos repasos de PowerPoint, así que tengo que ponerme a ello ya.

El viernes tengo día literario, con el Taller por la mañana y la revisión de Nina por la tarde. Va a ser intenso. Sigo esperando los libros de la actualización terminológica de la RAE, llegarán entre hoy y el lunes, dicen. Otra cosa que hacer luego, obviamente, será estudiarlos. Ya contaré.

Cada tarde damos un paseo, y seguimos aplaudiendo aunque pensábamos dejarlo el domingo pasado. Pero es que todavía oímos a otros que lo hacen. Y mientras se oigan a nuestro alrededor, nosotros seguimos.

Hoy mi madre habría cumplido 89 años y yo hago un número redondo, 330 días, de escritura continuada.

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Martes 19 de mayo de 2020

A las 7:38 de una mañana soleada y más cálida que las anteriores, me propongo salir a comprar víveres, como todas las semanas.

He escrito un capítulo y empezado el siguiente. Me sale con más fluidez. Hubo momentos en las primeras semanas en que escribir cuatro carillas me costaba muchísimo y ahora lo hago en media mañana. Se me acaba la novela. Creo que me quedan tres capítulos. Me van a sobrar sesiones de junio o reviso título, inicio y final, progresión del protagonista, etc. Incluso planteo nuevo proyecto para empezar otro en el verano.

Espero libros con las novedades gramaticales de la RAE para que mis vídeos no se queden obsoletos nada más empezar. Estoy motivada para seguir avanzando.

La dieta regular, no por comer mucho, sino porque no bajo de peso y sí aumento de volumen. Me pesa el trasero. Salgo a pasear cada día, pero no debe de ser suficiente. Intentaré unos días más estrictos de forma alternativa.

Tengo que encargar un ramo para nuestra ahijada, que cumple en pocos días. Me pongo a ello. Ta luek.

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Lunes 18 de mayo de 2020

Empezamos la décima semana. Después de un finde de estreno del canal de YouTube. Subí dos vídeos. Tengo otros dos preparados y otro par a medias. Para darme un margen de publicación que no me agobie.

Pero hoy debo volver a la novela. Y me cuesta hacer esas transiciones de una actividad a otra. Me obligo a pensar en una próxima secuencia, en su personaje, y no se me ocurre nada.

Ayer me salté la dieta y comí pan y palomitas. Hoy regreso a la senda de la contención. Ayer dimos el último aplauso, el doble de largo. Y un paseo corto, porque nos agobia encontrarnos con tanta gente. Y vimos media temporada de El último reino. Es la última serie que nos tiene atrapados. Aunque la inverosimilitud empieza a molestarnos, nuestro frikismo todavía nos mantiene. Y lo que leímos sobre el autor en la Wikipedia, que nos hizo mucha gracia:

«Tras trabajar para la BBC, se trasladó a Estados Unidos donde comenzó las sagas históricas por las que se ha hecho famoso. Según Cornwell la decisión de escribir procede de una necesidad estrictamente económica: al no tener tarjeta de residente, solo la actividad intelectual le estaba permitida para ganarse la vida dentro de la legalidad.»

Jajajajaja. Estiró entonces el filón del personaje y un ambiente histórico que conoce. Me encantan los protagonistas porque casi todos tienen una faceta desagradable muy bien conseguida.

Informe final: son las ocho menos cuarto, luce el sol, suben las temperaturas y me tocan tinte y ducha todavía antes de sentarme a escribir. A media mañana también un poco de limpieza casera. Buenos días.

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Domingo 17 de mayo de 2020

Son las siete. Veo moverse las hojas del pruno de delante, hace el mismo viento que anoche, en el paseo, rebajaba la sensación térmica. Hoy parece, por el contrario, que no lloverá, que se inicia la escalada de temperaturas. Y que superaremos los veintes y en tres o cuatro días los treinta grados centígrados. Vuelve el calor. No me disgustaba el clima gris y templado, veremos qué tal nos va el nuevo.

Hoy me he propuesto subir dos vídeos. Me puede la vergüenza escénica y el síndrome del impostor. JC me dice que YouTube está lleno de cantamañanas y materiales malísimos sin autocrítica alguna. Me insiste en que yo tengo no solo algo que contar, sino solvencia. Se lo agradezco. Pero me sigo sintiendo absurda.

Sin embargo en algún momento debo empezar. Ya he dedicado horas a ese proyecto y lo he anunciado. He buscado otros y tampoco son gran cosa. En mi gremio mis materiales son bastante aceptables. Y, sobre todo, si los continúo y llegan a ser un curso completo. Además, llevo años dándole vueltas a este proyecto.

Así que me pongo a la tarea. Buenos días.

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Sábado 16 de mayo de 2020

Son las siete y veinte, empieza otra mañana gris. Hace poco vi en Facebook un recuerdo del año pasado en que me quejaba de la corrección de exámenes y del calor. Esta primavera sigue extrañamente lluviosa. A cambio, como es de esperar, las plantas están encantadas y bellísimas, da igual que sean árboles, flores o césped.

Quedan seis semanas de Taller y vídeo conferencias. La pandemia se va a extender en el tiempo y yo ya no me planteo dos horas de viaje en transporte público para llegar hasta la sede. Tampoco me apetece volver a algo online, que es muy frío y distante. Tengo un corrector contratado para mi primera novela y si me gusta su trabajo puedo pedirle más ayudas con otros textos. Es un as que me guardo en la manga.

Aunque puedo hacerlo sola, me viene bien tener un contrapeso. Me gustaría más un equipo de trabajo, pero a ver dónde lo encuentro. La constancia no abunda, por lo que veo.

Ayer salí a pasear por la mañana. Quizá debería hacerlo hoy también. Luego volveré a mis vídeos. Que ya va tocando publicar. Y ver si mis esfuerzos sirven para algo o son trabajo inútil.

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Viernes 15 de mayo de 2020 San Isidro

Semana novena y sin visos de salida de la fase 0 en Madrid. La presidenta se dedica a las fotos y el postureo, pero no avanza en los mínimos sanitarios imprescindibles. Los recortes de largos años no se redimen con cuatro banalidades. Y menos aún si la intención es hacerlos provisionales y desmontables. O ni eso, porque asegura que contratará el personal necesario pero no llega a hacerlo, esperando que una promesa vaga sea suficiente.

Hoy es viernes y tengo mi vídeo conferencia de Narrativa, el único hito que rompe la rutina. Llevo más de tres mil palabras, dos capítulos. Y, según mis planes, solo me quedan cuatro más, entre ocho o diez mil palabras. A ver si consigo terminar.

Ya solo somos tres alumnas y el profe. En realidad las otras dos son de la casa, con lo que soy la única que ha permanecido trabajando hasta ahora. L revisa una novela ya escrita, C y yo avanzamos semanalmente. Como unas campeonas. No sé si nos darán las sesiones para plantear el final a las dos. En mi caso, voy a hacer lo posible.

Son las siete y media. Me propongo darme un baño e incluso lanzarme a pasear antes de las nueve, que es el plazo para paseos de mi edad y condición. Buenos días.

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Jueves 14 de mayo de 2020

Son las 7:24, hoy amanezco más tarde, aún no leí el diario. Llueve.

La novela va ya totalmente encarrilada, la terminaré en unas 10000 palabras. Y creo que que ya está casi todo previsto. Los vídeos con PowerPoint van también adelante.

Ayer salimos a dar un paseo y vimos a G. Mi rodilla todavía se resiente a veces. La dieta se estanca por la falta de actividad física, yo persisto, y la pérdida va muy despacio, con altibajos. Como todo el tiempo de cuarentena.

Me repito en mis apuntes porque no hay nada nuevo. Y no me quejo. Mejor esta monotonía que otro susto y otra pena. Virgencita que me quede como estoy.

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Miércoles 13 de mayo de 2020

Son las siete y cuarto, he leído las noticias, apunto aquí unas líneas y me propongo terminar un capítulo que tengo casi a puntito de caramelo. Últimamente escribo con más fluidez.

Ayer fuimos a la compra, por primera vez en ocho semanas podíamos ir juntos en el coche. Cargamos un carro cada uno. JC de botellas y yo de comida. Las largas colas para pagar en la caja fueron lo peor. Se nota más público y las medidas de distanciamiento ralentizan mucho.

Las calles también se ven mucho más llenas. Y va casi todo el mundo con mascarilla incluso en el paseo. Me pregunto cómo será esa nueva normalidad los próximos meses. Tengo la sensación de que un porcentaje de gente cree que el final ya está casi conseguido y se relaja demasiado. La actitud camorrista y reventadora de la derecha propicia la irresponsabilidad de sus seguidores. De la inflamación del odio y la mala baba, mejor ni hablamos, para que no nos infecte como a ellos.

Hoy, trece de mayo, pero en 1984, Rodrigo se lanzó a andar. Lo recuerdo porque mi madre estaba en la escena. Se pasó la mañana cantando la canción de la Virgen de Fátima y que le parecía una maravillosa coincidencia.

Ay, Rodrigo.

Buenos días, ayer llovió lo indecible, hoy parece que habrá nubes y claros. Bajan la curva de la pandemia, el número de fallecidos y de nuevos infectados. Llevo 323 días seguidos escribiendo en este blog.

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Martes 12 de mayo de 2020

Hoy tampoco se me ocurren demasiadas cosas que escribir aquí. Son las siete y media, llevo una hora leyendo el periódico, lo usual desde el confinamiento.

Después de ir a la peluquería, luzco una melena más corta y arregladita. No me corría prisa, aún estaba muy decente, porque mi pelo aguanta meses y meses bastante bien.

Qué paradojas vitales, los rizos que tanto me torturaban de niña ahora son una suerte y la envidia de muchos. Y ser miope, que también me angustió la adolescencia, cuando me surgieron las pocas dioptrías que me asolan, resulta que me ha dotado de excelente visión de cerca.

Para JC, sin embargo, era imprescindible. Había adquirido no solo un largo feote, sino un volumen tipo Beatles en los 60. Solo al verle con su aspecto cuidado de siempre me doy cuenta de que le hacía cabezón y le envejecía mucho. Además de que tenía ya un aspecto desastrado impresentable para volver al trabajo. Vuelve a ser él mismo. El corte, por fin, lo ha devuelto a la normalidad. Jajajajaja.

Esta mañana tocan gestiones de piscina y compra. He avanzado medio capítulo de la novela, a ver si lo termino. Y tengo bastante claros los siguientes tres. El de las explicaciones finales no lo veo suficientemente claro aún. Pero no nos apresuremos, cada día su afán.

Buenos días, me pongo a la tarea.