Publicado en diario del confinamiento, reflexiones

Sábado 16 de mayo de 2020

Son las siete y veinte, empieza otra mañana gris. Hace poco vi en Facebook un recuerdo del año pasado en que me quejaba de la corrección de exámenes y del calor. Esta primavera sigue extrañamente lluviosa. A cambio, como es de esperar, las plantas están encantadas y bellísimas, da igual que sean árboles, flores o césped.

Quedan seis semanas de Taller y vídeo conferencias. La pandemia se va a extender en el tiempo y yo ya no me planteo dos horas de viaje en transporte público para llegar hasta la sede. Tampoco me apetece volver a algo online, que es muy frío y distante. Tengo un corrector contratado para mi primera novela y si me gusta su trabajo puedo pedirle más ayudas con otros textos. Es un as que me guardo en la manga.

Aunque puedo hacerlo sola, me viene bien tener un contrapeso. Me gustaría más un equipo de trabajo, pero a ver dónde lo encuentro. La constancia no abunda, por lo que veo.

Ayer salí a pasear por la mañana. Quizá debería hacerlo hoy también. Luego volveré a mis vídeos. Que ya va tocando publicar. Y ver si mis esfuerzos sirven para algo o son trabajo inútil.