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Sábado 23 de noviembre

Ayer, cuando iba en coche camino de la estación para mi curso de EdE, me llamó JC y regresé a casa. Javier estaba en sus últimas horas.

Me recogió, también a Ela, y nos plantamos en San Camilo. Al poco llegaron G, JM y R.

J estaba sumido en la inconsciencia, respirando con ese «ronquido» característico del estado terminal. Ya muy sedado, poco a poco se apagó.

Lo llevaron al tanatorio de La Paz sobre las ocho y media. Hoy volvemos allí y será incinerado a la misma hora esta tarde. JC, JM y G llevarán sus cenizas a Siete Picos cuando sea posible, supongo que en primavera, porque ahora está todo nevado.

El tiempo se ha ralentizado. Sentimos los tres que andaba yendo y viniendo, y le acompañamos en el tránsito. «No estás solo aquí y no lo estarás al otro lado, allí te están esperando» le decía yo mentalmente. Y sentía que hacía por irse pero no podía desprenderse de su carcasa. En cuanto se marchó, dejé de tener esas sensaciones. Ahora ya no intuyo nada.

Me rondan la angustia existencial, la constancia de la propia mortalidad, el dolor por la muerte de tantos seres queridos, la impotencia, el miedo, la certidumbre horrenda de que no somos nada aunque se nos olvida para poder vivir.

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Viernes 22 de noviembre

El martes J estaba perfecto, ayer, sin embargo, cuando JC se acercó a verle, solo pudo intercambiar con él unas palabras. Apenas era capaz de abrir los ojos, menos aún de enterarse de lo que sucedía a su alrededor. Las respiraciones eran extrañas, muy lentas, con largos espacios entre inspiración y espiración. La doctora explicó que todo eso se debe a que su cerebro está ya muy afectado por las toxinas y se acerca el final. Esta tarde nos iremos los dos. Mañana JM y el domingo todos otra vez. Espero.

No pienses que estoy muy triste /si no me ves sonreír /es simplemente despiste /maneras de vivir.

Eso le recitó a JC hace un par de días, en un momento especialmente lúcido. Y era para que consolase a G, porque lo había visto afectado en la última visita. Que tenía que asumir que la muerte es un hecho incontestable por el que todos terminaremos pasando. Que no le importa marcharse. Que ya lo tiene todo muy meditado.

Yo seguiré la rutina de siempre, aunque me resulta extraño pensar en banalidades a estas alturas. Siento que va a coincidir todo con los días de vacaciones de G y B y ese primer viaje juntos que tuvimos que suspender. Me temo que no se irán muy lejos, ni siquiera a Alicante. Ahora toca estar de guardia.

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Jueves 21 de noviembre

Qué rápido se me pasan las semanas, hoy vuelvo a Photoshop, y mañana a EdE. Lo único que siento nuevo es que doy por terminado el manuscrito. Tengo ya tres lectores cero: José Antonio, Hanna y Estefanía. Qué majos. Y sigo necesitando una lectura profesional, a ver si encuentro alguien de confianza.

¿Qué me espera hoy en Photoshop? En el fondo cualquier actividad tiene una mecha oculta de carga explosiva y puede saltar por los aires si deja de interesarme. Es lo bueno de mi situación, que no estoy obligada a ninguna actividad. Que puedo seguir o picotear o dedicarme al dolce far niente.

Sigo intentando la dieta, con el paso atrás de anteayer. Es duro luchar siempre con el peso. También una constante en mi vida. Y un problema habitual de primer mundo que me avergüenza cuando pienso en otros seres humanos que sufren desnutrición severa.

La frustración de costura del día de ayer se suavizó nada más llegar a casa. Encontré unos patrones antiguos y bastante caros, pero exactamente lo que quiere G, un abrigo clásico de doble botonadura. Como no sé cuándo llegarán, me propongo practicar los bolsillos mientras tanto. El ambiente del grupo me aburre mucho, pero de momento voy a intentar aguantar al menos para hacer el abrigo. Y luego ya veremos.

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Miércoles 20 de noviembre

Anda, mira, hoy es 20N y el dictador ya no está en su monumento. Leo que sigue habiendo misas y homenajes en lugares variopintos. Y nostálgicos de la barbarie. Qué lástima de humanidad, con tales especímenes.

Ayer me salté la dieta con tortilla de patata, pan y chocolate. Hoy tendré que contrarrestar con moderación máxima. Chocolate anti dementores, bueno para la ansiedad. No quiero agobiarme, pero es mi tendencia natural y lo hago. Jo.

Supongo que por eso vuelve a no apetecerme ir a costura. La verdad es que me entran ganas de no ir a nada, tampoco, mañana o pasado. Me asalta la tentación de quedarme en casita todo el tiempo. A ver si así me alcanza la vida.

No consigo avanzar en las tres actividades tanto como me gustaría. Le he dedicado mucho tiempo al manuscrito y ahora me parece que fue tiempo perdido y muy malo el resultado. Eso me frustra y regreso al texto, a los lugares donde creo que falla, para rehacerlos. No son muchos. Ya casi los doy por terminados.

Me digo que tengo mucho margen, que no hay prisa cuando mi maldito afán de perfección me empuja. Es que me obsesiono con rendir en todo al máximo, igual en Photoshop y en costura que en la novela. Pero lo cierto es que gana de calle la narrativa y las otras dos se vuelven subsidiarias y solo las trabajo el día de la clase y poco más.

Esta última semana, sin embargo, he sacado tiempo para practicar PS en casa, porque el mengano pretende que hagamos prácticas imposibles con lo que explica. Hoy pretendo empezar un proyecto de costura y eso me llevará horas también por mi cuenta. Y me pregunto si es prudente, porque no me cunden más las mañanas.

A ver, es lógico que no me alcancen, solo son dos, las otras están ocupadas con clases. Debería dedicar también las tardes, pero debo ponerme un límite. Voy a rehacer mi calendario. ¿O debería ser más realista y suavizar mis expectativas?

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Martes 19 de noviembre

Son las seis. Siempre me despierto muy temprano. Tengo la suerte de dormir de un tirón, con profundidad cada noche. En la perimenopausia tuve problemas de sueño. De unos años a aquí, sin embargo, ha cambiado la tendencia. No llego a dormir ocho horas, pero no las necesito. Me levanto muy descansada y energética, animada, con ganas de hacer cosas. Es una suerte que disfruto sabiendo que en la vejez, por definición, se duerme a ratos y que eso podría sucederme más adelante.

Oigo una alarma en la cocina. Es la yogurtera que ha terminado su racha nocturna. Intento mantener el peso comiendo lo más sano que puedo, los yogures son parte del plan, que incluye alguna licencia de vez en cuando para no perder ni el ritmo ni la motivación. He estado más delgada, me gustaría perder algunos kilos más, pero no me siento con fuerzas. Todavía.

Ayer entré en bucle con una escena del manuscrito. Me agobié, así que he decidido dejarlo reposar y llevaré relatos a mi próxima sesión de narrativa. Debo buscar ya mis lectores cero, alguno profesional si puedo. Y voy pergeñando también la que será mi próxima novela. Estructura, punto de vista y tema en general. Para poder empezar a escribirla en enero.

Ayer repasé Photoshop. Mejor dicho, trabajé con vídeos que suplen al manta del voluntario, que ni maneja bien el programa ni sabe enseñar. Hace lo que puede, supongo. En un curso de estos del ayuntamiento tampoco se puede pedir peras al olmo.

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Lunes 18 de noviembre

Ayer volvió a ser duro visitar a J. Es muy impactante. Tanto que nada permite desconectar del todo después de esa visita. Ni charlar, ni ver juntos una serie, ni el intento fallido de un paseo que se volvió imposible por lluvia pertinaz.

Nuevamente lunes, me toca escribir. Tengo un texto concreto que revisar y rehacer, pero también muchas dudas sobre el manuscrito. No me gusta la propuesta de eliminar todos los diálogos de mi personaje protagonista. Si lo hago se queda sin fuerza su historia. Me argumentan que resulta raro en un diario. Y yo contesto que por qué no. Que es lo que precisamente hace que fluya la historia.

Tampoco quiero romper algunos pasajes importantes con una trama intermedia y anodina. Esa nueva sugerencia, de la petarda, por cierto, y luego refrendada, no me encaja en el plan de alternancia de las tres historias que cuento.

Con estos condicionantes, ver si se me ocurre qué llevar esta semana, porque ya no sé si me ayuda o me entorpece la opinión de mi grupo. Como lectoras no son gran ayuda. El profe apunta algún detalle de cacofonías, poca cosa la verdad, porque mi estilo ya está muy pulido. Más interesante es su opinión de escenas o inconsistencias de la trama. Pero me planteo que por el mismo precio de los dos meses que llevo podría haber pedido un informe de lectura profesional. Empiezo a pensar que necesito más que alguien lo lea todo junto, que la visión de conjunto será mucho mejor que la parcial.

Quiero el apoyo de un grupo de escritores, el empuje, la camaradería, ver a gente con mis mismos intereses. Pero no sé si la conseguiré con estas mujeres. Sobre todo después de la mala educación de la facha. Voy a seguir unas semanas más porque estúpidos engreídos hay en todas partes y más en estos ámbitos. Al menos las otras son majas y el profe, competente. Pero creo que probaré con un nuevo proyecto. Darle vueltas a este más meses es un agobio.

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Domingo 17 de noviembre

Sigo dándole vueltas al manuscrito y mejorándolo. El desenlace es complejo. Creo que ya tengo bien trenzados los hilos de la trama que parten del primer acto, pero sigo perfeccionando los que van desde el segundo. Y el cierre no ha sido suficientemente revisado para mis estándares habituales de corrección.

Otro problema general de mi prosa es que tiendo a ser demasiado explicativa. Me temo que por deformación profesional. Vengo del género didáctico, he usado el narrativo durante décadas, sí, pero como argumento para un análisis posterior.

Nunca sé cómo evitar ese exceso. A veces me planteo si debería aceptarlo como una señal de identidad mía y dejar la búsqueda de la absoluta objetividad. Tal vez no sea lo mío el arte de la sutilidad y la sugerencia.

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Sábado 16 de noviembre

Son las siete. Ayer tuve un encontronazo con una compañera de narrativa. Le incomodaba el tema de mi novela, con lo que se declaraba carca como mínimo. Tuvo la osadía de decir que las novelas no tienen que contar hechos históricos. Ya. Los que a ella le escuecen, claro. Esta derechona militante es inculta y ataca con la osadía de la ignorancia. No le dije nada. De momento.

Preferí no perder los estribos. Ando todavía bastante alterada. La situación emocional de la familia es extrema. Y esta espera resulta agotadora. Pero es peor aún lo que estamos esperando.

Tuvimos que anular nuestro viaje a Venecia y los billetes de avión, ya pagados, no sé si nos los reembolsará el seguro que contraté al efecto. Llegó el acqua alta y lo nuestro puede parecer una mera disculpa. Ojalá fuera eso y no que los médicos auguran un desenlace inminente.

Porque así, piano piano, J lleva ingresado desde el día 5, ya doce días, en paliativos. Mañana le hacemos la segunda visita familiar, aunque JC se acerca también entre semana, el mi pobre, justo cuando sale del trabajo.

Tengo que revisar más elementos de mi novela. Empiezo a aburrirme. Ya me resulta excesivo. Creo que no le voy a dar muchas más vueltas. Sobre todo porque tengo opiniones contradictorias. Lo más sensato va a ser dársela a lectores cero. Que la vean en conjunto.

Aunque, espera, mejor todavía no. Mejor le doy en las narices a la facha esa un par de veces más. Jajajajaja. Y por cierto ya cuento 144 días ininterrumpidos de escritura aquí. Qué éxito.

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Viernes 15 de noviembre

Me voy a EdE en un rato, espero que compense el espantoso día de ayer, tan agobiante que a media tarde me dio una crisis de ansiedad.

Sigo con la sensación de que no alcanzo a todo y me entristece. No sé si dejar alguna de las actividades o cómo sacar más tiempo para todas. Quizás es que ya no me cunde como antes y debo asumir mi irrelevancia productiva.

Pero en fin, no quiero deprimirme. Me propongo disfrutar de cada cosa y de cada proceso. Si tiene que ser lentamente, que así sea.

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Jueves 14 de noviembre

El tiempo pasa muy deprisa. No pensé que tendría esta sensación de no dar abasto. Es cierto que me he apuntado a tres actividades y quizá eso sea excesivo, es cierto también que no me alcanzan las horas para coser, practicar Photoshop y mucho menos para hacerme youtuber. Estoy concentrando mis energías en terminar la novela y las dos mañanas que le dedico se me pasan volando. También la tarde del lunes, y alguna hora más de otras tardes o los fines de semana.

No quiero agobiarme así que he dejado en sordina todo lo que no puedo alcanzar con sosiego. Voy a costura y solo coso o hago patrones allí. Voy a Photoshop y solo abro el portátil cuando empieza la clase. No dedico demasiadas horas a lo doméstico, pero claro que algunas se lleva, compra, comida y limpieza.

En fin, voy un poco a remolque, pero no quiero renunciar a ninguna de los ámbitos que tengo abiertos. Si fuera necesario, más adelante ya veremos.

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Miércoles 13 de noviembre

Ayer fue un curioso día de emociones relacionadas con Rodrigo. La primera de ellas, un padre «huérfilo», con esa palabra que conozco por primera vez, un absoluto sinsentido etimológico y cuya sonoridad no me gusta nada. Tuve con él una conversación telefónica y tendré alguna más.

La segunda resultó un encuentro con A, compañera de trabajo de hace más de quince años y con la que, aun viviendo en el barrio, no me había vuelto a reunir. En todo este tiempo coincidimos solo una vez, en una consulta médica, creo. Me habló del libro, que leyó y quiere que le dedique.

La tercera, la respuesta sorprendente y muy emotiva de la fotógrafa italiana que dedicó una toma a Rodrigo en un proyecto solidario y fraternal que se dedicó a nuestras víctimas en aquel país por el décimo aniversario de los atentados. Yo le escribí entonces un mensaje de agradecimiento en Facebook. Lo descubrió ayer y se sintió muy emocionada por ello. Nos comunicamos un ratito.

Tuve una mañana muy productiva con la novela, también. Hoy asumo la costura como bálsamo reparador y de contraste. Me vendrá bien.