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Miércoles 4 de diciembre

El tiempo pasa deprisa. Me aturulla. Estoy cansada, supongo que me pesa el trimestre. No de trabajo, claro, pero sí de mucho ajetreo. Y de angustia emocional. Todavía estamos tocados por el duelo. Llevará su tiempo, no se le puede meter prisa a un proceso así. Y menos cuando sucede con nuestros tristes antecedentes.

Llueve. Me da pereza ir a costura. A la vez me encantaría poder terminar el abrigo. Y eso es incompatible. Tampoco tengo nada previsto para hoy, podría ser eso. Bueno, excepto mis tareas de narrativa. Ah, oye, y una webcam recientita con la que me apetece hacer pruebas.

Rectifico. Por supuesto que se me ocurren alternativas. Pero no me gusta dejar nada a medias. Debería seguir con el abrigo. Me doy una ducha y me lo llevo. Venga.

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Martes 3 de diciembre

Me había prometido dejar el manuscrito en reposo, pero no pude resistirlo y volví a revisarlo. Luego JC lo sacó a papel y ahí se ven mejor las cacofonías, vamos, un vuelta a empezar. Sin embargo, no me quejo de esta nueva andanada de trabajo, porque la última pulida me deja mejores sensaciones, más confianza en mi novela.

Es que no creer del todo en un texto propio es un mal trago. De ahí la incesante manía correctora. Quiero pasárselo a P lo más limpio posible. Y a no tardar mucho. Pero, sobre todo, necesito amarlo, defenderlo, considerarlo una buena obra. Y mi tendencia autocrítica es letal para eso.

Mi otra tarea creativa se quedó en suspenso. El abrigo de G está parado, esperando la clase de costura del miércoles. No sé hacer bien el cuello, ni idea de los bolsillos, y las vistas delanteras me traen frita. A ver si C me resuelve algo.

También me afecta la tercera actividad, el Photoshop. Me agobio pensando en los repasos que necesito. Para el jueves hay programada una práctica y con el mengano solo tenemos contemplación de su sapiencia. No es nada didáctico su sistema de estar explicando siempre. Llegará un momento en que me aburra y me marche.

Reflexiono y comprendo que se trata de una diferente actitud vital entre los alumnos. Yo quiero aprender para ir por mi cuenta, cuando los otros son más de llenar el tiempo con algo entretenido. No coincidimos.

Sigo pensando y me digo a mí misma que por qué esa prisa, que no tengo que mantener los ritmos frenéticos de la vida laboral. Ayer, cuando me acerqué al instituto, JL Herrera me comentó que le había costado entender que ya no tenía que ir a toda prisa. Creo que me pasa lo mismo.

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Lunes 2 de diciembre

Otra semana más, cómo pasa el tiempo. Tengo tarea de escritura y el abrigo de G a medias, pero hacia las once me acercaré por el instituto, porque hoy se compra la lotería. No es más que una disculpa, una oportunidad de saludar a los compañeros que puedan estar por allí. Yo siento que ya me tocó el gordo navideño con la jubilación, no me importa el dinero.

Aunque es un hecho que ir todavía me resulta bastante raro, ajeno y sorprendente. He perdido la rutina arropadora de las semanas anteriores y me cuesta volver a encarrilarme. También debo confesar que la visita me produce una cierta desazón, algo de reparo, una curiosa incomodidad, tal vez nostalgia lejana por lo perdido.

Suena el despertador, JC estaba tan profundamente dormido que me da penita este madrugón. Tecleo en la oscuridad. Me levantaré en breve. La aprensión me asalta por un momento. El miedo, el estrés postraumático todavía me anda rondando. Pero hay que seguir. Y sigo.

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Domingo 1 de diciembre

Tecleo en la oscuridad, con una contractura en el cuello, a dieta estricta, pensando en bajar al sótano a coser. Tengo encarrilado el abrigo de G después de algunos momentos de pánico en los que no sabía cómo seguir. Vendrá luego a probarse y eso me hace ilusión. Ojalá le guste. Hago todo lo que puedo, pero solo soy una costurera aficionadita.

En cuanto a lo anímico, la sensación de irrealidad todavía nos embarga. Y las próximas fiestas no serán de ayuda para hacer esa rutina que tanto nos cura. Dos semanas de cuatro días, comidas cenas y demases alteran siempre, no se puede llamar uno a engaño. En fin, sentimos el presente algo más sosegados que hace una semana. A eso vamos a aferrarnos. Ya contaré si funciona.

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Último día de noviembre

Son las siete y media, llevo ya noventa minutos despierta, escribiendo o echando un vistazo a las noticias.

Tenemos una compañera nueva en Narrativa, una mujer encantadora, ME. A cambio, la pequeño-burguesa desagradable no ha vuelto. Al parecer ni el viernes que falté yo, por J, ni ayer. Tampoco me importaría que fuera permanente, menuda impresentable.

El profe se quedó un tanto choqueado con mis relatos breves. Esperaba más novela, pero ya no me alcanzan las fuerzas para seguir revisándola a trozos. Quizás lo necesite, pero lo haré con alguien que la lea completa. El troceado no me renta. A ver lo que me dicen mis lectores cero, especialmente de los desenlaces.

La otra compañera también estaba flaqueando. Es que ya llevamos demasiados meses en lo mismo. Yo me propongo este mes de relatos, para organizar un libro con ellos. Y empezar una nueva propuesta en enero. Ahí es na.

Pero hoy lo que prima es coser, que G sigue yendo por ahí con el abrigo horroroso. A ver si termino yo uno más razonable.

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Viernes 29 de noviembre

Día raro, momento raro, escribo en la buhardilla, después de redactar un artículo para mi bitácora de escritora. No he leído las noticias, tengo la sensación de que pasaron meses desde mi última clase con el grupo de narrativa en EdE. Todavía debo desayunar y ponerme mis cremas. Y menos mal que no necesito peinarme mucho porque ayer fui a la pelu. Me agobia que debo irme en una hora. ¿Solo una hora? ¿No son suficientes 60 minutos? Procuro no estresarme, pero es que entre medias quiero ver algunos vídeos.

Creo que mi tendencia ansiosa es de carácter.

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Jueves 28 de noviembre

Ayer solo salí para hacer una compra, estuve desganada y tristona, aunque al final conseguí centrarme y corté las piezas del abrigo de Gonzalo. Y luego las hilvané para ver cómo quedaban. JC me hizo de modelo. Creo que irá bien. Solo me preocupa el forro de polar, que puede hacer demasiado bulto.

Me entra la pereza de ir a Photoshop. En el fondo lo que quiero es dedicarme a cada proyecto de forma continuada, sin tantas dilaciones. Vamos, coser sin parar hasta que el abrigo esté terminado. Ya veremos, si me pongo ahora, dos horas de costura sí me salen. Y luego me voy y me relajo cambiando de actividad, un buen plan para esta mañana. Más tarde, a la una, después de la clase, tengo peluquería, así que de salir no me libro.

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Miércoles 27 de noviembre

Ya casi se acaba el mes, sigo bastante alterada y necesito ir a la peluquería por corte y por color, pero hago pereza.

Ayer no salí de casa, hoy he de hacerlo para llenar el frigorífico. No iré a costura, mi ánimo está bajo mínimos y aquel ambiente me crispa. Sin embargo he recogido y ordenado el sótano y está todo preparado para un nuevo proyecto. Incluso tengo ya los patrones recortados, así que me lanzaré con ímpetu. Un abrigo sencillo para G.

Respecto a la novela, también la tuve en cuenta ayer, pues la leí de corrido. A ver si JC la saca en papel por la impresora vieja y así la lee él y luego me la pasa para hacer las correcciones físicamente. M, N, JA, H y E son mis lectores cero. Y ya veré si consigo un informe de lectura.

155, qué barbaridad.

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Martes 26 de noviembre

Son las siete menos cinco. Oigo cómo se cierra el portón del garaje. JC se va al trabajo. Tengo la mañana por delante y ya no hay texto que revisar. Me propongo recoger el sótano para coser mis nuevos proyectos, dos abrigos para G. También he de dedicarme a algunas domesticidades, pero de eso no hablo, solo son rutina.

Ayer fui de ruta telistica y no compré, qué desastre, entretela. Tengo aquí de variadas características. Creo que la más indicada debe ser la que adquirí con una tela Chanel y no he usado nunca. Tendré que buscarla.

Sigo alterada y triste. Procuro distraer la mente, pero la ansiedad se ha disparado de nuevo. Entre las sensaciones de estrés postraumático, irrealidad y miedo, fluye también la de ser un fraude como escritora y haber embarcado a amigos en una tarea tediosa y desagradable. No son buenos momentos.

Menos mal que anoche cenamos con G y B. Al menos un par de horas de distensión. Recogimos gafas nuevas, compramos otras deportivas y un chaquetón negro muy ponible. Fue un día consumista, de telas en la mañana y de variopinteces en la tarde. Pero muy agradable la finalidad y la compañía.

Ah, que no se me olvide, ya son 154 días escribiendo aquí sin parar.

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Lunes 25 de noviembre

Ayer fuimos los tres a recoger las cenizas de J y se las llevamos a Ela. Estarán en su habitación, ahora vacía y silenciosa, hasta que se puedan dejar en la sierra, en primavera. La urna es biodegradable.

Hoy empezamos la semana intentando volver a la normalidad. JC ha pedido el día para gestiones y por la tarde hemos quedado con los chicos para cenar y no sé si alguna otra cosa.

Anoche lo di por acabado y envié mi manuscrito a cinco amigos, cuatro mujeres y un hombre. Serán mis lectores cero. Ya terminado el primer borrador, me siento como una impostora que les hace leer una chufa sin valor alguno. Me da hasta vergüenza.

Me angustia haber dedicado tantos meses de trabajo a este texto mediocre y no puedo evitar el miedo de ser un fraude. Pero debo someterme al escrutinio de lectores externos. Otra cosa es que no se atrevan a hacerme críticas.

Leo que muchos escritores tienen estos mi mismos sentimientos encontrados. Menos mal. No soy la única. Aunque eso no significa que me parezca a ellos en la calidad literaria.

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Domingo 24 de noviembre

La percepción temporal se ha distorsionado y me parece que ha transcurrido más de una semana entre el jueves y hoy. Dos días completos acompañando a J primero y luego a la familia, con visitas y emociones contenidas. Me he despertado con angustia a las cuatro y media. Hoy volvemos al tanatorio, a buscar las cenizas, que llevaremos a casa de Ela. Y lo único que quiero ya es descansar, evadirme un poco, leer, escribir, hacer algo que me ayude a serenarme.

Los chicos están de vacaciones y no pueden irse a ningún sitio porque el tío de B está también hospitalizado. Cenaremos mañana con ellos.