Pocos días quedan ya para acabar este tercer mes de confinamiento, algo más de una semana, y parece que nos hemos hecho a las nuevas rutinas. JC sigue confinado. No sabemos cuándo tendrá que reincorporarse. Y yo, con él, me siento mucho más que acompañada. Como toda la población está en casa, no tengo la sensación de estar fuera del mundo de los primeros meses de jubilación. Es como si se hubieran jubilado todos conmigo.
Y además resulta que tenía esbozadas suficientes actividades como para que el aislamiento no me pillase desprevenida. Y las estoy disfrutando.
Soñaba, por ejemplo, con tener tiempo para escribir y ya estoy terminando el borrador de la segunda novela. Me está cundiendo bastante. Quería subir vídeos educativos a YouTube y ya tengo tres en el canal y otros tres casi terminados. Bien es cierto que no he avanzado mucho en edición de vídeo, pero todo llegará.
Lamento, sin embargo, no haber seguido con las sesiones de baile y de bici. Deberíamos volver. Aunque nos han servido mucho, porque tenemos totalmente interiorizados los pasos que aprendimos juntos. Ya no se nos olvidan.
Hoy, como todos los viernes, tengo Taller de Proyectos Narrativos y dos capítulos para compartir en él. Por la tarde, también, una reunión con el corrector. La cosa se va poniendo interesante.
Han subido las temperaturas hasta más de 30°C, el calor me entontece y molesta mucho. Espero que no se instale todavía y vuelva a bajar. Llevamos mascarillas para nuestro paseo diario, desde hoy de forma obligatoria. La verdad es que resultan un agobio respiratorio, pero también que van genial contra los pólenes. Esta primavera tan lluviosa se han multiplicado exponencialmente, así que las mascarillas nos vienen genial. Son los pobres ojos los únicos que ahora sufren la alergia más directamente.
Son las seis y media. Llevo 332 días seguidos escribiendo en este blog. Mañana haré un número verdaderamente muy redondo. Espero acordarme de esos tres treses. Buenos días.