Hoy tampoco se me ocurren demasiadas cosas que escribir aquí. Son las siete y media, llevo una hora leyendo el periódico, lo usual desde el confinamiento.
Después de ir a la peluquería, luzco una melena más corta y arregladita. No me corría prisa, aún estaba muy decente, porque mi pelo aguanta meses y meses bastante bien.
Qué paradojas vitales, los rizos que tanto me torturaban de niña ahora son una suerte y la envidia de muchos. Y ser miope, que también me angustió la adolescencia, cuando me surgieron las pocas dioptrías que me asolan, resulta que me ha dotado de excelente visión de cerca.
Para JC, sin embargo, era imprescindible. Había adquirido no solo un largo feote, sino un volumen tipo Beatles en los 60. Solo al verle con su aspecto cuidado de siempre me doy cuenta de que le hacía cabezón y le envejecía mucho. Además de que tenía ya un aspecto desastrado impresentable para volver al trabajo. Vuelve a ser él mismo. El corte, por fin, lo ha devuelto a la normalidad. Jajajajaja.
Esta mañana tocan gestiones de piscina y compra. He avanzado medio capítulo de la novela, a ver si lo termino. Y tengo bastante claros los siguientes tres. El de las explicaciones finales no lo veo suficientemente claro aún. Pero no nos apresuremos, cada día su afán.
Buenos días, me pongo a la tarea.