Publicado en reflexiones

Sábado 16 de noviembre

Son las siete. Ayer tuve un encontronazo con una compañera de narrativa. Le incomodaba el tema de mi novela, con lo que se declaraba carca como mínimo. Tuvo la osadía de decir que las novelas no tienen que contar hechos históricos. Ya. Los que a ella le escuecen, claro. Esta derechona militante es inculta y ataca con la osadía de la ignorancia. No le dije nada. De momento.

Preferí no perder los estribos. Ando todavía bastante alterada. La situación emocional de la familia es extrema. Y esta espera resulta agotadora. Pero es peor aún lo que estamos esperando.

Tuvimos que anular nuestro viaje a Venecia y los billetes de avión, ya pagados, no sé si nos los reembolsará el seguro que contraté al efecto. Llegó el acqua alta y lo nuestro puede parecer una mera disculpa. Ojalá fuera eso y no que los médicos auguran un desenlace inminente.

Porque así, piano piano, J lleva ingresado desde el día 5, ya doce días, en paliativos. Mañana le hacemos la segunda visita familiar, aunque JC se acerca también entre semana, el mi pobre, justo cuando sale del trabajo.

Tengo que revisar más elementos de mi novela. Empiezo a aburrirme. Ya me resulta excesivo. Creo que no le voy a dar muchas más vueltas. Sobre todo porque tengo opiniones contradictorias. Lo más sensato va a ser dársela a lectores cero. Que la vean en conjunto.

Aunque, espera, mejor todavía no. Mejor le doy en las narices a la facha esa un par de veces más. Jajajajaja. Y por cierto ya cuento 144 días ininterrumpidos de escritura aquí. Qué éxito.