Publicado en reflexiones

Lunes 18 de noviembre

Ayer volvió a ser duro visitar a J. Es muy impactante. Tanto que nada permite desconectar del todo después de esa visita. Ni charlar, ni ver juntos una serie, ni el intento fallido de un paseo que se volvió imposible por lluvia pertinaz.

Nuevamente lunes, me toca escribir. Tengo un texto concreto que revisar y rehacer, pero también muchas dudas sobre el manuscrito. No me gusta la propuesta de eliminar todos los diálogos de mi personaje protagonista. Si lo hago se queda sin fuerza su historia. Me argumentan que resulta raro en un diario. Y yo contesto que por qué no. Que es lo que precisamente hace que fluya la historia.

Tampoco quiero romper algunos pasajes importantes con una trama intermedia y anodina. Esa nueva sugerencia, de la petarda, por cierto, y luego refrendada, no me encaja en el plan de alternancia de las tres historias que cuento.

Con estos condicionantes, ver si se me ocurre qué llevar esta semana, porque ya no sé si me ayuda o me entorpece la opinión de mi grupo. Como lectoras no son gran ayuda. El profe apunta algún detalle de cacofonías, poca cosa la verdad, porque mi estilo ya está muy pulido. Más interesante es su opinión de escenas o inconsistencias de la trama. Pero me planteo que por el mismo precio de los dos meses que llevo podría haber pedido un informe de lectura profesional. Empiezo a pensar que necesito más que alguien lo lea todo junto, que la visión de conjunto será mucho mejor que la parcial.

Quiero el apoyo de un grupo de escritores, el empuje, la camaradería, ver a gente con mis mismos intereses. Pero no sé si la conseguiré con estas mujeres. Sobre todo después de la mala educación de la facha. Voy a seguir unas semanas más porque estúpidos engreídos hay en todas partes y más en estos ámbitos. Al menos las otras son majas y el profe, competente. Pero creo que probaré con un nuevo proyecto. Darle vueltas a este más meses es un agobio.